lunes, 31 de julio de 2017

Arden las redes - Juan Soto Ivars




Arden las redes, Juan Soto Ivars, Debate, 2017, 286 págs., 18€.

El ensayo es un género difícil de escribir, ya que se debe mover entre la la seriedad en el acercamiento al tema tratado y la amenidad de su lectura. Me estoy refiriendo a esos ensayos de carácter divulgativo que no van dirigidos a un público especializado y minoritario, sino a un grupo mucho más amplio de lectores pero también menos proclives a aguantar un exceso de morosidad y teorización. Soto Ivars, acostumbrado a atraer la atención de los lectores con sus punzantes e irónicos artículos en El Confidencial, es muy consciente de ello y logra con Arden las redes ese difícil equilibrio entre la seriedad y la amenidad. Y es que son igual de frecuentes las referencias teóricas sobre el tema tratado y la explicación de casos concretos, las secciones más jugosas del libro.
El segundo y principal acierto del autor es la elección del tema sobre el que versa este ensayo. Tras el breve y llamativo título, el libro viene acompañado por un paratexto mucho más explicativo: “La poscensura y el  nuevo mundo virtual”. Soto Ivars ha sabido percibir la oportunidad de un ensayo sobre una situación tan novedosa como es la censura a través de las redes sociales y los linchamientos realizados por parte de ciudadanos anónimos ante situaciones que consideran intolerables. Lo reciente del fenómeno, que se ha desarrollado en el último lustro, es, simultáneamente, el punto flaco y el fuerte del libro. Estamos ante un libro con reflexiones carentes de la perspectiva que ofrece el tiempo, escritas de una manera casi inmediata, los últimos casos analizados datan de seis meses antes de la publicación del libro, y que tratan de ahondar en una situación muy reciente y que aún no ha terminado de mostrar todas sus vertientes.
Soto Ivars parece ser consciente de esa cercanía con el fenómeno analizado y completa su visión personal con una abundante bibliografía teórica, más de lo habitual en un ensayo divulgativo como este. Además, completa su análisis de esta poscensura que campa a sus anchas en las redes sociales con varios capítulos dedicados a repasar la censura tradicional, centrándose especialmente en España. Si bien esta sección del libro es tan sólo un amplio preámbulo a su parte central y más interesante, nos sirve para conocer algunas explicaciones de los linchamientos cibernéticos que se han producido en los últimos años. Entre ellos podemos destacar el miedo de las grandes empresas a la opinión desfavorable del público, la merma en la credibilidad del periodismo, la crisis de la figura del intelectual como generador de opinión y las dificultades para distinguir ficción de realidad de gran parte de la sociedad.
En la segunda sección del libro, Juan Soto Ivars analiza en profundidad la poscensura centrándose en varios de los casos más llamativos y significativos de linchamiento mediático que se han producido en España. Acierta aquí en elegir casos promovidos tanto desde la izquierda (a Nacho Vigalondo) como desde la derecha (a la revista Mongolia o a Guillermo Zapata); desde el feminismo más radical (a Jorge Cremades) o desde ámbitos taurinos y también antitaurinos. Todos estos grupos se mueven como un perfecto ejército de opinión en las escaramuzas de lo que el autor llama “guerra cultural”.
Soto Ivars pone  a la sociedad española ante ese espejo deformado que exagera sus defectos que son las redes sociales. 

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 17 de julio de 2017

La acústica de los iglús - Almudena Sánchez



La acústica de los iglús, Almudena Sánchez, Caballo de Troya, 2016, 155 págs., 14€.

Algunos lectores y críticos suelen mirar con cierto recelo los relatos escritos con una prosa poética. Estos puristas de los géneros creen que una narración debe ser seca y con los adjetivos imprescindibles y critican con saña cualquier intento del narrador de introducir elementos como símiles o metáforas. Personalmente creo que si algo ha demostrado el paso del tiempo es que la flexibilidad de los límites genéricos es cada día mayor. Por eso pienso que cuando leemos libros de relatos como este La acústica de los iglús, ópera prima de la mallorquina Almudena Sánchez, en el que en ocasiones la trama de las narraciones queda soterrada bajo un estilo de gran riqueza, debemos desprendernos de los prejuicios y disfrutar con un tipo de narración diferente a la más canónica.
Y es que, como acabo de adelantar, relatos como “Introducción al relámpago” son más una sucesión de imágenes y una configuración de la protagonista a través de sensaciones que una historia. Es cierto que se nos habla de la extraña relación de la narradora con un fotógrafo obsesionado con sus lágrimas, pero este cuento se estructura a base de esos flash que recuerdan la labor del cámara. Algo similar ocurre con “Compostura: la línea imaginaria”, donde el concierto al que asiste la protagonista se diluye entre el sueño y la realidad, o “El nadador del Hotel Minerva”, que tiene como fondo el divorcio de los padres de la narradora y como punto de fuga a un enigmático ciego que recorre la piscina del hotel.
También es cierto que el resto de relatos del conjunto poseen, aún manteniendo ese lirismo y esa querencia por las metáforas imaginativas, tramas más sólidas que cuentan historias donde abundan las adolescentes soñadoras. En “La señora Smaig”, encontramos al prototipo de protagonista de este tipo de narraciones: una chica que visita el zoo para olvidar el hospital donde está confinada por una larga enfermedad. Allí conoce a una extraña mujer extranjera con la que forman una peculiar pareja. “El frío a través de los engranajes” nos muestra una familia, que la sociedad biempensante definiría como “disfuncional”, formada por una madre, sus dos hijos y una desvencijada furgoneta en la que parecen huir de no se sabe qué.
Un tono bastante diferente al habitual, ya que se mueve entre lo satírico y lo hilarante, posee “Apuntes desde la bóveda celeste”, relato protagonizado por una brillante y joven filósofa que encuentra un trabajo como astronauta. También en el cielo, aunque en un espacio más cercano, se desarrolla “Eclipse”, que cuenta el viaje que por fin se han decidido a realizar una pareja de ancianos en un contexto futurista e insólito. El relato titulado “El arte incrustado” es quizás el más destacado del conjunto; se narra la extraña relación entre dos jóvenes pianistas separadas por esos años en el que el deseo sexual aflora. Se trata de un relato crudo, sórdido en ocasiones, pero narrado con la inocencia de la protagonista. Similar punto de partida, por tratar las relaciones entre dos mujeres, tiene “El triunfo humano”, aunque se desarrolla en un ámbito, entre adultas y en un crucero, muy distinto.
El otro de los cuentos del conjunto, “Cualquier cosa viva”, ya aparecía en la antología Bajo treinta, donde se pudo vislumbrar lo que este libro confirma: que Almudena Sánchez es una narradora con una voz propia e imaginativa. 

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 30 de junio de 2017

Fragmentos de un mundo acelerado - José Óscar López



Fragmentos de un mundo acelerado, José Óscar López, Balduque, 2017, 201 págs., 14€.

Ciento siete relatos. Ciento siete  inicios con sus respectivos finales. Ciento siete títulos que abren ciento siete mirillas por las que asomarnos al mundo. Ciento siete universos inabarcables de los que sólo conocemos un mínimo fragmento que explota cuando pasamos la página. José Óscar López nos ofrece en su último libro ciento siete microrrelatos que forman una obra de gran magnitud dentro de sus doscientas páginas.
Un número tan desorbitado de narraciones, aunque se muevan dentro de la extensión canónica del minicuento o lo superen ligeramente, hace muy difícil resumir en unas pocas líneas la esencia de un libro caracterizado, como anuncia el título, por su carácter fragmentario.  El autor ha querido compartir con nosotros su visión panóptica del universo no a través de un único y completo relato, sino mediante esta miríada de historias que forman el volumen. Crea así un libro en el que la unidad viene dada por el medio, el microrrelato, que utiliza para volcar sus obsesiones más variadas. Sabedor que un número tan alto de narraciones puede agobiar al lector, José Óscar López agrupa los ciento siete textos en diez secciones según algunos rasgos comunes que comparten, aunque nadie espere una homogeneidad de temáticas en un libro como este que toma la fragmentariedad por bandera.
La primera de ellas se titula Historia de las grandes ideas y nos ofrece algunos relatos cercanos a la ciencia ficción, con personajes de un futuro cercano pero bastante diferente al nuestro; destaca dentro de esta sección “La máquina”, narración de gran intriga con la que se abre el volumen. Del futuro saltamos al espacio en Principios de astronomía, compuesta por  una docena de microrrelatos entre los que sobresale  “Un superhombre”, reinterpretación de la historia de Supermán. En Una temporada en el infierno encontramos varios relatos sobre el tema de la muerte, como el desasosegante “Sala de espera” o el metaficcional “Digamos que un relato de terror”. Una intención similar posee “Novela negra en veinte líneas”, que se incluye dentro de los textos de temática literaria de Escuela de artistas.

La siguiente sección, Así me quedé sin conversación, es quizás la que contenga un mayor número de relatos destacados; con el sutil nexo de lo insólito uniéndolos a todos ellos, podemos citar aquellos que ponen en juego situaciones relacionadas con las redes sociales: “La frase” y “No, no era divertido en absoluto”. Las parejas son las protagonistas de la sección La construcción diaria del amor, con variantes metaliterarias como “En su casa”, mientras que dentro del Catálogo de patologías del siguiente apartado sobresale “La transformación”, con un tema tan tradicional en la minificción como es el del sueño. Otro de ellos sería la duda sobre la identidad propia, presente en “Desconocidos me saludan”, microrrelato incluido en la sección Los reyes cansados, una de las más heterogéneas del volumen. Más concreción tiene Aventuras sin fin, donde la sorpresa de lo inesperado se cuela en la cotidianeidad; un buen ejemplo de ello sería “Historia de un entrecot”, narración de un desayuno a  base de un filete que el protagonista se ve obligado a consumir. El tema de la muerte vuelve a aparecer en la última sección, La muerte no es el fin, donde la fina barrera que puede existir entre la somnolencia y el más allá protagoniza “Soñar con un cadáver”.

domingo, 11 de junio de 2017

Terroristas modernos - Cristina Morales




Terroristas modernos, Cristina Morales, Candaya, 2017, 400 págs., 20€.

Culmina Terroristas modernos, la última novela de la narradora granadina Cristina Morales, con una escena que resume perfectamente tanto el estilo como el argumento de la obra. Se trata de una fiesta clandestina celebrada en un teatro clausurado y en donde se mezclan, sin orden ni concierto, actuaciones variopintas y público perteneciente a distintas clases sociales pero igual de bullicioso. Esa feliz despreocupación que reina en el baile queda perfectamente reflejada en la manera de narrar, mezclando en la misma frase voces de distintos personajes, fragmentos de conversaciones e incluso idiomas, que Morales emplea durante todo el libro pero que llega a su culmen en este significativo episodio.
Terroristas modernos es, ante todo, una novela histórica, y tiene en la actualización que hace de este género la autora, una de las más interesantes de la generación de narradores nacidos en los años ochenta, uno de sus puntos fuertes. El libro es heredero de los mejores ejemplos de este tipo de narraciones que desarrollan su argumento en épocas pretéritas, aunque logra evitar los errores más habituales de este subgénero. En primer lugar, porque el libro huye de la superficialidad, por no decir banalidad, que muchas novelas históricas poseen y ofrece una trama interesante y enjundiosa. En segundo lugar, porque elige una época de gran interés y en la que se sucedieron tantos hechos relevantes para el devenir de la Historia de España como fue el comienzo del siglo XIX.
Pero el libro es una novela histórica de primer nivel gracias, sobre todo, a la creación de sus personajes. Por supuesto, en Terroristas modernos encontramos la variada y pintoresca fauna que pululaba por el Madrid de 1816, manolas, chulos, beatas, monjas, poetastros, chupatintas, petimetres, guerrilleros o afrancesados, pero Morales no se queda en el retrato costumbristas y da a sus creaciones un barniz moderno sin perder nunca la verosimilitud. Sólo en un par de ocasiones ofrece la narradora un guiño a sus lectores colando nombres de escritores actuales por autores decimonónicos o haciendo que en el baile se canten letras de Siniestro Total.
De entre la gran cantidad de personajes principales que tiene la novela, se agradece el listado de nombres que incluye el texto y que ayuda a no confundirlos, destaca el triángulo amoroso que forma  Catalina Castillejos con Vicente Plaza y Diego Lasso, dos ex militares y ahora conspiradores de personalidades muy distintas. Ella, una terrateniente andaluza de armas tomar, es la auténtica protagonista del libro, ya que la acompañamos desde que es abandonada en Madrid hasta que vuelve a su tierra. Se trata de una mujer resolutiva, independiente y curiosa que se debate entre las lisonjas del teniente Lasso y los desplantes de Plaza.
Este trío protagonista y otros personajes de casi igual importancia en la trama, como el espía Richart, el literato Torres, el guerrillero Vargas o la sastra Petra Montes, participan, de una forma u otra, en una conspiración que pretende lograr que el rey Fernando VII firme la constitución. El desarrollo de los hechos, que culminan aunque no finalizan, con ese desparrame que es el baile en el teatro, nos muestran comportamientos tan emparentados con los avatares políticos de España como son la improvisación, a veces chapuza, la desconfianza y el egoísmo. Nos mostrarán también la fina barrera que existe en considerar a un terrorista como libertador ya que la Historia la escriben siempre los vencedores. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


domingo, 4 de junio de 2017

Saturno - Eduardo Halfon




Saturno, Eduardo Halfon, Jekyll & Jill, 2017, 68 págs., 14€.

         Posee el dios Saturno una imagen muy negativa en nuestra cultura. Goya lo representó como un ser demoniaco que devoraba el cuerpo mutilado y sanguinolento de uno de sus hijos. Si bien es cierto que la mitología clásica ofrece una explicación bastante lógica de este atroz comportamiento, estaba obligado a hacerlo según el pacto que había contraído con su hermano Titán y que le permitía reinar, Saturno se ha convertido en el símbolo del mal padre. Esta identificación es la que provoca que el escritor guatemalteco Eduardo Halfon titule Saturno el cruento ajuste de cuentas con su progenitor que es este libro.
         Esta breve obra, que se mueve entre lo confesional y lo autobiográfico, formaba parte del primer volumen publicado por Halfon y que leemos ahora en una cuidada reedición de Jekyll & Jill catorce años después. En Saturno podemos encontrar algunos de los temas más importantes de sus últimos libros, Signor Hoffmann y Monasterio, como son las referencias literarias y la identidad judía. Sin embargo, estos y otros asuntos se supeditan al objetivo principal de la obra: describir la relación del autor con su padre.
         Halfon escribe una obra dura por su crudeza en la exposición de los sentimientos propios y por tratar sin tapujos el odio que siente hacia su padre. Estamos ante una especie de carta al padre, tema de ecos kafkianos, que se configura como un ajuste de cuentas con su progenitor necesario para purgar un dolor enraizado en el mismo origen de su personalidad. El narrador recuerda con amargura la dureza del padre, su carencia de empatía y el desprecio hacia su vocación literaria. Aparece como un tiránico empresario de éxito que se avergüenza del oficio de su primogénito y que no duda en inventarle, delante de sus amigos y socios, un perfil más acorde a sus intereses.
            Frente a este desprecio que el protagonista, trasunto directo del autor, ha sufrido por parte de su padre a lo largo de toda su vida y en todos los aspectos de su relación, él se refugia en la Literatura. Se convierte ésta no sólo en una pasión, sino en un reino propio cuya frontera el padre jamás querrá traspasar. Por ello, el mundo de las letras tiene tanta importancia en el desarrollo personal del protagonista, mayor si cabe que el de otros autores con más comprensión por su vocación en su familia, y protagoniza la otra mitad del libro.
            Y es que junto a ese ajuste de cuentas con el padre que vertebra el libro, Saturno también es una especie de catálogo de autores suicidas. Ante el lector desfilan las historias de escritores más o menos conocidos que optaron por acabar con su vida. Halfon explica las razones que los llevaron a este fin y los diferentes medios que emplearon literatos como Cesare Pavese, Virgina Woolf, Ernest Hemingway o Yukio Mishima. Las razones de que Halfon elija este delicado tema para completar su libro son, creo, varias. Por un lado estos aciagos finales de los escritores se pueden relacionar con la tristeza que destila el narrador por la dura relación con su padre. Por supuesto, también existe una identificación con el destino de los escritores, gremio que el autor siente como el suyo. Y el último vínculo entre ambos temas, el más concreto, es que muchos de estos suicidas tuvieran una difícil relación con sus propios padres. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


miércoles, 17 de mayo de 2017

Trazos en falso - Javier Tortosa


Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 25 de abril de 2017

Cuentos suspensivos - Antonio Parra Sanz



Cuentos suspensivos, Antonio Parra Sanz, La Fea Burguesía, 2017, 156 págs, 10€.

Ofrece la narrativa muchas variantes para que el autor cuente al lector esa historia que quiere relatar. Puede optar por el impacto del microrrelato, pergeñando un mundo de ficción en apenas unas líneas;  también cabe la posibilidad del cuento, con su mezcla de desarrollo y concisión; la novela corta es el siguiente paso que pone a disposición de los autores antes de la novela, el género narrativo por excelencia en nuestra época. Sin llegar a estas extensiones, los relatos deCuentos suspensivos de Antonio Parra Sanz se configuran como un muestrario de las distintas variantes que tiene la narrativa entre el microrrelato y el cuento, ya que podemos dividir los textos que en él aparecen en tres grupos según su extensión.
En primer lugar tendríamos las narraciones que, por longitud y características, podemos encuadrar dentro del cuento canónico. Se trata de historias en las que dentro de la cotidianeidad se introduce algún elemento perturbador, normalmente relacionado con la muerte o con el desamor. Destaca en primer lugar, dentro de este grupo de textos más extensos del volumen, “La tormenta”, que cuenta la estancia de un personaje en Lebozán, un siniestro pueblo gallego al que acude para reclamar una herencia. Tras sentirse extrañamente atraído por el lugar, acaba descubriendo una macabra costumbre arraigada en el villorrio que le afectará directamente. Destaca “La tormenta” por su humor negro y por los peculiares personajes que deambulan por Lebozán.
Otro de los cuentos mejor construidos del volumen es “El sueño de Tántalo”, protagonizado por el triángulo amoroso formado por Arturo, un curtido ex boxeador que trabaja de portero en un burdel, Karenina, una bella y fría prostituta, y Torres Vélez, turbio concejal del ayuntamiento local. Los tres se desenvuelven en un entorno marcado por la corrupción, la violencia y los intereses económicos. Diferente al resto de relatos es “Ite missa est”, que abandona el clásico narrador omnisciente para contar una historia de corrupción política y venganza a través de la perspectiva fragmentaria de varios personajes que acuden a una misa. En el resto de cuentos largos del libro encontramos asesinatos de naturaleza muy macabra, “Delicatessen”, protagonizados por persistentes insectos, “Inevitables golosas”, o con un giro final sorprendente, “Ícaro”.
Un segundo grupo de textos estaría  formado por cuentos breves, algo más extensos que lo habitual en el microrrelato. Se trata de narraciones en las que lograr el efecto deseado en el lector es más complicado ya que es difícil conjugar trama con omisión en un espacio tan reducido; además, suelen aparecer algunas referencias que el receptor puede no terminar de captar. De entre todos estos relatos breves sobresale uno que sí logra desarrollar en un par de páginas una historia que satisface al lector: “El Chancho”. Quizás la eficacia de esta narración radique en que aparece un estereotipo bien conocido por muchos lectores: el del dictador latinoamericano.
La última sección de Cuentos suspensivos lleva por título “Minificciones” e incluye doce microrrelatos que entran, esta vez sí, dentro del canon del género. Se trata de una manera muy eficaz de terminar el volumen, ofreciendo una variante narrativa que contrasta con los cuentos largos. En estos microrrelatos, Parra Sanz demuestra su oficio como narrador mediante textos concisos pero llamativos y que suelen esconder un giro sorprendente al final relacionado con un asesinato o una infidelidad.  

Reseña publicada en El Noroeste.


martes, 28 de marzo de 2017

Annobón - Luis Leante



Annobón, Luis Leante, Harper Collins, 2017, 301 págs, 18€.

En los veinte años que transcurrieron entre 1920 y 1940, los españoles vivieron dos dictaduras, una República, el ocaso de un reinado y una Guerra Civil. Fueron, como vemos, dos de las décadas más convulsas de la Historia de España y, como tales, han protagonizado numerosos ensayos sobre las razones que provocaron aquellos cambios en el país. Sin embargo, los libros de los historiadores no prestan atención a las pequeñas historias cotidianas de los ciudadanos de a pie que vivieron estos turbulentos años. Es ahí donde entran novelistas como Luis Leante, que con Annobón nos narra dos de estas historias individuales que fueron teselas del gran mosaico que supusieron estas dos décadas en la Historia de España.
El libro se centra en la investigación de un periodista, primero, y de un novelista amigo suyo, después, que, tras una serie de coincidencias, conocen la historia de dos hombres cuyas vidas se cruzaron en varias ocasiones: Alfonso Pedraza y Restituto Castilla. Pedraza se nos describe como un abogado leonés al que la Guerra Civil impide alcanzar el sueño que había rozado con la punta de los dedos: convertirse en juez. Por su parte, Castilla es un Guardia Civil  que se convierte en delegado del gobierno en la pequeña isla guineana de Annobón y que asesina al Gobernador de la colonia. Justo después de la Guerra Civil, la vida de ambos, que ya había corrido paralela, converge definitivamente cuando Castilla es uno de los condenados a muerte que el abogado Pedraza tiene que defender. Las coincidencias en su carácter, ambos se consideran hombres de honor, les unirán; pero circunstancias ajenas, como el propio juicio o la injerencia de la hermosa esposa de Castilla y del autoritario suegro de Pedraza, enturbiarán su relación.
Estos dos caracteres, los de los dos protagonistas, se encuentran entre lo más destacado del libro. Restituto Castilla es un personaje histórico interesantísimo y Leante ha sido sagaz a la hora de rescatarlo del olvido y convertirlo en el eje de su libro. Se trata de un hombre obsesionado por la igualdad y por la honradez que no siempre es bien entendido por sus conciudadanos, que le achacan su excesivo idealismo. Castilla encuentra en la remota isla de Annobón, adonde lo destinan en lo que parece un destierro, el lugar ideal para plasmar sus ideas utópicas. Se convierte allí en una especie de déspota ilustrado, intentando mejorar las condiciones de vida de los indígenas, que no terminan de entender a este idealista venido de tan lejos. Además, choca con los poderes fácticos del minúsculo lugar: los misioneros que lo enemistan con el gobernador al que Castilla asesinará.
El otro protagonista, Alfonso Pedraza, es también un idealista, aunque más intelectual y menos excéntrico que Castilla, que se topará con la infamia que rige los juicios a los vencidos en la Guerra Civil y en los que él ejerce de abogado defensor. Se sentirá atraído por los sólidos ideales de Restituto Castilla que acabarán arrastrándole, junto a su difícil situación familiar, a la derrota total.
Las peripecias de ambos hombres en una época marcada por los turbulentos cambios políticos, serán narrados desde el punto de vista de sus respectivas hijas, lo que confiere al relato una polifonía que nos muestra que la Historia no tiene nunca un único relato. 

Reseña publicada en El Noroeste.



lunes, 13 de marzo de 2017

La uruguaya - Pedro Mairal



La uruguaya, Pedro Mairal, Libros del Asteroide, 2017, 140 págs., 15€.

Creo que valoramos poco el hecho de que el español sea un idioma global hablado por varios cientos de millones de personas en Europa y en América. Que un lector de España pueda disfrutar con una novela como La uruguaya y conocer, a través de ella, las peculiaridades lingüísticas que su idioma adquiere a miles de kilómetros de donde nació es un tesoro. Porque la lectura de esta novela de Pedro Mairal nos trasporta al Río de la Plata, a la manera de vivir que tienen sus gentes, a través de un lenguaje fresco y de una viveza no siempre bien reflejada en la Literatura.
Porque uno de los valores de La uruguaya es la eficacia con la que Mairal refleja el español de Buenos Aires y Montevideo. Este recurso se convierte en estructural en un libro que describe dos urbes separadas por  sólo unos kilómetros de agua, pero que acrisolan la esencia de cada uno de los países de los que son capitales. Además, el escritor argentino otorga a los diálogos de sus personajes una gran autenticidad mediante el uso de un registro coloquial muy bien empleado. El narrador, protagonista a su vez de la novela, también tiene una manera muy particular de relatar lo que le ocurre, donde es habitual el uso de las enumeraciones y del humor hasta para las situaciones más serias.
Esta brillantez en el empleo del castellano porteño y montevideano, apenas discernibles por el oído español poco habituado, tiene una relación directa con la trama del libro. En La uruguaya, un escritor argentino, Pereyra, cuenta un día de septiembre que dinamitó su vida tal y como la conocía hasta ese momento. Con frecuentes flashbacks y saltos hacia el futuro, narra la historia unos meses después de lo sucedido, vamos conociendo un viaje relámpago a Montevideo que tiene una doble finalidad: encontrarse con Guerra, su amante uruguaya, y cobrar en dólares el jugoso adelanto por dos libros que aún ha de escribir y que le ayudará a mejorar su precaria economía. En Buenos Aires deja a su mujer y a su hijo y se embarca en lo que acaba siendo una pequeña aventura en la capital uruguaya.
El triángulo compuesto por su esposa, de la que sospecha una infidelidad, Guerra, una veinteañera a la que apenas ha visto un par de veces y con quien tiene una relación más virtual que real, y por Pereyra, aquejado de la crisis de los cuarenta, forma el corazón de la novela. Al igual que el dinero que espera cobrar en un banco de Montevideo, su amante uruguaya simboliza una forma de escapar de la madurez y de un matrimonio desgastado por el paso de los años. Sin embargo, Pereyra se irá dando cuenta de que realmente conoce poco a Guerra e incluso a su mujer, que también acabará sorprendiéndole.
Con estos mimbres, crea Mairal una novela ágil, divertida y que se lee con rapidez y gusto. Describe con ironía y acierto las miserias del mundillo literario que obliga a escritores como el protagonista a hacer equilibrios para poder llegar a fin de mes. Además, el libro se convierte en la cartografía personal de dos ciudades, Buenos Aires y Montevideo, que representan las dos caras de la vida de Pereyra. 

Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 28 de febrero de 2017

Dos mil noventa y seis - Ginés Sánchez



lunes, 13 de febrero de 2017

Años felices - Gonzalo Torné


Años felices, Gonzalo Torné, Anagrama, 2017,360 págs., 20€.


Transita Gonzalo Torné en Años felices por caminos poco trillados entre sus contemporáneos. Los narradores españoles nacidos, como él, en los setenta, se ocupan mayoritariamente de personajes cercanos y contextos actuales, abandonando muy poco esos lugares conocidos por el miedo, quizás, a adentrarse en terrenos poco seguros. Por ello, lo primero que debemos agradecer a Torné es que abra la ventana de la narrativa de su generación con una historia que recuerda otras épocas y distintas latitudes. Porque, desde el principio de la novela, llama la atención que tanto por cómo está escrita como por la ubicación de la misma, Nueva York, Años felices remita más a referentes estadounidenses, El gran Gatsby de Fitzgerald sería uno de ellos, que españoles.
La obra relata la vida de cinco amigos que se encuentran en el Nueva York de mitad del siglo XX y cuya relación sufre distintos vaivenes. Se trata de cinco personajes muy distintos y atractivos que ocupan alternativamente el protagonismo del libro y a los que conocemos de manera profunda mediante el uso del estilo indirecto libre. Las chicas del grupo son Claire y Jean, dos hermanas de clase media, bellas e inteligentes pero con caracteres muy distintos. Mientras que el perfil de Jean es el menos definido de los cinco protagonistas, desaparece durante gran parte del libro, Claire es una chica decidida y chispeante que va a influir decisivamente en las vidas de los tres personajes masculinos centrales. Estos son Kevin, un chico judío obsesionado por mejorar socialmente y que se siente despreciado por el resto del grupo; Alfred, un catalán que llega a Nueva York para triunfar como poeta y huir del colaboracionismo de su hermano con el Franquismo, y Harry Osborn, el diletante heredero de una distinguida familia neoyorquina.
La primera parte del libro narra esos “años felices” a los que alude el título y nos muestran a los cinco protagonistas disfrutando de su juventud. En un ambiente relajado y refinado, los chicos se divierten en la mansión de los Osborn en Manhattan, en los bares de la ciudad o en las excursiones al campo que realizan. Beben vino helado, realizan comentarios sarcásticos y fantasean con triunfar como poetas mientras disfrutan de la juventud. Sin embargo, esta belle époque acabará (¿y cuál no?) y el grupo comenzará a distanciarse debido a los matrimonios, la ambición, las envidias, los celos y las enormes diferencias sociales que les impiden seguir manteniendo esa amistad de la primera juventud.
Con un estilo a menudo suntuoso, lleno de símiles y adjetivos, aunque nunca recargado, Torné nos narra la historia de sus cinco protagonistas con una mirada que podríamos calificar de oblicua. A menudo el relato está contado desde el punto de vista de los personajes, de tal manera que con frecuencia olvidamos que estamos ante un narrador interno; éste suele desaparecer y su voz, dirigida a un receptor que cuenta uno de los capítulos, apenas nos permite conocer que ambos son descendientes de los protagonistas que quieren reconstruir la historia del grupo. Además, la novela se suele centrar en episodios en apariencia anecdóticos o que se aluden antes de ser explicados, como el recurrente suceso de las luciérnagas.
Todo ello configura Años felices como un agudo retrato de la evolución de las relaciones humanas que se forjan durante la juventud.  

Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 31 de enero de 2017

Tuyo es el mañana - Pablo Martín Sánchez


Tuyo es el mañana, Pablo Martín Sánchez, Acantilado, 2016, 218 págs., 18€.

La Transición ha sido quizás, tras la Guerra Civil, la etapa de la Historia de España más tratada por los novelistas del país. Se trata de algo normal si se tiene en cuenta que fueron años en los que se produjeron grandes cambios políticos y sociales en muy poco tiempo. Pablo Martín Sánchez ofrece una nueva y fresca perspectiva de esta etapa tan llena de tópicos y generadora de dogmas que aún soportamos; lo hace desde la visión de un autor que nació en ella, de hecho, tomando como punto de partida de su novela el nacimiento de un niño el mismo día que lo hizo él: el 18 de marzo de 1977.
En torno a la paternidad de este bebé, que acabará llamándose Pablo como el autor, se desarrolla una trama en la que participarán, de una forma u otra, los seis protagonistas de la novela. Estos personajes, cuyo peso en la obra y labor como narradores son parejos, están, a su vez, ordenados por parejas. Por un lado, tenemos a una sagaz y valiente niña y a un veterano galgo de carreras; por otro, a un empresario perteneciente a la burguesía barcelonesa y a su difunta madre, que comenta la acción desde un cuadro en la pared; y, por último, a una joven estudiante de periodismo y a su amante: un profesor muy comprometido políticamente.
Si no fueran suficientes estos seis narradores, siete si contamos la segunda persona mediante la cual conocemos las primeras horas del bebé, la estructura temporal es también compleja. La acción transcurre de manera cronológica y abarca completas las veinticuatro horas de ese 18 de marzo del año 77; además, cada personaje se va sucediendo en la labor de narrador interno, relatando lo ocurrido en presente. Si bien esta complejidad estructural lastra en algunos momentos la novela, se detiene demasiado en la madrugada, el autor logra que la acción avance con fluidez a pesar de la multiplicación de narradores y de la peculiaridad del tiempo del relato.
Esta complejidad que posee Tuyo es el mañana se observa también en el retrato del momento histórico: son muchos y diversos los temas que se tratan. Desde las manifestaciones estudiantiles, hasta el acoso escolar, pasando por la apertura en materia sexual y la adaptación de la burguesía a la incipiente democracia. 1977 fue un año de muchos cambios en España y los personajes de la novela ven sus vidas sacudidas por algunos de ellos. Si bien el retrato de la Transición no es el objetivo primordial del autor, es un telón de fondo importante que ocupa un segundo plano frente a la historia principal, este mosaico de personajes y ambientes distintos que es el libro es bastante eficaz a la hora de conocer la España, y también parcialmente Italia, de la época.
Esta complejidad, en la composición que no en la lectura, que es la marca de la novela como estamos comprobando, se observa también en el cuidado por el lenguaje. El autor elige con esmero el léxico utilizado por cada personaje, que responde a su edad, clase social y a la época en la que viven. Este es un detalle más de la habilidad, casi de orfebre, que ha demostrado Pablo Martín Sánchez al escribir esta interesante novela ambientada en la Barcelona de la Transición.
Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 16 de enero de 2017

La trayectoria de los aviones en el aire - Constanza Ternicier


La trayectoria de los aviones en el aire, Constanza Ternicier, Comba, 2016, 206 págs, 15€.

La escena elegida por un autor para ser ubicada al comienzo de una novela es una de las decisiones más importantes que ha de tomar a la hora de escribirla. El inicio de todo relato, más aún si estamos ante un cuento o un microrrelato, marca el paso del resto y debe enganchar al lector o, al menos, intrigar a ese tipo de receptor perezoso que abandona los libros que no lo atrapan en unas pocas páginas. Por eso, el primer acierto de Constanza Ternicier en La trayectoria de los aviones en el aire, la segunda novela de esta narradora chilena, es el inicio; las primeras líneas del libro nos describen el despertar de Amaya, la protagonista, del coma.
Este episodio impactante es, como parece obvio, axial en la historia narrada, ya que va a dividir en dos la vida de la joven chilena que es el personaje principal de la novela. Lo sucedido en los días inmediatamente posteriores se irá narrando de manera cronológica y detallada en el libro, mientras que su vida previa y, especialmente, el brote psicótico que la llevó al hospital, aparecerán de manera fragmentaria y desordenada. Amaya, y con ella el lector, irán descubriendo poco a poco que se encuentra en un hospital de Londres, ciudad a la que había ido de visita desde Barcelona, donde residía, y que está acompañada por sus padres, que cuidarán de ella antes de poder volver a Chile.
La lenta recuperación de Amaya provocará una regresión en la familia, que hará que sus padres, divorciados desde hace años, vuelvan a estar juntos y que ella sea de nuevo una niña desvalida que necesita el apoyo de sus progenitores para salir adelante. Además de estos tres personajes presentes en la clínica londinense, el otro actante fundamental en la historia es Aleix, el compañero de piso de la chica en Barcelona, con quien mantenía una relación ambigua, entre la amistad y el amor, afectada por las enfermedades de ambos (él sufre terribles migrañas) y la distancia.  
El relato, que avanza con la lentitud propia de las rehabilitaciones de los enfermos graves, se ubica en casi su totalidad en el hospital inglés de Charing Cross. Desde la mirada irónica de Amaya, se nos descubre un microcosmos muy particular habitado por diligentes médicos, enfermeras solícitas y un cariñoso cocinero oriental que no deja de traerle galletas y té. Este entorno acogedor y lleno, según la a veces alucinada imaginación de Amaya, de personas de ojos azules, contrasta con las clínicas chilenas y, por extensión, todo el país natal, descrito casi siempre desde una perspectiva negativa.
También destaca La trayectoria de los aviones en el aire por la variedad discursiva que encontramos en sus páginas y que ofrece una perspectiva múltiple de la historia de Amaya. Por un lado tenemos al narrador principal, que alterna capítulos en segunda persona, más cercanos a la protagonista, con otros en la habitual tercera persona. Por otro, encontramos fragmentos del diario que lleva el padre de Amaya mientras su hija está internada y que ella le roba en un descuido. Además, las canciones que va escuchando la protagonista, al menos una por cada capítulo, adquieren importancia en la historia.
Con todo ello construye Ternicier una novela interesante y profunda que retrata algunas de las obsesiones de su generación (la emancipación, el amor, la relación con su país) a partir de una experiencia traumática. 
Reseña publicada en El Noroeste: