domingo, 3 de diciembre de 2017

Palabras y café con escritores - Pascual García


Palabras y café con escritores, Pascual García, MurciaLibro, 2017, 340 págs., 15€.

Existe un tipo de lectores para los que la lectura de un libro no es suficiente y se interesan por volúmenes que comentan, con mayor o menor profundidad, obras literarias. Para estos lectores deseosos de conocer mejor el perfil de autores importantes de las letras españolas de las últimas décadas está pensado Palabras y café con escritores, el último libro de Pascual García.
         El autor de Moratalla, poeta, narrador y profesor de Literatura, ofrece a esos “letraheridos” que gustan de indagar en la vida y en la forma de entender sus libros de sus autores preferidos una serie de entrevistas en las que se repasan aspectos esenciales de sus trayectorias vitales y librescas. Se trata de conversaciones cercanas en las que García mezcla con agilidad las reflexiones propias sobre las principales obras del autor entrevistado con las propias palabras del escritor. El libro se lee así con gusto, ya que esquiva tanto la reflexión demasiado profunda y morosa como el mero intercambio superficial de palabras.
         Aunque entre la veintena de autores entrevistados hallamos algunos nombres de otras partes de nuestro país, como Luis Alberto de Cuenca, Antonio Soler o Blanca Andreu, el libro se configura como un panorama de las últimas décadas de la literatura murciana. Como todo canon, el de Pascual García es personal y subjetivo, pero en él hallamos algunos de los nombres más importantes de las letras de esta región nacidos antes de 1966. La cercanía con la que trata a la mayoría de los entrevistados nos muestra el deseo del autor de centrarse en aquellos escritores que han sido importantes en su carrera literaria e investigadora por ser sus maestros o sus compañeros de generación.
         Entre las conversaciones más destacadas del libro podemos citar la del poeta Ángel Paniagua, una de las de mayor profundidad, ya que nos habla de sus inquietudes, sus inseguridades y sus remordimientos. La de Soren Peñalver es, por su parte, un tanto deshilachada, ya que refleja el carácter un tanto excéntrico de este poeta murciano. Algunos de los interlocutores son amigos íntimos de Pascual García, lo que se nota en la fluidez de la conversación; es lo que ocurre con Rubén Castillo, que cuenta su obsesión por la Literatura y como la escritura es para él un destino, o José Cantabella, de vocación más tardía que la mayoría de los autores.
También destacan, aunque por razones opuestas, las conversaciones con García Montalvo y con Luis Alberto de Cuenta; mientras que la primera es la más larga y detallada del libro, la del poeta madrileño se encuentra entre las prescindibles por la desgana que muestra el entrevistado.       
         En otras charlas García demuestra su agudeza en el análisis de la obra de los autores, de Eloy Sánchez Rosillo dice que es el poeta de la sencillez, o de sus caracteres, define a Manuel Moyano por su flema norteña. También encontramos en el libro el reconocimiento, que se filtra a través de preguntas llenas de respeto y admiración, a algunos de sus maestros: José María Álvarez, Francisco Sánchez Bautista o Dionisia García, tres de los poetas más veteranos y respetados de la Región de Murcia.
         Otro acierto del libro es no centrarse únicamente en literatos e incluir entrevistas a figuras importantes del panorama literario murciano que han destacado por su labor docente, Díez de Revenga o José Belmonte, sus artículos periodísticos, Antonio Parra, o por sus entrevistas, Antonio Arco. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


domingo, 26 de noviembre de 2017

Réplica - Miguel Serrano Larraz


Réplica, Miguel Serrano Larraz, Candaya, 2017, 189 págs., 16€.

Existen libros de relatos en los que el conflicto, aquello que llama la atención del lector y lo engancha para que siga leyendo el texto, se produce por un hecho significativo. Sin embargo, los cuentos de Miguel Serano Larraz que integran este libro poseen un conflicto mucho menos evidente y llamativo; se trata de relatos sobre situaciones cotidianas que, sin embargo, impactan de manera sorda y profunda en la vida de los personajes. Esta acción de baja intensidad que, sin embargo, consigue mantener la atención del lector, me parece el principal logro de Réplica.
Y es que sus relatos están poblados de personajes comunes, pero que gracias a la profundidad que el narrador aragonés le da a esos conflictos aparentemente secundarios dejan una huella indeleble en la memoria del receptor. Giros argumentales aparentemente tan sutiles como la construcción de un centro comercial o la desaparición de un peluche le sirven a Serrano Larraz para crear historias con una tensión soterrada que, en la mayoría de ocasiones, no deja de ser una amenaza que no acaba de explotar.
Comienza el volumen con el primero de los giros a los que aludíamos, eje del relato titulado “Recalificación”, que deriva en un final abierto y casi filosófico. A continuación, en “Un tiempo muerto”, se narra un partido de baloncesto jugado por el adolescente protagonista pero despojándolo de esa épica que a menudo inunda las narraciones deportivas. En “Oxitocina”, la citada pérdida de un muñeco es el episodio central de la tierna relación entre el narrador y su sobrina. “Central”, por su parte, mezcla varias etapas de la vida de la protagonista, Sara, con un sueño sobre un tren como hilo conductor. “El payaso”, que cierra la primera sección del libro posee la estructura más cerrada de esta parte; este relato plantea las distintas interpretaciones, a veces opuestas, que se pueden hacer de un texto literario.
“La disolución” posee un receptor interno y desconocido al que el narrador le cuenta un par de historias divertidas sobre su infancia y su peculiar familia. Este tema (el mundo de los niños), recurrente a lo largo del libro, también aparece en el siguiente: “Tabla periódica”. En él, el más breve del conjunto, se recuerda el narrador recuerda la muerte de su padre por una enfermedad asociada a la radiación. “Media res” sí que posee un argumento más cercano a los relatos de intriga, relacionado con una venganza y lleno de violencia, sin embargo, Serrano Larraz huye de los tópicos del género y otorga más importancia a la estructura: dividiendo el texto en dos partes complementarias a las que llama “prótasis” y “apódosis”.
En “Azrael” las referencias literarias recuerdan el estilo de Vila-Matas, mientras que la quietud de la trama entroncan con otro autor con el que se puede comparar con Serrano Larraz: el argentino Sergio Chefjec. “La frontera” vuelve al contexto familiar, con una chica extranjera que pasa las navidades en la casa de una amiga, mientras que “Logos” se aleja del contexto realista y cotidiano del resto para ofrecer una narración en la que un ser del futuro se dirige a un lector actual para hacerle ver las incoherencias de nuestra manera de construir los relatos. “Réplica”, el relato que cierra y da nombre al conjunto, parte de un hecho curioso, el narrador es confundido constantemente con distintos personajes famosos, para disponer una reflexión sobre la identidad y un recuerdo nostálgico de la Zaragoza de los noventa. 

Reseña publicada en El Noroeste.


sábado, 4 de noviembre de 2017

La línea del frente - Aixa de la Cruz



La línea del frente, Aixa de la Cruz, Salto de Página, 2017, 175 págs., 15€.

Desde hace un tiempo aparecen con más frecuencia novelas relacionadas con el terrorismo de ETA y con el llamado “conflicto vasco”. Han surgido a raíz del cese de la actividad armada de la banda y no, como algunos han osado defender, a partir del éxito de Patria de Fernando Aramburu. La razón principal de este fenómeno reside, desde mi punto de vista, en la perspectiva que ya poseemos sobre una violencia que, por fin, podemos por fin narrar en pasado. La nueva novela de Aixa de la Cruz se une a este relato colectivo sobre lo acontecido en el País Vasco durante las últimas décadas, aunque se trata de una obra que pone en juego muchos más temas.
La protagonista, Sofía, comparte con la autora varias coordenadas vitales, es una veinteañera de Bilbao que se dedica a la investigación literaria, pero que no debemos identificar con de la Cruz. Durante los años en los que la banda terrorista estuvo activa formó parte de esa mayoría silenciosa que no se identificó con los verdugos, pero que tampoco fueron víctimas directas de la violencia. Durante toda su vida, Sofía se ha mantenido al margen del conflicto y es esa inacción, esa asepsia impuesta por los padres primero y después por ella misma, la que acaba despertando sus remordimientos cuando observa en televisión como Jokin, un antiguo novio de la adolescencia, es detenido por agredir a un ertzaintza durante una protesta. 
La exagerada condena de cárcel que sufre Jokin, víctima indirecta de la guerra judicial del estado contra el independentismo radical vasco, golpean la ordenada vida burguesa de Sofía que decide romper con su novio, reiniciar la relación con su pareja de la adolescencia y establecerse cerca de la prisión donde él cumple condena. Comienza a vivir en el piso que la familia de su madre posee en una urbanización de costa y que, durante esa época, está prácticamente vacía. Este espacio, donde Sofía apenas comparte momentos con el conserje y con un vecino toxicómano, contribuirá a su aislamiento social y a la progresiva degradación de sus costumbres, en una especie de penitencia autoimpuesta.
Otro de los temas centrales es la incomunicación. Sofía apenas logra penetrar las barreras emocionales de Jokin, que se niega a hablar de su pasado ni de la protesta en la que se enfrentó a la Ertzaintza. Sofía rellena estos huecos en la historia de Jokin creando un relato idealizado en el que él, por su valentía, es un héroe, y ella una cobarde, por su inacción. Especialmente efectivas para marcar esta incomunicación entre ambos son las transcripciones de las conversaciones urgentes e incómodas que comparten en el locutorio de la cárcel.
La historia principal del libro se complementa con la investigación que Sofía realiza en su piso: reconstruir la performance que un director teatral argentino realizó con Mikel Areilza, el escritor vasco sobre el que ella realiza la tesis. La militancia de este autor en ETA, su estancia en la cárcel y su huida de la misma, lo configuran como un precursor de Jokin, o, mejor dicho, de la imagen que ella tiene de Jokin.
Con estos mimbres crea Aixa de la Cruz una novela notable, con una visión diferente e interesante del conflicto vasco en un libro que se hace corto gracias a su estilo fluido y a que la trama secundaria, la de Areilza y el director argentino, podría haber tenido mayor desarrollo.  


lunes, 30 de octubre de 2017

Cuentos grises - Hugo Argüelles



Cuentos grises, Hugo Argüelles, Boria, 2017, 90 págs., 12€.

En una época como la nuestra en la que son tan consumidos los libros de autoayuda, en los que se muestra la cara más amable de la vida, sorprende encontrar un conjunto de relatos como estos caracterizados por la amargura y el desconsuelo de sus protagonistas. Y es que, tal y como anuncia el título, la mayoría de personajes que pululan por los Cuentos grises de Hugo Argüelles tienen una existencia que hace juego con este color. Nos encontramos con personas amargadas, que no encuentran su lugar en el mundo o que, directamente, rechazan buscarlo; son antihéroes que se dejan caer por la ladera del fracaso mientras observan a los triunfadores con ironía y desprecio.
Dentro de este tono general encontramos, como en todo libro de relatos, diferentes variantes, distintas gamas de ese gris que los libros de autoayuda nos niegan y que este crudo libro nos muestra a veces con delectación. Se trata de un volumen irregular, hallamos narraciones de diversa calidad tal y como enseguida analizaremos, pero con los suficientes elementos de interés como para que merezca la pena acercarse a este breve catálogo de agobios y desencantos.
La elección de “La plaza” como primer relato del libro es un gran acierto, ya que este breve texto de un par de páginas se puede entender como un pórtico, como el comienzo de una historia que finalmente no se narra. Aun así, se trata de un retrato interesante del final de una etapa en la vida de los protagonistas. En el siguiente relato, “Crazy”, ya encontramos a ese tipo de personaje solitario que tan frecuente es en el volumen; se trata de un joven al que acompañamos en su deambular vital desde que llega a una nueva ciudad: Cartagena. El texto acaba siendo un mero resumen de la vida de este personaje y no se profundiza en ninguno de los acontecimientos interesantes que parecen ocurrirle, como la relación con la prostituta que apenas se apunta.
A continuación encontramos dos de los mejores relatos del conjunto. En “El viajero experto recorre la Provenza” se muestra con sarcasmo el envés de las habituales crónicas viajeras a través de la realizada por un misántropo periodista que describe su solitario recorrido por el sur de Francia. “Sólo leen novelas” posee una trama interesante y unos personajes bien trazados: una pareja vive aparentemente feliz con su aislamiento de la sociedad hasta que el marido comienza a cambiar sus rutinas.
Por el contrario, “Radio song” y “Juande” no consiguen ofrecer un relato de interés para el lector; ambos están protagonizados por sendos poetas, muy diferentes entre sí, pero no son más que fragmentos, inconexo incluso el segundo, que no están a la altura del resto del volumen. Continúa el libro con “Cul de sac”, un interesante relato autobiográfico de la estancia de un solitario joven en Dublín, y con “Neutralidad benevolente”, un breve texto impresionista con una prosa diferente al resto.
El penúltimo relato, “La maestra desde la ventana” tiene un planteamiento muy interesante, un escritor inédito obsesionado con un autor de éxito que vive enfrente (y en el que es fácil reconocer a un narrador murciano real), pero la trama acaba diluyéndose. El libro termina con “Smart TV”, un relato sobre la influencia que tendrá la compra de un moderno televisor en una familia. 



miércoles, 18 de octubre de 2017

Kanada - Juan Gómez Bárcena


Kanada, Juan Gómez Bárcena, Sexto Piso, 2017, 191 págs., 18€.

La culpabilidad es uno de los sentimientos más peculiares que afectan al ser humano. Asesinos que han cometido los crímenes más atroces carecen de empatía con sus víctimas y, por lo tanto, no se ven aquejados por ningún sentimiento de culpa tras cometer sus asesinatos. Otras muchas personas, incapaces de matar ni a una mosca, viven torturados porque alguno de sus actos, a veces de manera inconsciente, ha provocado un daño a alguien. La culpa es, desde mi punto de vista, el tema principal de Kanada, el último libro de Juan Gómez Bárcena.
El libro comienza con una situación de lo más sugestiva: el narrador vuelve a casa tras la guerra. Poco a poco vamos conociendo más detalles de su vida anterior, de su identidad y de las razones por las que, cuando se instala en la vivienda, decide no salir más de allí. El narrador, en una segunda persona que permite cercanía con el protagonista pero que a la vez implica una observación externa, apenas ofrece datos más allá de los necesarios y sólo por los nombres de calles o de personajes históricos sabemos que estamos en el Budapest devastado posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Esa devastación que sufre la ciudad y de la que poco a poco se va recuperando, ha afectado también al protagonista, pero, al contrario de todos los que lo rodean, él opta por la inacción. Así, acaba recluido en su antiguo estudio y convertido en una especie de ermitaño ajeno a todo lo que le rodea. En su enclaustramiento se va obsesionando sucesivamente por los números, por un astrólogo del siglo XVIII y por una hoja, la única que sobrevive a su obsesión por quemar su antigua biblioteca de profesor de astrofísica, de un tratado científico. En este aislamiento tan sólo se relaciona con un vecino y su esposa; ella le trae la comida que consume de manera errática, mientras que él primero intenta conseguirle trabajo, pero, ante su negativa, acaba alquilando el resto de habitaciones del resto de la casa.
Al principio el lector cree que es el horror el que ha paralizado al protagonista, que lo que vio durante la guerra le impide llevar una vida normal. Sin embargo, conforme avanza la novela y se van insertando episodios del pasado en la narración del presente, vamos comprendiendo que la culpa por actos realizados durante la contienda bélica ha pesado también mucho en su alejamiento del mundo. Frente a la acción del vecino, un personaje que no siente culpa y que sabe adaptarse a las nuevas situaciones, el protagonista opta por la inacción como la única forma de enjugar el daño causado. Incluso los soldados alemanes son retratados, en esa especie de ensueño con el que se recuerdan los hechos de la guerra, como ángeles; aparecen así como entes superiores, miembros de un engranaje brutal que no siente ningún tipo de piedad hacia sus víctimas. Cuando pasan los años y una nueva contienda sacude la ciudad, contra los invasores soviéticos, el protagonista no puede más que observar desde su ventana los hechos, porque ya ha tomado su decisión de no hacer nada.
Estamos, en definitiva, ante una novela de gran profundidad, de una lentitud que en algunos tramos centrales se convierte en morosidad, pero que se corona con un final prodigioso. 

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 1 de octubre de 2017

Los días de la peste - Edmundo Paz Soldán


Los días de la peste, Edmundo Paz Soldán, Malpaso, 2017, 325 págs., 20€.

Rigo, uno de los muchos personajes de esta novela coral que es Los días de la peste, es fiel a una extraña religión que exige respeto por la vida de todos los seres vivos, por minúsculos que sean. Rigo utiliza el plural para referirse a sí mismo, ya que su piel, su voz y también los microbios que habitan su cuerpo son parte de esa colectividad que es él. Algo similar ocurre con la Casona, la cárcel donde se ubica la última y excelente novela del boliviano Edmundo Paz Soldán, a la que muchos consideran un único ser integrado por todas las personas y animales que habitan en ella.
Los días de la peste narra como esta prisión, abarrotada, caótica y con un funcionamiento interno bastante peculiar, vive una extraña y mortífera plaga que acaba con la vida de una mujer que vive allí y que con rapidez se extiende por todo el penal. Esta crítica situación sanitaria pone de manifiesto todos los defectos de la Casona: la carencia de higiene, la mala alimentación, la violencia, la corrupción de los guardias, el abuso a los menores que viven allí con sus familiares presos, etc. La crudeza con la que Paz Soldán describe los efectos de la enfermedad (vómitos, diarreas, hemorragias), no impresiona tanto como la terrible situación que soportan la mayoría de los presos. La cárcel, que acaba sumida en el más absoluto descontrol por lo inestable de su equilibrio, posee una clara estratificación social. Así, mientras que algunos presos del primer patio poseen, gracias a que pueden pagar sobornos, lujosos apartamentos, los del tercer patio viven hacinados y los del cuarto son sometidos a torturas. Todo en la Casona se mueve en función del dinero que se posea.
A través de una narración polifónica a veces compleja, en ocasiones se hace difícil seguir el decurso temporal de los hechos, el lector va conociendo a todos los personajes que pululan por la casona. Mediante la primera o la segunda persona y con fragmentos breves que no suelen superar las dos páginas de extensión, se pone el foco sucesivamente en los mandatarios que manejan la prisión para sus fines políticos, los guardias que hacen del chantaje un complemento a su sueldo, en los presos que tienen que sobrevivir de las más diferentes formas y en los familiares, especialmente mujeres y niños, que acaban siendo los más vulnerables en la prisión.
La Casona está ubicada en la región de Los Confines, de un país que podría ser cualquiera de Latinoamérica. Ya con el propio nombre Paz Soldán comienza la definición de un lugar alejado del resto del país al que pertenece y que se siente abandonado por los políticos de la capital. Se entregan, además, a un culto a una especie de Virgen, a la que han bautizado como la Innombrable, representada con un machete entre los dientes. En este contexto en el que la brujería se mezcla con la religión, la Casona no es una excepción, sino el lugar donde la corrupción y la superstición que marcan a Los Confines acaba por explotar.
Consigue Edmundo Paz Soldán con Los días de la peste crear una obra compleja por su protagonismo colectivo e incómoda por su crudeza, pero de una lectura absorbente. 


jueves, 7 de septiembre de 2017

Duelo - Eduardo Halfon



Duelo, Eduardo Halfon, Libros del Asteroide, 2017, 106 págs., 14€.

Nadie puede poner en duda que las circunstancias familiares en las que una persona se ha criado influyen decisivamente en su personalidad y en su manera de ver el mundo. Todos somos una suma de factores en la que nuestra nacionalidad, nuestra clase social o nuestra educación tienen mucho peso en la configuración de nuestra personalidad. Sin embargo, en la infancia, época decisiva en la forja de nuestra individualidad, el universo familiar posee una influencia decisiva en nuestra manera de aprender a relacionarnos con el mundo.
Muchos escritores han sido conscientes de ello y han dedicado novelas o poemarios a las peculiaridades de sus familias. El caso de Eduardo Halfon es diferente: el narrador guatemalteco es autor no de un volumen, sino de una serie de obras sobre su entorno familiar, formada ya por varios volúmenes a los que ahora se suma este Duelo. Se trata de un proyecto aún abierto y en el que Halfon lleva trabajando durante años ofreciendo a los lectores obras tan interesantes como Monasterio (2014) o Signor Hoffman(2015). Además de para afrontar esos problemas de identidad tan habituales en los autores contemporáneos, Halfon retrata a una familia que ha sufrido múltiples avatares. Hijo de una pareja judía afincada en Guatemala, el autor pertenece a una estirpe que, durante el último siglo, se ha ramificado por Siria, Líbano, México, Estados Unidos, Perú, Polonia o Israel y que sufrió el Holocausto nazi.
Duelo parte de un recuerdo infantil, o, para ser más precisos, la reconstrucción de un secreto familiar a partir de lo que el narrador, de niño, escuchó a sus padres. Se trata de la muerte del tío Salomón, el hermano mayor del padre, que, según cree recordar el narrador, se ahogó siendo un niño en el lago guatemalteco donde la familia poseía una vivienda. El autor, trasunto de Halfon en un juego de autoficción habitual en esta serie de libros, comienza a reconstruir la historia de Salomón a partir de sus propios recuerdos. Esta búsqueda tiene como punto de partida la única fotografía que del niño fallecido posee la familia y en la que se le ve sobre la nieve.
Comienzan entonces a sucederse los lugares y los tiempos que, como si de un puzle se tratase, acaban formando la historia de Salomón y, por extensión, de la familia del autor. Así, Halfon recuerda episodios sucedidos en su infancia en Guatemala, en Estados Unidos, donde pasó su adolescencia, y en Alemania, allí acude al campo de concentración donde su abuelo estuvo encerrado. Afloran rencillas familiares, peleas entre hermanos, dudas sobre lo acontecido y recuerdos más positivos en una indagación sobre las raíces de ese secreto familiar que envuelve la muerte de Salomón.
En esta suma de planos temporales y espaciales adquiere protagonismo la visita del autor al lago guatemalteco de Amatitlán, donde según creyó de pequeño se ahogó su tío Salomón. Allí acaba recordando, a través del testimonio de un antiguo empleado de su abuelo y con la mediación de una curandera, la verdad sobre el fallecimiento de su tío y la importancia de su muerte en el devenir de la familia. A orillas del contaminado lago Amatitlán, donde pasó algunos de los momentos más dichosos de su infancia, Halfon, autor cuyos libros parten más de las dudas que de las certezas, también se interroga sobre su identidad nacional, tan conflictiva como la familiar.

Reseña publicada en El Noroeste


lunes, 28 de agosto de 2017

Patria - Fernando Aramburu


Patria, Fernando Aramburu, Tusquets, 2016, 646 págs., 22€.

¿Qué convierte a un libro en un best seller? Si alguien tuviera esa respuesta daría con la gallina de los huevos de oro de la Literatura, pero, afortunadamente, no existen fórmulas mágicas para que el boca a boca lleve a una obra literaria a aparecer en las listas de libros más vendidos durante meses. Fernando Aramburu, sospecho que sin proponérselo, ha dado con esa esquiva receta con Patria, su última novela.
Con esta obra se han repetido las pautas de otros best sellers: unas ventas normales al principio, un paulatino incremento en las mismas y, finalmente, el éxito total. Lo que diferencia el caso de Patria de otros es que su autor es un reconocido escritor, respetado por la crítica y con una sólida trayectoria previa. Aramburu se encontraba en el lugar adecuado para escribir este libro sobre el conflicto que vivió el País Vasco durante décadas por el terrorismo etarra. Se trata de un escritor experimentado, de origen vasco, aunque afincado desde hace años en Alemania, lo que le permite tener esa doble perspectiva interna y externa tan útil para tratar un tema tan polémico y doloroso como es el terrorismo de ETA y la respuesta, no siempre dentro del marco de la legalidad, del Estado.
Aramburu, conocedor de lo delicado de su proyecto, no otorga el protagonismo del libro a una única persona, sino a dos familias compuestas en total por siete miembros que se van repartiendo a lo largo de la novela el punto de vista de la narración. Aunque en estas familias encontramos la figura del terrorista, el vehemente Joxe Mari que entra en ETA siendo muy joven y luego pasará una larga temporada en la cárcel, y la víctima, el  Txato, un empresario euskaldún asesinado por no pagar el impuesto revolucionario, no serán ellos los únicos focos de atención de la historia.
Aramburu nos muestra las distintas caras del conflicto, concienciado en retratar diferentes realidades de la sociedad vasca. Así, Joxian, padre de Joxe Mari, tiene que alejarse del Txato, su mejor amigo, porque ha sido señalado como traidor a la causa vasca; Gorka decide defender a su pueblo no con las armas de su hermano, que detesta, sino mediante el euskera; la otra hija, Arantxa, sufre el desprecio de parte de la familia por casarse con un chico de familia castellana. En el otro lado, el de las víctimas, la amenaza primero y el asesinato después del padre influyen decisivamente en las vidas erráticas de Nerea y Xabier, los dos hijos del finado. Las madres, amigas íntimas antes de la separación de las dos familias, representan mejor que nadie, incluso que la víctima y el terrorista, los dos extremos de la sociedad. La muerte del Txato sume a Miren en una amargura que sólo al final de su vida podrá superar; mientras, Bittori, convertida en una radical de la causa en un giro un tanto brusco, es el apoyo más firme de Joxe Mari cuando este es encarcelado.
Aramburu logra retratar estupendamente a estos personajes, usando con frecuencia un monólogo interior en el que se cuelan incluso las incorrecciones gramaticales propias de la zona. El continuo cambio de focalización entre los siete protagonistas, los saltos temporales y cierta tendencia a la repetición que se podría haber evitado acortando la extensión del libro no lastran una obra oportuna y de lectura absorbente.   

jueves, 17 de agosto de 2017

Ya no estaremos aquí - Matías Candeira

lunes, 31 de julio de 2017

Arden las redes - Juan Soto Ivars




Arden las redes, Juan Soto Ivars, Debate, 2017, 286 págs., 18€.

El ensayo es un género difícil de escribir, ya que se debe mover entre la la seriedad en el acercamiento al tema tratado y la amenidad de su lectura. Me estoy refiriendo a esos ensayos de carácter divulgativo que no van dirigidos a un público especializado y minoritario, sino a un grupo mucho más amplio de lectores pero también menos proclives a aguantar un exceso de morosidad y teorización. Soto Ivars, acostumbrado a atraer la atención de los lectores con sus punzantes e irónicos artículos en El Confidencial, es muy consciente de ello y logra con Arden las redes ese difícil equilibrio entre la seriedad y la amenidad. Y es que son igual de frecuentes las referencias teóricas sobre el tema tratado y la explicación de casos concretos, las secciones más jugosas del libro.
El segundo y principal acierto del autor es la elección del tema sobre el que versa este ensayo. Tras el breve y llamativo título, el libro viene acompañado por un paratexto mucho más explicativo: “La poscensura y el  nuevo mundo virtual”. Soto Ivars ha sabido percibir la oportunidad de un ensayo sobre una situación tan novedosa como es la censura a través de las redes sociales y los linchamientos realizados por parte de ciudadanos anónimos ante situaciones que consideran intolerables. Lo reciente del fenómeno, que se ha desarrollado en el último lustro, es, simultáneamente, el punto flaco y el fuerte del libro. Estamos ante un libro con reflexiones carentes de la perspectiva que ofrece el tiempo, escritas de una manera casi inmediata, los últimos casos analizados datan de seis meses antes de la publicación del libro, y que tratan de ahondar en una situación muy reciente y que aún no ha terminado de mostrar todas sus vertientes.
Soto Ivars parece ser consciente de esa cercanía con el fenómeno analizado y completa su visión personal con una abundante bibliografía teórica, más de lo habitual en un ensayo divulgativo como este. Además, completa su análisis de esta poscensura que campa a sus anchas en las redes sociales con varios capítulos dedicados a repasar la censura tradicional, centrándose especialmente en España. Si bien esta sección del libro es tan sólo un amplio preámbulo a su parte central y más interesante, nos sirve para conocer algunas explicaciones de los linchamientos cibernéticos que se han producido en los últimos años. Entre ellos podemos destacar el miedo de las grandes empresas a la opinión desfavorable del público, la merma en la credibilidad del periodismo, la crisis de la figura del intelectual como generador de opinión y las dificultades para distinguir ficción de realidad de gran parte de la sociedad.
En la segunda sección del libro, Juan Soto Ivars analiza en profundidad la poscensura centrándose en varios de los casos más llamativos y significativos de linchamiento mediático que se han producido en España. Acierta aquí en elegir casos promovidos tanto desde la izquierda (a Nacho Vigalondo) como desde la derecha (a la revista Mongolia o a Guillermo Zapata); desde el feminismo más radical (a Jorge Cremades) o desde ámbitos taurinos y también antitaurinos. Todos estos grupos se mueven como un perfecto ejército de opinión en las escaramuzas de lo que el autor llama “guerra cultural”.
Soto Ivars pone  a la sociedad española ante ese espejo deformado que exagera sus defectos que son las redes sociales. 

Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 17 de julio de 2017

La acústica de los iglús - Almudena Sánchez



La acústica de los iglús, Almudena Sánchez, Caballo de Troya, 2016, 155 págs., 14€.

Algunos lectores y críticos suelen mirar con cierto recelo los relatos escritos con una prosa poética. Estos puristas de los géneros creen que una narración debe ser seca y con los adjetivos imprescindibles y critican con saña cualquier intento del narrador de introducir elementos como símiles o metáforas. Personalmente creo que si algo ha demostrado el paso del tiempo es que la flexibilidad de los límites genéricos es cada día mayor. Por eso pienso que cuando leemos libros de relatos como este La acústica de los iglús, ópera prima de la mallorquina Almudena Sánchez, en el que en ocasiones la trama de las narraciones queda soterrada bajo un estilo de gran riqueza, debemos desprendernos de los prejuicios y disfrutar con un tipo de narración diferente a la más canónica.
Y es que, como acabo de adelantar, relatos como “Introducción al relámpago” son más una sucesión de imágenes y una configuración de la protagonista a través de sensaciones que una historia. Es cierto que se nos habla de la extraña relación de la narradora con un fotógrafo obsesionado con sus lágrimas, pero este cuento se estructura a base de esos flash que recuerdan la labor del cámara. Algo similar ocurre con “Compostura: la línea imaginaria”, donde el concierto al que asiste la protagonista se diluye entre el sueño y la realidad, o “El nadador del Hotel Minerva”, que tiene como fondo el divorcio de los padres de la narradora y como punto de fuga a un enigmático ciego que recorre la piscina del hotel.
También es cierto que el resto de relatos del conjunto poseen, aún manteniendo ese lirismo y esa querencia por las metáforas imaginativas, tramas más sólidas que cuentan historias donde abundan las adolescentes soñadoras. En “La señora Smaig”, encontramos al prototipo de protagonista de este tipo de narraciones: una chica que visita el zoo para olvidar el hospital donde está confinada por una larga enfermedad. Allí conoce a una extraña mujer extranjera con la que forman una peculiar pareja. “El frío a través de los engranajes” nos muestra una familia, que la sociedad biempensante definiría como “disfuncional”, formada por una madre, sus dos hijos y una desvencijada furgoneta en la que parecen huir de no se sabe qué.
Un tono bastante diferente al habitual, ya que se mueve entre lo satírico y lo hilarante, posee “Apuntes desde la bóveda celeste”, relato protagonizado por una brillante y joven filósofa que encuentra un trabajo como astronauta. También en el cielo, aunque en un espacio más cercano, se desarrolla “Eclipse”, que cuenta el viaje que por fin se han decidido a realizar una pareja de ancianos en un contexto futurista e insólito. El relato titulado “El arte incrustado” es quizás el más destacado del conjunto; se narra la extraña relación entre dos jóvenes pianistas separadas por esos años en el que el deseo sexual aflora. Se trata de un relato crudo, sórdido en ocasiones, pero narrado con la inocencia de la protagonista. Similar punto de partida, por tratar las relaciones entre dos mujeres, tiene “El triunfo humano”, aunque se desarrolla en un ámbito, entre adultas y en un crucero, muy distinto.
El otro de los cuentos del conjunto, “Cualquier cosa viva”, ya aparecía en la antología Bajo treinta, donde se pudo vislumbrar lo que este libro confirma: que Almudena Sánchez es una narradora con una voz propia e imaginativa. 

Reseña publicada en El Noroeste:


viernes, 30 de junio de 2017

Fragmentos de un mundo acelerado - José Óscar López



Fragmentos de un mundo acelerado, José Óscar López, Balduque, 2017, 201 págs., 14€.

Ciento siete relatos. Ciento siete  inicios con sus respectivos finales. Ciento siete títulos que abren ciento siete mirillas por las que asomarnos al mundo. Ciento siete universos inabarcables de los que sólo conocemos un mínimo fragmento que explota cuando pasamos la página. José Óscar López nos ofrece en su último libro ciento siete microrrelatos que forman una obra de gran magnitud dentro de sus doscientas páginas.
Un número tan desorbitado de narraciones, aunque se muevan dentro de la extensión canónica del minicuento o lo superen ligeramente, hace muy difícil resumir en unas pocas líneas la esencia de un libro caracterizado, como anuncia el título, por su carácter fragmentario.  El autor ha querido compartir con nosotros su visión panóptica del universo no a través de un único y completo relato, sino mediante esta miríada de historias que forman el volumen. Crea así un libro en el que la unidad viene dada por el medio, el microrrelato, que utiliza para volcar sus obsesiones más variadas. Sabedor que un número tan alto de narraciones puede agobiar al lector, José Óscar López agrupa los ciento siete textos en diez secciones según algunos rasgos comunes que comparten, aunque nadie espere una homogeneidad de temáticas en un libro como este que toma la fragmentariedad por bandera.
La primera de ellas se titula Historia de las grandes ideas y nos ofrece algunos relatos cercanos a la ciencia ficción, con personajes de un futuro cercano pero bastante diferente al nuestro; destaca dentro de esta sección “La máquina”, narración de gran intriga con la que se abre el volumen. Del futuro saltamos al espacio en Principios de astronomía, compuesta por  una docena de microrrelatos entre los que sobresale  “Un superhombre”, reinterpretación de la historia de Supermán. En Una temporada en el infierno encontramos varios relatos sobre el tema de la muerte, como el desasosegante “Sala de espera” o el metaficcional “Digamos que un relato de terror”. Una intención similar posee “Novela negra en veinte líneas”, que se incluye dentro de los textos de temática literaria de Escuela de artistas.

La siguiente sección, Así me quedé sin conversación, es quizás la que contenga un mayor número de relatos destacados; con el sutil nexo de lo insólito uniéndolos a todos ellos, podemos citar aquellos que ponen en juego situaciones relacionadas con las redes sociales: “La frase” y “No, no era divertido en absoluto”. Las parejas son las protagonistas de la sección La construcción diaria del amor, con variantes metaliterarias como “En su casa”, mientras que dentro del Catálogo de patologías del siguiente apartado sobresale “La transformación”, con un tema tan tradicional en la minificción como es el del sueño. Otro de ellos sería la duda sobre la identidad propia, presente en “Desconocidos me saludan”, microrrelato incluido en la sección Los reyes cansados, una de las más heterogéneas del volumen. Más concreción tiene Aventuras sin fin, donde la sorpresa de lo inesperado se cuela en la cotidianeidad; un buen ejemplo de ello sería “Historia de un entrecot”, narración de un desayuno a  base de un filete que el protagonista se ve obligado a consumir. El tema de la muerte vuelve a aparecer en la última sección, La muerte no es el fin, donde la fina barrera que puede existir entre la somnolencia y el más allá protagoniza “Soñar con un cadáver”.

domingo, 11 de junio de 2017

Terroristas modernos - Cristina Morales




Terroristas modernos, Cristina Morales, Candaya, 2017, 400 págs., 20€.

Culmina Terroristas modernos, la última novela de la narradora granadina Cristina Morales, con una escena que resume perfectamente tanto el estilo como el argumento de la obra. Se trata de una fiesta clandestina celebrada en un teatro clausurado y en donde se mezclan, sin orden ni concierto, actuaciones variopintas y público perteneciente a distintas clases sociales pero igual de bullicioso. Esa feliz despreocupación que reina en el baile queda perfectamente reflejada en la manera de narrar, mezclando en la misma frase voces de distintos personajes, fragmentos de conversaciones e incluso idiomas, que Morales emplea durante todo el libro pero que llega a su culmen en este significativo episodio.
Terroristas modernos es, ante todo, una novela histórica, y tiene en la actualización que hace de este género la autora, una de las más interesantes de la generación de narradores nacidos en los años ochenta, uno de sus puntos fuertes. El libro es heredero de los mejores ejemplos de este tipo de narraciones que desarrollan su argumento en épocas pretéritas, aunque logra evitar los errores más habituales de este subgénero. En primer lugar, porque el libro huye de la superficialidad, por no decir banalidad, que muchas novelas históricas poseen y ofrece una trama interesante y enjundiosa. En segundo lugar, porque elige una época de gran interés y en la que se sucedieron tantos hechos relevantes para el devenir de la Historia de España como fue el comienzo del siglo XIX.
Pero el libro es una novela histórica de primer nivel gracias, sobre todo, a la creación de sus personajes. Por supuesto, en Terroristas modernos encontramos la variada y pintoresca fauna que pululaba por el Madrid de 1816, manolas, chulos, beatas, monjas, poetastros, chupatintas, petimetres, guerrilleros o afrancesados, pero Morales no se queda en el retrato costumbristas y da a sus creaciones un barniz moderno sin perder nunca la verosimilitud. Sólo en un par de ocasiones ofrece la narradora un guiño a sus lectores colando nombres de escritores actuales por autores decimonónicos o haciendo que en el baile se canten letras de Siniestro Total.
De entre la gran cantidad de personajes principales que tiene la novela, se agradece el listado de nombres que incluye el texto y que ayuda a no confundirlos, destaca el triángulo amoroso que forma  Catalina Castillejos con Vicente Plaza y Diego Lasso, dos ex militares y ahora conspiradores de personalidades muy distintas. Ella, una terrateniente andaluza de armas tomar, es la auténtica protagonista del libro, ya que la acompañamos desde que es abandonada en Madrid hasta que vuelve a su tierra. Se trata de una mujer resolutiva, independiente y curiosa que se debate entre las lisonjas del teniente Lasso y los desplantes de Plaza.
Este trío protagonista y otros personajes de casi igual importancia en la trama, como el espía Richart, el literato Torres, el guerrillero Vargas o la sastra Petra Montes, participan, de una forma u otra, en una conspiración que pretende lograr que el rey Fernando VII firme la constitución. El desarrollo de los hechos, que culminan aunque no finalizan, con ese desparrame que es el baile en el teatro, nos muestran comportamientos tan emparentados con los avatares políticos de España como son la improvisación, a veces chapuza, la desconfianza y el egoísmo. Nos mostrarán también la fina barrera que existe en considerar a un terrorista como libertador ya que la Historia la escriben siempre los vencedores. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


domingo, 4 de junio de 2017

Saturno - Eduardo Halfon




Saturno, Eduardo Halfon, Jekyll & Jill, 2017, 68 págs., 14€.

         Posee el dios Saturno una imagen muy negativa en nuestra cultura. Goya lo representó como un ser demoniaco que devoraba el cuerpo mutilado y sanguinolento de uno de sus hijos. Si bien es cierto que la mitología clásica ofrece una explicación bastante lógica de este atroz comportamiento, estaba obligado a hacerlo según el pacto que había contraído con su hermano Titán y que le permitía reinar, Saturno se ha convertido en el símbolo del mal padre. Esta identificación es la que provoca que el escritor guatemalteco Eduardo Halfon titule Saturno el cruento ajuste de cuentas con su progenitor que es este libro.
         Esta breve obra, que se mueve entre lo confesional y lo autobiográfico, formaba parte del primer volumen publicado por Halfon y que leemos ahora en una cuidada reedición de Jekyll & Jill catorce años después. En Saturno podemos encontrar algunos de los temas más importantes de sus últimos libros, Signor Hoffmann y Monasterio, como son las referencias literarias y la identidad judía. Sin embargo, estos y otros asuntos se supeditan al objetivo principal de la obra: describir la relación del autor con su padre.
         Halfon escribe una obra dura por su crudeza en la exposición de los sentimientos propios y por tratar sin tapujos el odio que siente hacia su padre. Estamos ante una especie de carta al padre, tema de ecos kafkianos, que se configura como un ajuste de cuentas con su progenitor necesario para purgar un dolor enraizado en el mismo origen de su personalidad. El narrador recuerda con amargura la dureza del padre, su carencia de empatía y el desprecio hacia su vocación literaria. Aparece como un tiránico empresario de éxito que se avergüenza del oficio de su primogénito y que no duda en inventarle, delante de sus amigos y socios, un perfil más acorde a sus intereses.
            Frente a este desprecio que el protagonista, trasunto directo del autor, ha sufrido por parte de su padre a lo largo de toda su vida y en todos los aspectos de su relación, él se refugia en la Literatura. Se convierte ésta no sólo en una pasión, sino en un reino propio cuya frontera el padre jamás querrá traspasar. Por ello, el mundo de las letras tiene tanta importancia en el desarrollo personal del protagonista, mayor si cabe que el de otros autores con más comprensión por su vocación en su familia, y protagoniza la otra mitad del libro.
            Y es que junto a ese ajuste de cuentas con el padre que vertebra el libro, Saturno también es una especie de catálogo de autores suicidas. Ante el lector desfilan las historias de escritores más o menos conocidos que optaron por acabar con su vida. Halfon explica las razones que los llevaron a este fin y los diferentes medios que emplearon literatos como Cesare Pavese, Virgina Woolf, Ernest Hemingway o Yukio Mishima. Las razones de que Halfon elija este delicado tema para completar su libro son, creo, varias. Por un lado estos aciagos finales de los escritores se pueden relacionar con la tristeza que destila el narrador por la dura relación con su padre. Por supuesto, también existe una identificación con el destino de los escritores, gremio que el autor siente como el suyo. Y el último vínculo entre ambos temas, el más concreto, es que muchos de estos suicidas tuvieran una difícil relación con sus propios padres. 

Reseña publicada en El Noroeste.