domingo, 1 de octubre de 2017

Los días de la peste - Edmundo Paz Soldán


Los días de la peste, Edmundo Paz Soldán, Malpaso, 2017, 325 págs., 20€.

Rigo, uno de los muchos personajes de esta novela coral que es Los días de la peste, es fiel a una extraña religión que exige respeto por la vida de todos los seres vivos, por minúsculos que sean. Rigo utiliza el plural para referirse a sí mismo, ya que su piel, su voz y también los microbios que habitan su cuerpo son parte de esa colectividad que es él. Algo similar ocurre con la Casona, la cárcel donde se ubica la última y excelente novela del boliviano Edmundo Paz Soldán, a la que muchos consideran un único ser integrado por todas las personas y animales que habitan en ella.
Los días de la peste narra como esta prisión, abarrotada, caótica y con un funcionamiento interno bastante peculiar, vive una extraña y mortífera plaga que acaba con la vida de una mujer que vive allí y que con rapidez se extiende por todo el penal. Esta crítica situación sanitaria pone de manifiesto todos los defectos de la Casona: la carencia de higiene, la mala alimentación, la violencia, la corrupción de los guardias, el abuso a los menores que viven allí con sus familiares presos, etc. La crudeza con la que Paz Soldán describe los efectos de la enfermedad (vómitos, diarreas, hemorragias), no impresiona tanto como la terrible situación que soportan la mayoría de los presos. La cárcel, que acaba sumida en el más absoluto descontrol por lo inestable de su equilibrio, posee una clara estratificación social. Así, mientras que algunos presos del primer patio poseen, gracias a que pueden pagar sobornos, lujosos apartamentos, los del tercer patio viven hacinados y los del cuarto son sometidos a torturas. Todo en la Casona se mueve en función del dinero que se posea.
A través de una narración polifónica a veces compleja, en ocasiones se hace difícil seguir el decurso temporal de los hechos, el lector va conociendo a todos los personajes que pululan por la casona. Mediante la primera o la segunda persona y con fragmentos breves que no suelen superar las dos páginas de extensión, se pone el foco sucesivamente en los mandatarios que manejan la prisión para sus fines políticos, los guardias que hacen del chantaje un complemento a su sueldo, en los presos que tienen que sobrevivir de las más diferentes formas y en los familiares, especialmente mujeres y niños, que acaban siendo los más vulnerables en la prisión.
La Casona está ubicada en la región de Los Confines, de un país que podría ser cualquiera de Latinoamérica. Ya con el propio nombre Paz Soldán comienza la definición de un lugar alejado del resto del país al que pertenece y que se siente abandonado por los políticos de la capital. Se entregan, además, a un culto a una especie de Virgen, a la que han bautizado como la Innombrable, representada con un machete entre los dientes. En este contexto en el que la brujería se mezcla con la religión, la Casona no es una excepción, sino el lugar donde la corrupción y la superstición que marcan a Los Confines acaba por explotar.
Consigue Edmundo Paz Soldán con Los días de la peste crear una obra compleja por su protagonismo colectivo e incómoda por su crudeza, pero de una lectura absorbente. 


jueves, 7 de septiembre de 2017

Duelo - Eduardo Halfon



Duelo, Eduardo Halfon, Libros del Asteroide, 2017, 106 págs., 14€.

Nadie puede poner en duda que las circunstancias familiares en las que una persona se ha criado influyen decisivamente en su personalidad y en su manera de ver el mundo. Todos somos una suma de factores en la que nuestra nacionalidad, nuestra clase social o nuestra educación tienen mucho peso en la configuración de nuestra personalidad. Sin embargo, en la infancia, época decisiva en la forja de nuestra individualidad, el universo familiar posee una influencia decisiva en nuestra manera de aprender a relacionarnos con el mundo.
Muchos escritores han sido conscientes de ello y han dedicado novelas o poemarios a las peculiaridades de sus familias. El caso de Eduardo Halfon es diferente: el narrador guatemalteco es autor no de un volumen, sino de una serie de obras sobre su entorno familiar, formada ya por varios volúmenes a los que ahora se suma este Duelo. Se trata de un proyecto aún abierto y en el que Halfon lleva trabajando durante años ofreciendo a los lectores obras tan interesantes como Monasterio (2014) o Signor Hoffman(2015). Además de para afrontar esos problemas de identidad tan habituales en los autores contemporáneos, Halfon retrata a una familia que ha sufrido múltiples avatares. Hijo de una pareja judía afincada en Guatemala, el autor pertenece a una estirpe que, durante el último siglo, se ha ramificado por Siria, Líbano, México, Estados Unidos, Perú, Polonia o Israel y que sufrió el Holocausto nazi.
Duelo parte de un recuerdo infantil, o, para ser más precisos, la reconstrucción de un secreto familiar a partir de lo que el narrador, de niño, escuchó a sus padres. Se trata de la muerte del tío Salomón, el hermano mayor del padre, que, según cree recordar el narrador, se ahogó siendo un niño en el lago guatemalteco donde la familia poseía una vivienda. El autor, trasunto de Halfon en un juego de autoficción habitual en esta serie de libros, comienza a reconstruir la historia de Salomón a partir de sus propios recuerdos. Esta búsqueda tiene como punto de partida la única fotografía que del niño fallecido posee la familia y en la que se le ve sobre la nieve.
Comienzan entonces a sucederse los lugares y los tiempos que, como si de un puzle se tratase, acaban formando la historia de Salomón y, por extensión, de la familia del autor. Así, Halfon recuerda episodios sucedidos en su infancia en Guatemala, en Estados Unidos, donde pasó su adolescencia, y en Alemania, allí acude al campo de concentración donde su abuelo estuvo encerrado. Afloran rencillas familiares, peleas entre hermanos, dudas sobre lo acontecido y recuerdos más positivos en una indagación sobre las raíces de ese secreto familiar que envuelve la muerte de Salomón.
En esta suma de planos temporales y espaciales adquiere protagonismo la visita del autor al lago guatemalteco de Amatitlán, donde según creyó de pequeño se ahogó su tío Salomón. Allí acaba recordando, a través del testimonio de un antiguo empleado de su abuelo y con la mediación de una curandera, la verdad sobre el fallecimiento de su tío y la importancia de su muerte en el devenir de la familia. A orillas del contaminado lago Amatitlán, donde pasó algunos de los momentos más dichosos de su infancia, Halfon, autor cuyos libros parten más de las dudas que de las certezas, también se interroga sobre su identidad nacional, tan conflictiva como la familiar.

Reseña publicada en El Noroeste


lunes, 28 de agosto de 2017

Patria - Fernando Aramburu


Patria, Fernando Aramburu, Tusquets, 2016, 646 págs., 22€.

¿Qué convierte a un libro en un best seller? Si alguien tuviera esa respuesta daría con la gallina de los huevos de oro de la Literatura, pero, afortunadamente, no existen fórmulas mágicas para que el boca a boca lleve a una obra literaria a aparecer en las listas de libros más vendidos durante meses. Fernando Aramburu, sospecho que sin proponérselo, ha dado con esa esquiva receta con Patria, su última novela.
Con esta obra se han repetido las pautas de otros best sellers: unas ventas normales al principio, un paulatino incremento en las mismas y, finalmente, el éxito total. Lo que diferencia el caso de Patria de otros es que su autor es un reconocido escritor, respetado por la crítica y con una sólida trayectoria previa. Aramburu se encontraba en el lugar adecuado para escribir este libro sobre el conflicto que vivió el País Vasco durante décadas por el terrorismo etarra. Se trata de un escritor experimentado, de origen vasco, aunque afincado desde hace años en Alemania, lo que le permite tener esa doble perspectiva interna y externa tan útil para tratar un tema tan polémico y doloroso como es el terrorismo de ETA y la respuesta, no siempre dentro del marco de la legalidad, del Estado.
Aramburu, conocedor de lo delicado de su proyecto, no otorga el protagonismo del libro a una única persona, sino a dos familias compuestas en total por siete miembros que se van repartiendo a lo largo de la novela el punto de vista de la narración. Aunque en estas familias encontramos la figura del terrorista, el vehemente Joxe Mari que entra en ETA siendo muy joven y luego pasará una larga temporada en la cárcel, y la víctima, el  Txato, un empresario euskaldún asesinado por no pagar el impuesto revolucionario, no serán ellos los únicos focos de atención de la historia.
Aramburu nos muestra las distintas caras del conflicto, concienciado en retratar diferentes realidades de la sociedad vasca. Así, Joxian, padre de Joxe Mari, tiene que alejarse del Txato, su mejor amigo, porque ha sido señalado como traidor a la causa vasca; Gorka decide defender a su pueblo no con las armas de su hermano, que detesta, sino mediante el euskera; la otra hija, Arantxa, sufre el desprecio de parte de la familia por casarse con un chico de familia castellana. En el otro lado, el de las víctimas, la amenaza primero y el asesinato después del padre influyen decisivamente en las vidas erráticas de Nerea y Xabier, los dos hijos del finado. Las madres, amigas íntimas antes de la separación de las dos familias, representan mejor que nadie, incluso que la víctima y el terrorista, los dos extremos de la sociedad. La muerte del Txato sume a Miren en una amargura que sólo al final de su vida podrá superar; mientras, Bittori, convertida en una radical de la causa en un giro un tanto brusco, es el apoyo más firme de Joxe Mari cuando este es encarcelado.
Aramburu logra retratar estupendamente a estos personajes, usando con frecuencia un monólogo interior en el que se cuelan incluso las incorrecciones gramaticales propias de la zona. El continuo cambio de focalización entre los siete protagonistas, los saltos temporales y cierta tendencia a la repetición que se podría haber evitado acortando la extensión del libro no lastran una obra oportuna y de lectura absorbente.   

jueves, 17 de agosto de 2017

Ya no estaremos aquí - Matías Candeira

lunes, 31 de julio de 2017

Arden las redes - Juan Soto Ivars




Arden las redes, Juan Soto Ivars, Debate, 2017, 286 págs., 18€.

El ensayo es un género difícil de escribir, ya que se debe mover entre la la seriedad en el acercamiento al tema tratado y la amenidad de su lectura. Me estoy refiriendo a esos ensayos de carácter divulgativo que no van dirigidos a un público especializado y minoritario, sino a un grupo mucho más amplio de lectores pero también menos proclives a aguantar un exceso de morosidad y teorización. Soto Ivars, acostumbrado a atraer la atención de los lectores con sus punzantes e irónicos artículos en El Confidencial, es muy consciente de ello y logra con Arden las redes ese difícil equilibrio entre la seriedad y la amenidad. Y es que son igual de frecuentes las referencias teóricas sobre el tema tratado y la explicación de casos concretos, las secciones más jugosas del libro.
El segundo y principal acierto del autor es la elección del tema sobre el que versa este ensayo. Tras el breve y llamativo título, el libro viene acompañado por un paratexto mucho más explicativo: “La poscensura y el  nuevo mundo virtual”. Soto Ivars ha sabido percibir la oportunidad de un ensayo sobre una situación tan novedosa como es la censura a través de las redes sociales y los linchamientos realizados por parte de ciudadanos anónimos ante situaciones que consideran intolerables. Lo reciente del fenómeno, que se ha desarrollado en el último lustro, es, simultáneamente, el punto flaco y el fuerte del libro. Estamos ante un libro con reflexiones carentes de la perspectiva que ofrece el tiempo, escritas de una manera casi inmediata, los últimos casos analizados datan de seis meses antes de la publicación del libro, y que tratan de ahondar en una situación muy reciente y que aún no ha terminado de mostrar todas sus vertientes.
Soto Ivars parece ser consciente de esa cercanía con el fenómeno analizado y completa su visión personal con una abundante bibliografía teórica, más de lo habitual en un ensayo divulgativo como este. Además, completa su análisis de esta poscensura que campa a sus anchas en las redes sociales con varios capítulos dedicados a repasar la censura tradicional, centrándose especialmente en España. Si bien esta sección del libro es tan sólo un amplio preámbulo a su parte central y más interesante, nos sirve para conocer algunas explicaciones de los linchamientos cibernéticos que se han producido en los últimos años. Entre ellos podemos destacar el miedo de las grandes empresas a la opinión desfavorable del público, la merma en la credibilidad del periodismo, la crisis de la figura del intelectual como generador de opinión y las dificultades para distinguir ficción de realidad de gran parte de la sociedad.
En la segunda sección del libro, Juan Soto Ivars analiza en profundidad la poscensura centrándose en varios de los casos más llamativos y significativos de linchamiento mediático que se han producido en España. Acierta aquí en elegir casos promovidos tanto desde la izquierda (a Nacho Vigalondo) como desde la derecha (a la revista Mongolia o a Guillermo Zapata); desde el feminismo más radical (a Jorge Cremades) o desde ámbitos taurinos y también antitaurinos. Todos estos grupos se mueven como un perfecto ejército de opinión en las escaramuzas de lo que el autor llama “guerra cultural”.
Soto Ivars pone  a la sociedad española ante ese espejo deformado que exagera sus defectos que son las redes sociales. 

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 17 de julio de 2017

La acústica de los iglús - Almudena Sánchez



La acústica de los iglús, Almudena Sánchez, Caballo de Troya, 2016, 155 págs., 14€.

Algunos lectores y críticos suelen mirar con cierto recelo los relatos escritos con una prosa poética. Estos puristas de los géneros creen que una narración debe ser seca y con los adjetivos imprescindibles y critican con saña cualquier intento del narrador de introducir elementos como símiles o metáforas. Personalmente creo que si algo ha demostrado el paso del tiempo es que la flexibilidad de los límites genéricos es cada día mayor. Por eso pienso que cuando leemos libros de relatos como este La acústica de los iglús, ópera prima de la mallorquina Almudena Sánchez, en el que en ocasiones la trama de las narraciones queda soterrada bajo un estilo de gran riqueza, debemos desprendernos de los prejuicios y disfrutar con un tipo de narración diferente a la más canónica.
Y es que, como acabo de adelantar, relatos como “Introducción al relámpago” son más una sucesión de imágenes y una configuración de la protagonista a través de sensaciones que una historia. Es cierto que se nos habla de la extraña relación de la narradora con un fotógrafo obsesionado con sus lágrimas, pero este cuento se estructura a base de esos flash que recuerdan la labor del cámara. Algo similar ocurre con “Compostura: la línea imaginaria”, donde el concierto al que asiste la protagonista se diluye entre el sueño y la realidad, o “El nadador del Hotel Minerva”, que tiene como fondo el divorcio de los padres de la narradora y como punto de fuga a un enigmático ciego que recorre la piscina del hotel.
También es cierto que el resto de relatos del conjunto poseen, aún manteniendo ese lirismo y esa querencia por las metáforas imaginativas, tramas más sólidas que cuentan historias donde abundan las adolescentes soñadoras. En “La señora Smaig”, encontramos al prototipo de protagonista de este tipo de narraciones: una chica que visita el zoo para olvidar el hospital donde está confinada por una larga enfermedad. Allí conoce a una extraña mujer extranjera con la que forman una peculiar pareja. “El frío a través de los engranajes” nos muestra una familia, que la sociedad biempensante definiría como “disfuncional”, formada por una madre, sus dos hijos y una desvencijada furgoneta en la que parecen huir de no se sabe qué.
Un tono bastante diferente al habitual, ya que se mueve entre lo satírico y lo hilarante, posee “Apuntes desde la bóveda celeste”, relato protagonizado por una brillante y joven filósofa que encuentra un trabajo como astronauta. También en el cielo, aunque en un espacio más cercano, se desarrolla “Eclipse”, que cuenta el viaje que por fin se han decidido a realizar una pareja de ancianos en un contexto futurista e insólito. El relato titulado “El arte incrustado” es quizás el más destacado del conjunto; se narra la extraña relación entre dos jóvenes pianistas separadas por esos años en el que el deseo sexual aflora. Se trata de un relato crudo, sórdido en ocasiones, pero narrado con la inocencia de la protagonista. Similar punto de partida, por tratar las relaciones entre dos mujeres, tiene “El triunfo humano”, aunque se desarrolla en un ámbito, entre adultas y en un crucero, muy distinto.
El otro de los cuentos del conjunto, “Cualquier cosa viva”, ya aparecía en la antología Bajo treinta, donde se pudo vislumbrar lo que este libro confirma: que Almudena Sánchez es una narradora con una voz propia e imaginativa. 

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 30 de junio de 2017

Fragmentos de un mundo acelerado - José Óscar López



Fragmentos de un mundo acelerado, José Óscar López, Balduque, 2017, 201 págs., 14€.

Ciento siete relatos. Ciento siete  inicios con sus respectivos finales. Ciento siete títulos que abren ciento siete mirillas por las que asomarnos al mundo. Ciento siete universos inabarcables de los que sólo conocemos un mínimo fragmento que explota cuando pasamos la página. José Óscar López nos ofrece en su último libro ciento siete microrrelatos que forman una obra de gran magnitud dentro de sus doscientas páginas.
Un número tan desorbitado de narraciones, aunque se muevan dentro de la extensión canónica del minicuento o lo superen ligeramente, hace muy difícil resumir en unas pocas líneas la esencia de un libro caracterizado, como anuncia el título, por su carácter fragmentario.  El autor ha querido compartir con nosotros su visión panóptica del universo no a través de un único y completo relato, sino mediante esta miríada de historias que forman el volumen. Crea así un libro en el que la unidad viene dada por el medio, el microrrelato, que utiliza para volcar sus obsesiones más variadas. Sabedor que un número tan alto de narraciones puede agobiar al lector, José Óscar López agrupa los ciento siete textos en diez secciones según algunos rasgos comunes que comparten, aunque nadie espere una homogeneidad de temáticas en un libro como este que toma la fragmentariedad por bandera.
La primera de ellas se titula Historia de las grandes ideas y nos ofrece algunos relatos cercanos a la ciencia ficción, con personajes de un futuro cercano pero bastante diferente al nuestro; destaca dentro de esta sección “La máquina”, narración de gran intriga con la que se abre el volumen. Del futuro saltamos al espacio en Principios de astronomía, compuesta por  una docena de microrrelatos entre los que sobresale  “Un superhombre”, reinterpretación de la historia de Supermán. En Una temporada en el infierno encontramos varios relatos sobre el tema de la muerte, como el desasosegante “Sala de espera” o el metaficcional “Digamos que un relato de terror”. Una intención similar posee “Novela negra en veinte líneas”, que se incluye dentro de los textos de temática literaria de Escuela de artistas.

La siguiente sección, Así me quedé sin conversación, es quizás la que contenga un mayor número de relatos destacados; con el sutil nexo de lo insólito uniéndolos a todos ellos, podemos citar aquellos que ponen en juego situaciones relacionadas con las redes sociales: “La frase” y “No, no era divertido en absoluto”. Las parejas son las protagonistas de la sección La construcción diaria del amor, con variantes metaliterarias como “En su casa”, mientras que dentro del Catálogo de patologías del siguiente apartado sobresale “La transformación”, con un tema tan tradicional en la minificción como es el del sueño. Otro de ellos sería la duda sobre la identidad propia, presente en “Desconocidos me saludan”, microrrelato incluido en la sección Los reyes cansados, una de las más heterogéneas del volumen. Más concreción tiene Aventuras sin fin, donde la sorpresa de lo inesperado se cuela en la cotidianeidad; un buen ejemplo de ello sería “Historia de un entrecot”, narración de un desayuno a  base de un filete que el protagonista se ve obligado a consumir. El tema de la muerte vuelve a aparecer en la última sección, La muerte no es el fin, donde la fina barrera que puede existir entre la somnolencia y el más allá protagoniza “Soñar con un cadáver”.

domingo, 11 de junio de 2017

Terroristas modernos - Cristina Morales




Terroristas modernos, Cristina Morales, Candaya, 2017, 400 págs., 20€.

Culmina Terroristas modernos, la última novela de la narradora granadina Cristina Morales, con una escena que resume perfectamente tanto el estilo como el argumento de la obra. Se trata de una fiesta clandestina celebrada en un teatro clausurado y en donde se mezclan, sin orden ni concierto, actuaciones variopintas y público perteneciente a distintas clases sociales pero igual de bullicioso. Esa feliz despreocupación que reina en el baile queda perfectamente reflejada en la manera de narrar, mezclando en la misma frase voces de distintos personajes, fragmentos de conversaciones e incluso idiomas, que Morales emplea durante todo el libro pero que llega a su culmen en este significativo episodio.
Terroristas modernos es, ante todo, una novela histórica, y tiene en la actualización que hace de este género la autora, una de las más interesantes de la generación de narradores nacidos en los años ochenta, uno de sus puntos fuertes. El libro es heredero de los mejores ejemplos de este tipo de narraciones que desarrollan su argumento en épocas pretéritas, aunque logra evitar los errores más habituales de este subgénero. En primer lugar, porque el libro huye de la superficialidad, por no decir banalidad, que muchas novelas históricas poseen y ofrece una trama interesante y enjundiosa. En segundo lugar, porque elige una época de gran interés y en la que se sucedieron tantos hechos relevantes para el devenir de la Historia de España como fue el comienzo del siglo XIX.
Pero el libro es una novela histórica de primer nivel gracias, sobre todo, a la creación de sus personajes. Por supuesto, en Terroristas modernos encontramos la variada y pintoresca fauna que pululaba por el Madrid de 1816, manolas, chulos, beatas, monjas, poetastros, chupatintas, petimetres, guerrilleros o afrancesados, pero Morales no se queda en el retrato costumbristas y da a sus creaciones un barniz moderno sin perder nunca la verosimilitud. Sólo en un par de ocasiones ofrece la narradora un guiño a sus lectores colando nombres de escritores actuales por autores decimonónicos o haciendo que en el baile se canten letras de Siniestro Total.
De entre la gran cantidad de personajes principales que tiene la novela, se agradece el listado de nombres que incluye el texto y que ayuda a no confundirlos, destaca el triángulo amoroso que forma  Catalina Castillejos con Vicente Plaza y Diego Lasso, dos ex militares y ahora conspiradores de personalidades muy distintas. Ella, una terrateniente andaluza de armas tomar, es la auténtica protagonista del libro, ya que la acompañamos desde que es abandonada en Madrid hasta que vuelve a su tierra. Se trata de una mujer resolutiva, independiente y curiosa que se debate entre las lisonjas del teniente Lasso y los desplantes de Plaza.
Este trío protagonista y otros personajes de casi igual importancia en la trama, como el espía Richart, el literato Torres, el guerrillero Vargas o la sastra Petra Montes, participan, de una forma u otra, en una conspiración que pretende lograr que el rey Fernando VII firme la constitución. El desarrollo de los hechos, que culminan aunque no finalizan, con ese desparrame que es el baile en el teatro, nos muestran comportamientos tan emparentados con los avatares políticos de España como son la improvisación, a veces chapuza, la desconfianza y el egoísmo. Nos mostrarán también la fina barrera que existe en considerar a un terrorista como libertador ya que la Historia la escriben siempre los vencedores. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


domingo, 4 de junio de 2017

Saturno - Eduardo Halfon




Saturno, Eduardo Halfon, Jekyll & Jill, 2017, 68 págs., 14€.

         Posee el dios Saturno una imagen muy negativa en nuestra cultura. Goya lo representó como un ser demoniaco que devoraba el cuerpo mutilado y sanguinolento de uno de sus hijos. Si bien es cierto que la mitología clásica ofrece una explicación bastante lógica de este atroz comportamiento, estaba obligado a hacerlo según el pacto que había contraído con su hermano Titán y que le permitía reinar, Saturno se ha convertido en el símbolo del mal padre. Esta identificación es la que provoca que el escritor guatemalteco Eduardo Halfon titule Saturno el cruento ajuste de cuentas con su progenitor que es este libro.
         Esta breve obra, que se mueve entre lo confesional y lo autobiográfico, formaba parte del primer volumen publicado por Halfon y que leemos ahora en una cuidada reedición de Jekyll & Jill catorce años después. En Saturno podemos encontrar algunos de los temas más importantes de sus últimos libros, Signor Hoffmann y Monasterio, como son las referencias literarias y la identidad judía. Sin embargo, estos y otros asuntos se supeditan al objetivo principal de la obra: describir la relación del autor con su padre.
         Halfon escribe una obra dura por su crudeza en la exposición de los sentimientos propios y por tratar sin tapujos el odio que siente hacia su padre. Estamos ante una especie de carta al padre, tema de ecos kafkianos, que se configura como un ajuste de cuentas con su progenitor necesario para purgar un dolor enraizado en el mismo origen de su personalidad. El narrador recuerda con amargura la dureza del padre, su carencia de empatía y el desprecio hacia su vocación literaria. Aparece como un tiránico empresario de éxito que se avergüenza del oficio de su primogénito y que no duda en inventarle, delante de sus amigos y socios, un perfil más acorde a sus intereses.
            Frente a este desprecio que el protagonista, trasunto directo del autor, ha sufrido por parte de su padre a lo largo de toda su vida y en todos los aspectos de su relación, él se refugia en la Literatura. Se convierte ésta no sólo en una pasión, sino en un reino propio cuya frontera el padre jamás querrá traspasar. Por ello, el mundo de las letras tiene tanta importancia en el desarrollo personal del protagonista, mayor si cabe que el de otros autores con más comprensión por su vocación en su familia, y protagoniza la otra mitad del libro.
            Y es que junto a ese ajuste de cuentas con el padre que vertebra el libro, Saturno también es una especie de catálogo de autores suicidas. Ante el lector desfilan las historias de escritores más o menos conocidos que optaron por acabar con su vida. Halfon explica las razones que los llevaron a este fin y los diferentes medios que emplearon literatos como Cesare Pavese, Virgina Woolf, Ernest Hemingway o Yukio Mishima. Las razones de que Halfon elija este delicado tema para completar su libro son, creo, varias. Por un lado estos aciagos finales de los escritores se pueden relacionar con la tristeza que destila el narrador por la dura relación con su padre. Por supuesto, también existe una identificación con el destino de los escritores, gremio que el autor siente como el suyo. Y el último vínculo entre ambos temas, el más concreto, es que muchos de estos suicidas tuvieran una difícil relación con sus propios padres. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


miércoles, 17 de mayo de 2017

Trazos en falso - Javier Tortosa


Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 25 de abril de 2017

Cuentos suspensivos - Antonio Parra Sanz



Cuentos suspensivos, Antonio Parra Sanz, La Fea Burguesía, 2017, 156 págs, 10€.

Ofrece la narrativa muchas variantes para que el autor cuente al lector esa historia que quiere relatar. Puede optar por el impacto del microrrelato, pergeñando un mundo de ficción en apenas unas líneas;  también cabe la posibilidad del cuento, con su mezcla de desarrollo y concisión; la novela corta es el siguiente paso que pone a disposición de los autores antes de la novela, el género narrativo por excelencia en nuestra época. Sin llegar a estas extensiones, los relatos deCuentos suspensivos de Antonio Parra Sanz se configuran como un muestrario de las distintas variantes que tiene la narrativa entre el microrrelato y el cuento, ya que podemos dividir los textos que en él aparecen en tres grupos según su extensión.
En primer lugar tendríamos las narraciones que, por longitud y características, podemos encuadrar dentro del cuento canónico. Se trata de historias en las que dentro de la cotidianeidad se introduce algún elemento perturbador, normalmente relacionado con la muerte o con el desamor. Destaca en primer lugar, dentro de este grupo de textos más extensos del volumen, “La tormenta”, que cuenta la estancia de un personaje en Lebozán, un siniestro pueblo gallego al que acude para reclamar una herencia. Tras sentirse extrañamente atraído por el lugar, acaba descubriendo una macabra costumbre arraigada en el villorrio que le afectará directamente. Destaca “La tormenta” por su humor negro y por los peculiares personajes que deambulan por Lebozán.
Otro de los cuentos mejor construidos del volumen es “El sueño de Tántalo”, protagonizado por el triángulo amoroso formado por Arturo, un curtido ex boxeador que trabaja de portero en un burdel, Karenina, una bella y fría prostituta, y Torres Vélez, turbio concejal del ayuntamiento local. Los tres se desenvuelven en un entorno marcado por la corrupción, la violencia y los intereses económicos. Diferente al resto de relatos es “Ite missa est”, que abandona el clásico narrador omnisciente para contar una historia de corrupción política y venganza a través de la perspectiva fragmentaria de varios personajes que acuden a una misa. En el resto de cuentos largos del libro encontramos asesinatos de naturaleza muy macabra, “Delicatessen”, protagonizados por persistentes insectos, “Inevitables golosas”, o con un giro final sorprendente, “Ícaro”.
Un segundo grupo de textos estaría  formado por cuentos breves, algo más extensos que lo habitual en el microrrelato. Se trata de narraciones en las que lograr el efecto deseado en el lector es más complicado ya que es difícil conjugar trama con omisión en un espacio tan reducido; además, suelen aparecer algunas referencias que el receptor puede no terminar de captar. De entre todos estos relatos breves sobresale uno que sí logra desarrollar en un par de páginas una historia que satisface al lector: “El Chancho”. Quizás la eficacia de esta narración radique en que aparece un estereotipo bien conocido por muchos lectores: el del dictador latinoamericano.
La última sección de Cuentos suspensivos lleva por título “Minificciones” e incluye doce microrrelatos que entran, esta vez sí, dentro del canon del género. Se trata de una manera muy eficaz de terminar el volumen, ofreciendo una variante narrativa que contrasta con los cuentos largos. En estos microrrelatos, Parra Sanz demuestra su oficio como narrador mediante textos concisos pero llamativos y que suelen esconder un giro sorprendente al final relacionado con un asesinato o una infidelidad.  

Reseña publicada en El Noroeste.


martes, 28 de marzo de 2017

Annobón - Luis Leante



Annobón, Luis Leante, Harper Collins, 2017, 301 págs, 18€.

En los veinte años que transcurrieron entre 1920 y 1940, los españoles vivieron dos dictaduras, una República, el ocaso de un reinado y una Guerra Civil. Fueron, como vemos, dos de las décadas más convulsas de la Historia de España y, como tales, han protagonizado numerosos ensayos sobre las razones que provocaron aquellos cambios en el país. Sin embargo, los libros de los historiadores no prestan atención a las pequeñas historias cotidianas de los ciudadanos de a pie que vivieron estos turbulentos años. Es ahí donde entran novelistas como Luis Leante, que con Annobón nos narra dos de estas historias individuales que fueron teselas del gran mosaico que supusieron estas dos décadas en la Historia de España.
El libro se centra en la investigación de un periodista, primero, y de un novelista amigo suyo, después, que, tras una serie de coincidencias, conocen la historia de dos hombres cuyas vidas se cruzaron en varias ocasiones: Alfonso Pedraza y Restituto Castilla. Pedraza se nos describe como un abogado leonés al que la Guerra Civil impide alcanzar el sueño que había rozado con la punta de los dedos: convertirse en juez. Por su parte, Castilla es un Guardia Civil  que se convierte en delegado del gobierno en la pequeña isla guineana de Annobón y que asesina al Gobernador de la colonia. Justo después de la Guerra Civil, la vida de ambos, que ya había corrido paralela, converge definitivamente cuando Castilla es uno de los condenados a muerte que el abogado Pedraza tiene que defender. Las coincidencias en su carácter, ambos se consideran hombres de honor, les unirán; pero circunstancias ajenas, como el propio juicio o la injerencia de la hermosa esposa de Castilla y del autoritario suegro de Pedraza, enturbiarán su relación.
Estos dos caracteres, los de los dos protagonistas, se encuentran entre lo más destacado del libro. Restituto Castilla es un personaje histórico interesantísimo y Leante ha sido sagaz a la hora de rescatarlo del olvido y convertirlo en el eje de su libro. Se trata de un hombre obsesionado por la igualdad y por la honradez que no siempre es bien entendido por sus conciudadanos, que le achacan su excesivo idealismo. Castilla encuentra en la remota isla de Annobón, adonde lo destinan en lo que parece un destierro, el lugar ideal para plasmar sus ideas utópicas. Se convierte allí en una especie de déspota ilustrado, intentando mejorar las condiciones de vida de los indígenas, que no terminan de entender a este idealista venido de tan lejos. Además, choca con los poderes fácticos del minúsculo lugar: los misioneros que lo enemistan con el gobernador al que Castilla asesinará.
El otro protagonista, Alfonso Pedraza, es también un idealista, aunque más intelectual y menos excéntrico que Castilla, que se topará con la infamia que rige los juicios a los vencidos en la Guerra Civil y en los que él ejerce de abogado defensor. Se sentirá atraído por los sólidos ideales de Restituto Castilla que acabarán arrastrándole, junto a su difícil situación familiar, a la derrota total.
Las peripecias de ambos hombres en una época marcada por los turbulentos cambios políticos, serán narrados desde el punto de vista de sus respectivas hijas, lo que confiere al relato una polifonía que nos muestra que la Historia no tiene nunca un único relato. 

Reseña publicada en El Noroeste.



lunes, 13 de marzo de 2017

La uruguaya - Pedro Mairal



La uruguaya, Pedro Mairal, Libros del Asteroide, 2017, 140 págs., 15€.

Creo que valoramos poco el hecho de que el español sea un idioma global hablado por varios cientos de millones de personas en Europa y en América. Que un lector de España pueda disfrutar con una novela como La uruguaya y conocer, a través de ella, las peculiaridades lingüísticas que su idioma adquiere a miles de kilómetros de donde nació es un tesoro. Porque la lectura de esta novela de Pedro Mairal nos trasporta al Río de la Plata, a la manera de vivir que tienen sus gentes, a través de un lenguaje fresco y de una viveza no siempre bien reflejada en la Literatura.
Porque uno de los valores de La uruguaya es la eficacia con la que Mairal refleja el español de Buenos Aires y Montevideo. Este recurso se convierte en estructural en un libro que describe dos urbes separadas por  sólo unos kilómetros de agua, pero que acrisolan la esencia de cada uno de los países de los que son capitales. Además, el escritor argentino otorga a los diálogos de sus personajes una gran autenticidad mediante el uso de un registro coloquial muy bien empleado. El narrador, protagonista a su vez de la novela, también tiene una manera muy particular de relatar lo que le ocurre, donde es habitual el uso de las enumeraciones y del humor hasta para las situaciones más serias.
Esta brillantez en el empleo del castellano porteño y montevideano, apenas discernibles por el oído español poco habituado, tiene una relación directa con la trama del libro. En La uruguaya, un escritor argentino, Pereyra, cuenta un día de septiembre que dinamitó su vida tal y como la conocía hasta ese momento. Con frecuentes flashbacks y saltos hacia el futuro, narra la historia unos meses después de lo sucedido, vamos conociendo un viaje relámpago a Montevideo que tiene una doble finalidad: encontrarse con Guerra, su amante uruguaya, y cobrar en dólares el jugoso adelanto por dos libros que aún ha de escribir y que le ayudará a mejorar su precaria economía. En Buenos Aires deja a su mujer y a su hijo y se embarca en lo que acaba siendo una pequeña aventura en la capital uruguaya.
El triángulo compuesto por su esposa, de la que sospecha una infidelidad, Guerra, una veinteañera a la que apenas ha visto un par de veces y con quien tiene una relación más virtual que real, y por Pereyra, aquejado de la crisis de los cuarenta, forma el corazón de la novela. Al igual que el dinero que espera cobrar en un banco de Montevideo, su amante uruguaya simboliza una forma de escapar de la madurez y de un matrimonio desgastado por el paso de los años. Sin embargo, Pereyra se irá dando cuenta de que realmente conoce poco a Guerra e incluso a su mujer, que también acabará sorprendiéndole.
Con estos mimbres, crea Mairal una novela ágil, divertida y que se lee con rapidez y gusto. Describe con ironía y acierto las miserias del mundillo literario que obliga a escritores como el protagonista a hacer equilibrios para poder llegar a fin de mes. Además, el libro se convierte en la cartografía personal de dos ciudades, Buenos Aires y Montevideo, que representan las dos caras de la vida de Pereyra. 

Reseña publicada en El Noroeste: