miércoles, 17 de mayo de 2017

Trazos en falso - Javier Tortosa


Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 25 de abril de 2017

Cuentos suspensivos - Antonio Parra Sanz



Cuentos suspensivos, Antonio Parra Sanz, La Fea Burguesía, 2017, 156 págs, 10€.

Ofrece la narrativa muchas variantes para que el autor cuente al lector esa historia que quiere relatar. Puede optar por el impacto del microrrelato, pergeñando un mundo de ficción en apenas unas líneas;  también cabe la posibilidad del cuento, con su mezcla de desarrollo y concisión; la novela corta es el siguiente paso que pone a disposición de los autores antes de la novela, el género narrativo por excelencia en nuestra época. Sin llegar a estas extensiones, los relatos deCuentos suspensivos de Antonio Parra Sanz se configuran como un muestrario de las distintas variantes que tiene la narrativa entre el microrrelato y el cuento, ya que podemos dividir los textos que en él aparecen en tres grupos según su extensión.
En primer lugar tendríamos las narraciones que, por longitud y características, podemos encuadrar dentro del cuento canónico. Se trata de historias en las que dentro de la cotidianeidad se introduce algún elemento perturbador, normalmente relacionado con la muerte o con el desamor. Destaca en primer lugar, dentro de este grupo de textos más extensos del volumen, “La tormenta”, que cuenta la estancia de un personaje en Lebozán, un siniestro pueblo gallego al que acude para reclamar una herencia. Tras sentirse extrañamente atraído por el lugar, acaba descubriendo una macabra costumbre arraigada en el villorrio que le afectará directamente. Destaca “La tormenta” por su humor negro y por los peculiares personajes que deambulan por Lebozán.
Otro de los cuentos mejor construidos del volumen es “El sueño de Tántalo”, protagonizado por el triángulo amoroso formado por Arturo, un curtido ex boxeador que trabaja de portero en un burdel, Karenina, una bella y fría prostituta, y Torres Vélez, turbio concejal del ayuntamiento local. Los tres se desenvuelven en un entorno marcado por la corrupción, la violencia y los intereses económicos. Diferente al resto de relatos es “Ite missa est”, que abandona el clásico narrador omnisciente para contar una historia de corrupción política y venganza a través de la perspectiva fragmentaria de varios personajes que acuden a una misa. En el resto de cuentos largos del libro encontramos asesinatos de naturaleza muy macabra, “Delicatessen”, protagonizados por persistentes insectos, “Inevitables golosas”, o con un giro final sorprendente, “Ícaro”.
Un segundo grupo de textos estaría  formado por cuentos breves, algo más extensos que lo habitual en el microrrelato. Se trata de narraciones en las que lograr el efecto deseado en el lector es más complicado ya que es difícil conjugar trama con omisión en un espacio tan reducido; además, suelen aparecer algunas referencias que el receptor puede no terminar de captar. De entre todos estos relatos breves sobresale uno que sí logra desarrollar en un par de páginas una historia que satisface al lector: “El Chancho”. Quizás la eficacia de esta narración radique en que aparece un estereotipo bien conocido por muchos lectores: el del dictador latinoamericano.
La última sección de Cuentos suspensivos lleva por título “Minificciones” e incluye doce microrrelatos que entran, esta vez sí, dentro del canon del género. Se trata de una manera muy eficaz de terminar el volumen, ofreciendo una variante narrativa que contrasta con los cuentos largos. En estos microrrelatos, Parra Sanz demuestra su oficio como narrador mediante textos concisos pero llamativos y que suelen esconder un giro sorprendente al final relacionado con un asesinato o una infidelidad.  

Reseña publicada en El Noroeste.


martes, 28 de marzo de 2017

Annobón - Luis Leante



Annobón, Luis Leante, Harper Collins, 2017, 301 págs, 18€.

En los veinte años que transcurrieron entre 1920 y 1940, los españoles vivieron dos dictaduras, una República, el ocaso de un reinado y una Guerra Civil. Fueron, como vemos, dos de las décadas más convulsas de la Historia de España y, como tales, han protagonizado numerosos ensayos sobre las razones que provocaron aquellos cambios en el país. Sin embargo, los libros de los historiadores no prestan atención a las pequeñas historias cotidianas de los ciudadanos de a pie que vivieron estos turbulentos años. Es ahí donde entran novelistas como Luis Leante, que con Annobón nos narra dos de estas historias individuales que fueron teselas del gran mosaico que supusieron estas dos décadas en la Historia de España.
El libro se centra en la investigación de un periodista, primero, y de un novelista amigo suyo, después, que, tras una serie de coincidencias, conocen la historia de dos hombres cuyas vidas se cruzaron en varias ocasiones: Alfonso Pedraza y Restituto Castilla. Pedraza se nos describe como un abogado leonés al que la Guerra Civil impide alcanzar el sueño que había rozado con la punta de los dedos: convertirse en juez. Por su parte, Castilla es un Guardia Civil  que se convierte en delegado del gobierno en la pequeña isla guineana de Annobón y que asesina al Gobernador de la colonia. Justo después de la Guerra Civil, la vida de ambos, que ya había corrido paralela, converge definitivamente cuando Castilla es uno de los condenados a muerte que el abogado Pedraza tiene que defender. Las coincidencias en su carácter, ambos se consideran hombres de honor, les unirán; pero circunstancias ajenas, como el propio juicio o la injerencia de la hermosa esposa de Castilla y del autoritario suegro de Pedraza, enturbiarán su relación.
Estos dos caracteres, los de los dos protagonistas, se encuentran entre lo más destacado del libro. Restituto Castilla es un personaje histórico interesantísimo y Leante ha sido sagaz a la hora de rescatarlo del olvido y convertirlo en el eje de su libro. Se trata de un hombre obsesionado por la igualdad y por la honradez que no siempre es bien entendido por sus conciudadanos, que le achacan su excesivo idealismo. Castilla encuentra en la remota isla de Annobón, adonde lo destinan en lo que parece un destierro, el lugar ideal para plasmar sus ideas utópicas. Se convierte allí en una especie de déspota ilustrado, intentando mejorar las condiciones de vida de los indígenas, que no terminan de entender a este idealista venido de tan lejos. Además, choca con los poderes fácticos del minúsculo lugar: los misioneros que lo enemistan con el gobernador al que Castilla asesinará.
El otro protagonista, Alfonso Pedraza, es también un idealista, aunque más intelectual y menos excéntrico que Castilla, que se topará con la infamia que rige los juicios a los vencidos en la Guerra Civil y en los que él ejerce de abogado defensor. Se sentirá atraído por los sólidos ideales de Restituto Castilla que acabarán arrastrándole, junto a su difícil situación familiar, a la derrota total.
Las peripecias de ambos hombres en una época marcada por los turbulentos cambios políticos, serán narrados desde el punto de vista de sus respectivas hijas, lo que confiere al relato una polifonía que nos muestra que la Historia no tiene nunca un único relato. 

Reseña publicada en El Noroeste.



lunes, 13 de marzo de 2017

La uruguaya - Pedro Mairal



La uruguaya, Pedro Mairal, Libros del Asteroide, 2017, 140 págs., 15€.

Creo que valoramos poco el hecho de que el español sea un idioma global hablado por varios cientos de millones de personas en Europa y en América. Que un lector de España pueda disfrutar con una novela como La uruguaya y conocer, a través de ella, las peculiaridades lingüísticas que su idioma adquiere a miles de kilómetros de donde nació es un tesoro. Porque la lectura de esta novela de Pedro Mairal nos trasporta al Río de la Plata, a la manera de vivir que tienen sus gentes, a través de un lenguaje fresco y de una viveza no siempre bien reflejada en la Literatura.
Porque uno de los valores de La uruguaya es la eficacia con la que Mairal refleja el español de Buenos Aires y Montevideo. Este recurso se convierte en estructural en un libro que describe dos urbes separadas por  sólo unos kilómetros de agua, pero que acrisolan la esencia de cada uno de los países de los que son capitales. Además, el escritor argentino otorga a los diálogos de sus personajes una gran autenticidad mediante el uso de un registro coloquial muy bien empleado. El narrador, protagonista a su vez de la novela, también tiene una manera muy particular de relatar lo que le ocurre, donde es habitual el uso de las enumeraciones y del humor hasta para las situaciones más serias.
Esta brillantez en el empleo del castellano porteño y montevideano, apenas discernibles por el oído español poco habituado, tiene una relación directa con la trama del libro. En La uruguaya, un escritor argentino, Pereyra, cuenta un día de septiembre que dinamitó su vida tal y como la conocía hasta ese momento. Con frecuentes flashbacks y saltos hacia el futuro, narra la historia unos meses después de lo sucedido, vamos conociendo un viaje relámpago a Montevideo que tiene una doble finalidad: encontrarse con Guerra, su amante uruguaya, y cobrar en dólares el jugoso adelanto por dos libros que aún ha de escribir y que le ayudará a mejorar su precaria economía. En Buenos Aires deja a su mujer y a su hijo y se embarca en lo que acaba siendo una pequeña aventura en la capital uruguaya.
El triángulo compuesto por su esposa, de la que sospecha una infidelidad, Guerra, una veinteañera a la que apenas ha visto un par de veces y con quien tiene una relación más virtual que real, y por Pereyra, aquejado de la crisis de los cuarenta, forma el corazón de la novela. Al igual que el dinero que espera cobrar en un banco de Montevideo, su amante uruguaya simboliza una forma de escapar de la madurez y de un matrimonio desgastado por el paso de los años. Sin embargo, Pereyra se irá dando cuenta de que realmente conoce poco a Guerra e incluso a su mujer, que también acabará sorprendiéndole.
Con estos mimbres, crea Mairal una novela ágil, divertida y que se lee con rapidez y gusto. Describe con ironía y acierto las miserias del mundillo literario que obliga a escritores como el protagonista a hacer equilibrios para poder llegar a fin de mes. Además, el libro se convierte en la cartografía personal de dos ciudades, Buenos Aires y Montevideo, que representan las dos caras de la vida de Pereyra. 

Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 28 de febrero de 2017

Dos mil noventa y seis - Ginés Sánchez



lunes, 13 de febrero de 2017

Años felices - Gonzalo Torné


Años felices, Gonzalo Torné, Anagrama, 2017,360 págs., 20€.


Transita Gonzalo Torné en Años felices por caminos poco trillados entre sus contemporáneos. Los narradores españoles nacidos, como él, en los setenta, se ocupan mayoritariamente de personajes cercanos y contextos actuales, abandonando muy poco esos lugares conocidos por el miedo, quizás, a adentrarse en terrenos poco seguros. Por ello, lo primero que debemos agradecer a Torné es que abra la ventana de la narrativa de su generación con una historia que recuerda otras épocas y distintas latitudes. Porque, desde el principio de la novela, llama la atención que tanto por cómo está escrita como por la ubicación de la misma, Nueva York, Años felices remita más a referentes estadounidenses, El gran Gatsby de Fitzgerald sería uno de ellos, que españoles.
La obra relata la vida de cinco amigos que se encuentran en el Nueva York de mitad del siglo XX y cuya relación sufre distintos vaivenes. Se trata de cinco personajes muy distintos y atractivos que ocupan alternativamente el protagonismo del libro y a los que conocemos de manera profunda mediante el uso del estilo indirecto libre. Las chicas del grupo son Claire y Jean, dos hermanas de clase media, bellas e inteligentes pero con caracteres muy distintos. Mientras que el perfil de Jean es el menos definido de los cinco protagonistas, desaparece durante gran parte del libro, Claire es una chica decidida y chispeante que va a influir decisivamente en las vidas de los tres personajes masculinos centrales. Estos son Kevin, un chico judío obsesionado por mejorar socialmente y que se siente despreciado por el resto del grupo; Alfred, un catalán que llega a Nueva York para triunfar como poeta y huir del colaboracionismo de su hermano con el Franquismo, y Harry Osborn, el diletante heredero de una distinguida familia neoyorquina.
La primera parte del libro narra esos “años felices” a los que alude el título y nos muestran a los cinco protagonistas disfrutando de su juventud. En un ambiente relajado y refinado, los chicos se divierten en la mansión de los Osborn en Manhattan, en los bares de la ciudad o en las excursiones al campo que realizan. Beben vino helado, realizan comentarios sarcásticos y fantasean con triunfar como poetas mientras disfrutan de la juventud. Sin embargo, esta belle époque acabará (¿y cuál no?) y el grupo comenzará a distanciarse debido a los matrimonios, la ambición, las envidias, los celos y las enormes diferencias sociales que les impiden seguir manteniendo esa amistad de la primera juventud.
Con un estilo a menudo suntuoso, lleno de símiles y adjetivos, aunque nunca recargado, Torné nos narra la historia de sus cinco protagonistas con una mirada que podríamos calificar de oblicua. A menudo el relato está contado desde el punto de vista de los personajes, de tal manera que con frecuencia olvidamos que estamos ante un narrador interno; éste suele desaparecer y su voz, dirigida a un receptor que cuenta uno de los capítulos, apenas nos permite conocer que ambos son descendientes de los protagonistas que quieren reconstruir la historia del grupo. Además, la novela se suele centrar en episodios en apariencia anecdóticos o que se aluden antes de ser explicados, como el recurrente suceso de las luciérnagas.
Todo ello configura Años felices como un agudo retrato de la evolución de las relaciones humanas que se forjan durante la juventud.  

Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 31 de enero de 2017

Tuyo es el mañana - Pablo Martín Sánchez


Tuyo es el mañana, Pablo Martín Sánchez, Acantilado, 2016, 218 págs., 18€.

La Transición ha sido quizás, tras la Guerra Civil, la etapa de la Historia de España más tratada por los novelistas del país. Se trata de algo normal si se tiene en cuenta que fueron años en los que se produjeron grandes cambios políticos y sociales en muy poco tiempo. Pablo Martín Sánchez ofrece una nueva y fresca perspectiva de esta etapa tan llena de tópicos y generadora de dogmas que aún soportamos; lo hace desde la visión de un autor que nació en ella, de hecho, tomando como punto de partida de su novela el nacimiento de un niño el mismo día que lo hizo él: el 18 de marzo de 1977.
En torno a la paternidad de este bebé, que acabará llamándose Pablo como el autor, se desarrolla una trama en la que participarán, de una forma u otra, los seis protagonistas de la novela. Estos personajes, cuyo peso en la obra y labor como narradores son parejos, están, a su vez, ordenados por parejas. Por un lado, tenemos a una sagaz y valiente niña y a un veterano galgo de carreras; por otro, a un empresario perteneciente a la burguesía barcelonesa y a su difunta madre, que comenta la acción desde un cuadro en la pared; y, por último, a una joven estudiante de periodismo y a su amante: un profesor muy comprometido políticamente.
Si no fueran suficientes estos seis narradores, siete si contamos la segunda persona mediante la cual conocemos las primeras horas del bebé, la estructura temporal es también compleja. La acción transcurre de manera cronológica y abarca completas las veinticuatro horas de ese 18 de marzo del año 77; además, cada personaje se va sucediendo en la labor de narrador interno, relatando lo ocurrido en presente. Si bien esta complejidad estructural lastra en algunos momentos la novela, se detiene demasiado en la madrugada, el autor logra que la acción avance con fluidez a pesar de la multiplicación de narradores y de la peculiaridad del tiempo del relato.
Esta complejidad que posee Tuyo es el mañana se observa también en el retrato del momento histórico: son muchos y diversos los temas que se tratan. Desde las manifestaciones estudiantiles, hasta el acoso escolar, pasando por la apertura en materia sexual y la adaptación de la burguesía a la incipiente democracia. 1977 fue un año de muchos cambios en España y los personajes de la novela ven sus vidas sacudidas por algunos de ellos. Si bien el retrato de la Transición no es el objetivo primordial del autor, es un telón de fondo importante que ocupa un segundo plano frente a la historia principal, este mosaico de personajes y ambientes distintos que es el libro es bastante eficaz a la hora de conocer la España, y también parcialmente Italia, de la época.
Esta complejidad, en la composición que no en la lectura, que es la marca de la novela como estamos comprobando, se observa también en el cuidado por el lenguaje. El autor elige con esmero el léxico utilizado por cada personaje, que responde a su edad, clase social y a la época en la que viven. Este es un detalle más de la habilidad, casi de orfebre, que ha demostrado Pablo Martín Sánchez al escribir esta interesante novela ambientada en la Barcelona de la Transición.
Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 16 de enero de 2017

La trayectoria de los aviones en el aire - Constanza Ternicier


La trayectoria de los aviones en el aire, Constanza Ternicier, Comba, 2016, 206 págs, 15€.

La escena elegida por un autor para ser ubicada al comienzo de una novela es una de las decisiones más importantes que ha de tomar a la hora de escribirla. El inicio de todo relato, más aún si estamos ante un cuento o un microrrelato, marca el paso del resto y debe enganchar al lector o, al menos, intrigar a ese tipo de receptor perezoso que abandona los libros que no lo atrapan en unas pocas páginas. Por eso, el primer acierto de Constanza Ternicier en La trayectoria de los aviones en el aire, la segunda novela de esta narradora chilena, es el inicio; las primeras líneas del libro nos describen el despertar de Amaya, la protagonista, del coma.
Este episodio impactante es, como parece obvio, axial en la historia narrada, ya que va a dividir en dos la vida de la joven chilena que es el personaje principal de la novela. Lo sucedido en los días inmediatamente posteriores se irá narrando de manera cronológica y detallada en el libro, mientras que su vida previa y, especialmente, el brote psicótico que la llevó al hospital, aparecerán de manera fragmentaria y desordenada. Amaya, y con ella el lector, irán descubriendo poco a poco que se encuentra en un hospital de Londres, ciudad a la que había ido de visita desde Barcelona, donde residía, y que está acompañada por sus padres, que cuidarán de ella antes de poder volver a Chile.
La lenta recuperación de Amaya provocará una regresión en la familia, que hará que sus padres, divorciados desde hace años, vuelvan a estar juntos y que ella sea de nuevo una niña desvalida que necesita el apoyo de sus progenitores para salir adelante. Además de estos tres personajes presentes en la clínica londinense, el otro actante fundamental en la historia es Aleix, el compañero de piso de la chica en Barcelona, con quien mantenía una relación ambigua, entre la amistad y el amor, afectada por las enfermedades de ambos (él sufre terribles migrañas) y la distancia.  
El relato, que avanza con la lentitud propia de las rehabilitaciones de los enfermos graves, se ubica en casi su totalidad en el hospital inglés de Charing Cross. Desde la mirada irónica de Amaya, se nos descubre un microcosmos muy particular habitado por diligentes médicos, enfermeras solícitas y un cariñoso cocinero oriental que no deja de traerle galletas y té. Este entorno acogedor y lleno, según la a veces alucinada imaginación de Amaya, de personas de ojos azules, contrasta con las clínicas chilenas y, por extensión, todo el país natal, descrito casi siempre desde una perspectiva negativa.
También destaca La trayectoria de los aviones en el aire por la variedad discursiva que encontramos en sus páginas y que ofrece una perspectiva múltiple de la historia de Amaya. Por un lado tenemos al narrador principal, que alterna capítulos en segunda persona, más cercanos a la protagonista, con otros en la habitual tercera persona. Por otro, encontramos fragmentos del diario que lleva el padre de Amaya mientras su hija está internada y que ella le roba en un descuido. Además, las canciones que va escuchando la protagonista, al menos una por cada capítulo, adquieren importancia en la historia.
Con todo ello construye Ternicier una novela interesante y profunda que retrata algunas de las obsesiones de su generación (la emancipación, el amor, la relación con su país) a partir de una experiencia traumática. 
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domingo, 25 de diciembre de 2016

Las margaritas no tienen la culpa - Teresa Mateo




Las margaritas no tienen la culpa, Teresa Mateo, Balduque, 2016, 60 págs., 10€.

Existen numerosos ejemplos de que la Literatura es algo vivo, un ente heterogéneo que muta de piel con los tiempos y que sabe adaptarse a la sociedad en la que se desarrolla. Uno de estos casos es el de la rehabilitación que ha sufrido el aforismo en los últimos años gracias, principalmente, a Twitter. Hace apenas una década el aforismo era un género alejado del gran público, con cierto aroma a naftalina y al que muchos definían como acabado. Sin embargo, el nacimiento de una red social que limitaba los mensajes a 144 caracteres impulsó que muchos usuarios, la mayoría de los cuales jamás habían oído hablar del aforismo, comenzaran a escribir breves sentencias o reflexiones que actualizaban el género cultivado por Lichtenberg. Entre esos tuiteros ha destacado Teresa Mateo, la autora de Las margaritas no tienen la culpa.
Porque este libro selecciona trescientos de los tuits más ingeniosos de una usuaria que ha conseguido enganchar a casi treinta mil personas a su particular manera de condensar la realidad. Sin una ordenación aparente, el lector va descubriendo página a página el ingenio de la autora, que crea un mundo muy particular en el que la realidad está vuelta del revés y donde nada es lo que parece. Obliga así al lector a replantearse algunas de sus creencias mediante unos juegos de palabras en los que son habituales los sentidos literales de las frases hechas y el uso de la polisemia para crear una nueva perspectiva del lenguaje y de la vida.
Pero, ¿son aforismos los trescientos textos que integran este volumen? Si somos exactos la respuesta debería ser negativa, pero la Literatura nos ha enseñado a que los límites genéricos sirven para poco. Por eso creo que los 300 tuits recogidos en Las margaritas no tienen la culpa son los aforismos que escribiría una persona como Teresa Mateo. Es decir, una autora de 32 años, joven aún para los cánones literarios, que también cultiva la poesía, hace apenas un año apareció su poemario Cuando nos repartimos los bares (2015), y que escribe para publicar en Twitter. Este medio es el que ha provocado algunas de las características que encontramos en el libro de esta autora murciana: inmediatez, ingenio, brevedad y, este ya es un rasgo de su estilo, sentimentalidad.
Porque los aforismos (porque lo son, ¿no?) de Teresa Mateo no se quedan en la simple pirueta lingüística, sino que nos dejan entrever rasgos de la forma de ser de la autora. Si bien no de manera tan directa como ocurre con los poemas, una lectura de Las margaritas no tienen la culpa nos deja traslucir los problemas, las obsesiones, los afectos y los ideales de la autora. Se configura así el volumen como una especie de mosaico que, mediante trescientas teselas, nos acaban por descubrir una personalidad enamoradiza, idealista, un poco despistada y muy socarrona. Yendo un poco más allá, podríamos incluso vislumbrar los ecos de una ruptura amorosa en estas pequeñas rendijas a los sentimientos de Teresa Mateo que son algunos de los textos del conjunto.
Se trata, por lo tanto, de un libro que nace al albur de su tiempo y que puede ser degustado en pequeños tragos para centrarse en el sabor individual de cada uno de los aforismos o de golpe para percibir ese mosaico que se dibuja al unir los fragmentos.
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domingo, 11 de diciembre de 2016

Vosotros, los muertos - Ginés S. Cutillas


Vosotros, los muertos, Ginés Cutillas, Cuadernos del Vigía, 2016, 101 págs., 14€.

Una de las particularidades del microrrelato, género peculiar en muchos aspectos, es su necesidad de impactar al lector. La famosa teoría de Julio Cortázar de que el cuento gana por K.O. se lleva al paroxismo en este hermano pequeño del relato, que posee apenas unas líneas para remover al receptor del texto. Por ello, muchos de los rasgos de la minificción están asociados a ese fin y existen temas que funcionan mejor que otros en estos parámetros textuales. Entre los que mejor acomodo encuentran está la presencia de la muerte, con sus múltiples variantes, de algún personaje. Se trata de un hecho trascendental, pero, a la vez, cotidiano  que desde siempre ha obsesionado al ser humano. En el caso concreto del microrrelato,  algunos de los mejores representantes del género han publicado libros en los que el tema de la muerte está muy presente; a los nombres de Max Aub, y sus Crímenes ejemplares, y Fernando Iwasaki, con Ajuar funerario, podemos unir el de Ginés Cutillas, que entra por derecho propio en esta selecta nómina con Vosotros, los muertos.
En Vosotros, los muertos encontramos diversas variantes sobre ese tránsito entre la vida y el más allá. Hay muertes alegres, “That`s life”; conciencia tras la muerte, “De lo efímero de los rectángulos azules”; extrañas personificaciones de la parca, “Desubicados”; personajes que se burlan de los fallecidos, “Interroguen al sepulturero”; decesos en pleno acto sexual, “La petite mort”; agobiantes descripciones del Más Allá, “El légamos del Hades”; resurrecciones por las que hay que pagar, “El negocio”; o asesinatos inesperados, “Asuntos de familia”. El libro es un amplio catálogo de las distintas maneras que tiene el ser humano de enfrentarse a la muerte y de las insospechadas formas que ésta le puede sobrevenir.
El autor incluye, además, alusiones a algunos de los grandes del género, reconociendo así la deuda contraída con estos referentes; destaca el homenaje a Borges, cuyo nombre de pila se le otorga al bibliotecario de “Recuerdos”. También encontramos lo que el propio autor define como una “micronovela policiaca en veinte capítulos y un epílogo”; se agradece la audacia de Cutillas de intentar dar una vuelta de tuerca al género, si bien el resultado no se encuentre entre lo mejor del libro. Entre los que sí están entre los microrrelatos más destacados del conjunto, que no escasean, podemos citar dos muy diferentes en cuanto a extensión: “El último hombre”, uno de los más largos y redondos, y “Terermoto”, un divertido juego de palabras de apenas un par de líneas.

 Cutillas nos ofrece una obra sólida y de gran interés, un excelente libro de minicuentos, algo no tan sencillo de lograr como la brevedad del género podría hacer pensar. Los autores de libros de minificción caen con demasiada frecuencia en el uso de trucos evidentes, en repeticiones de tono o estilo o en  la acumulación casi infinita de textos,  haciéndole un flaco favor al género, que, por culpa de estas publicaciones fallidas, parece que no resiste la repetición en un volumen de demasiados minicuentos del  mismo autor.  Pero Ginés Cutillas demuestra que conoce muy bien el género, al que le acaba de dedicar el ensayo titulado Lo bueno, si breve, etc. (2016), y evita esos errores en uno de los mejores libros de microrrelatos que se han publicado en España en los últimos años. 
Reseña publicada en El Noroeste.