jueves, 5 de abril de 2018

Y ahora, lo importante - Beatriz Navas



Y ahora, lo importante, Beatriz Navas, Caballo de Troya, 2018, 253 págs., 15,90€.

Todos los lectores de diarios tenemos bastante de voyeurs. Nos gusta conocer de primera mano la vida íntima de los autores que reflejan, con la distancia de la escritura que se sabe que será publicada, aspectos privados de su día a día y reflexiones personales. Cuando nos acercamos a diarios de escritores conocidos, como los de Andrés Trapiello, existe además un interés por disfrutar del estilo o de la capacidad discursiva de su prosa. Pero, ¿qué podemos esperar de las anotaciones de una quinceañera sobre su anodina vida? La respuesta la responde (parcialmente) Y ahora, lo importantede Beatriz Navas.
El libro se nos presenta como la transcripción del diario que llevó esta crítica de cine madrileña durante los años 1992 y 1993, cuando era una adolescente que comenzaba el instituto. En el epílogo, además de los motivos que le llevaron a publicar el libro y que se explican, en parte, por la intención de mostrar una imagen diferente de aquella simbólica época del pasado reciente de España, Navas afirma que, salvo algunos cambios menores, relacionados con la privacidad de terceras personas, el texto original ha sido respetado. Por ello, lo primero que choca de Y ahora, lo importante es su estilo directo y juvenil, en el que se ha sacrificado la búsqueda de la excelencia en la prosa por la autenticidad del tono y del léxico.
El diario se centra, especialmente, en el simbólico 1992, año en el que “todo” parecía estar pasando en nuestro país. La joven Bea se une a la efervescencia nacional y vive con pasión y orgullo acontecimientos de los que es testigo como las Olimpiadas de Barcelona, la Expo de Sevilla o la inauguración del Museo Thyssen en el contexto de la capitalidad europea de la cultura de Madrid. Este retrato directo de la España del 92 es seguramente lo más atractivo del libro; a los grandes acontecimientos se suman los problemas que aquella fachada institucional no lograba tapar como el terrorismo etarra, la inseguridad, la crisis económica, las agresiones racistas, las drogas, etc. Todos ellos aparecen en el diario de Bea tanto en sus propias meditaciones como en los titulares de los periódicos que copia en cada nueva entrada.
Pero Bea es, no lo olvidemos, una adolescente de clase media-alta, algo rebelde e instruida, su conocimiento de música y cine superan a los de los demás chavales de su edad, pero una chica de catorce años al fin y al cabo. Y como tal, el grueso del diario gira en torno a sus relaciones con sus amigas y con los chicos. Durante la mayor parte del libro asistimos a una sucesión de historias adolescentes de fiestas, borracheras, coqueteos con las drogas blandas, enamoramientos y desenamoramientos. Lo que se puede considerar algo lógico en el diario de una chica tan joven acaba convirtiéndose en el mayor defecto del libro, que cae pronto en una monotonía que puede cansar al lector.
Aunque encontramos las frustraciones, el idealismo, la espontaneidad y el miedo al futuro propios de la época, la Bea adolescente apenas cita en estas páginas el principal problema de su vida, tal y como la Bea adulta reconoce en el epílogo, como era la difícil situación provocada por el divorcio de sus padres.


martes, 13 de marzo de 2018

Oriente Medio, Oriente roto - Mikel Ayestarán



Oriente Medio, Oriente roto, Mikel Ayestarán, 17€, Península, 2017, 302 págs.

Muchos de los que hemos estudiado Periodismo hemos fantaseado alguna vez con ser corresponsales de guerra. Esa imagen clásica y romántica del reportero que se jugaba el tipo en contiendas lejanas para poder mandar una crónica desde primera línea de frente atrajo la febril imaginación de muchos jóvenes periodistas. Sin embargo, con el paso del tiempo, la mayoría hemos acabado en cómodas redacciones o en otros trabajos diferentes; sólo unos pocos, entre los que se encuentra Mikel Ayestarán, el autor de este libro, consiguieron llevar a cabo ese sueño que, como comprobamos en este Oriente Medio, Oriente roto, muy poco tiene que ver con lo imaginado.
Y es que en pleno siglo XXI, tanto el periodismo como las guerras han cambiado mucho con respecto a esa época dorada del reporterismo bélico que se vivió hace ya varias décadas. Tal y como refleja el periodista vasco, la atención de los medios de comunicación occidentales hacia las guerras que asolan con tanta frecuencia Oriente Medio, el espacio geográfico en el que se ha especializado Ayestarán, fluctúa rápidamente. Lo que hoy es portada, en unas semanas apenas tendrá espacio en informativos y periódicos, por lo que el reportero debe acostumbrarse a visitar numerosos lugares en guerra en poco tiempo.
Un episodio del libro que muestra cómo la actualidad manda la vive el autor en Saná, la capital de Yemen. Mientras cubre las protestas que se viven en este convulso país, Ayestarán recibe una llamada desde la redacción de su periódico que le informa de la muerte de Bin Laden y le conmina a viajar a la ciudad pakistaní donde ha sido asesinado por tropas de élite nortemericanas. El periodista guipuzcoano cuenta esas gestiones que nunca aparecen en las crónicas y que lo llevan a aporrear, literalmente, la puerta de la embajada pakistaní en Saná para hacerse con un visado que le permita cubrir la candente noticia.
Ayestarán organiza el libro geográfica y cronológicamente, de tal forma que cada capítulo resume su cobertura de distintas guerras o crisis políticas en países como Afganistán, Túnez, Egipto, Georgia, Siria o Líbano. Así, las grandes contiendas internacionales se mezclan con otras guerras menos conocidas y con los estallidos de la llamada Primavera Árabe, que el periodista vasco sigue con cercanía y conocimiento. En cada capítulo se cuenta brevemente la historia reciente del país, para, a continuación ofrecer episodios concretos y declaraciones de los protagonistas en las revueltas o de miembros de esa población civil tan vulnerable a estos avatares. A veces, la narración posee una gran tensión, como el relato de la emboscada de la que escapa por los pelos en Siria, mientras que otras la emoción de lo relatado embarga al reportero, como el bebé que es engullido por la multitud de refugiados que invade un tren en Macedonia.
La propia naturaleza fragmentaria del libro y su ordenación cronológica hace que el lector acabe algunos capítulos, especialmente aquellos que narran sucesos más alejados en el tiempo, con ganas de saber más. Sin embargo, Ayestarán consigue con este entretenido libro un doble objetivo: informarnos sobre la última década de conflictos políticos y bélicos en Oriente Medio y dar a conocer las interioridades de  la profesión de reportero de guerra, desterrando muchos de los tópicos que se le asocian.


domingo, 4 de marzo de 2018

Un paseo por la desgracia ajena - Javier Moreno




Un paseo por la desgracia ajena, Javier Moreno, Salto de Página, 2017, 170 págs., 16€.

Una pareja en traje de baño aparece haciéndose un selfie en la ilustración de portada de Un paseo por la desgracia ajena de Javier Moreno. La parte superior de esta imagen nos muestra una situación divertida y desenfadada que es habitual en nuestras playas verano tras verano: gente disfrutando de su periodo de vacaciones y haciéndose fotos para compartir el momento posteriormente con sus amigos. Sin embargo, en la sección inferior la escena adquiere un carácter alarmante al mostrarnos a la barca en la que está la pareja hundiéndose y, sobre todo, la amenazante silueta de un tiburón que se dirige hacia ellos.
Esta portada funciona como una perfecta metáfora de los relatos que componen este nuevo libro de este autor murciano afincado en Madrid. Moreno nos muestra la podredumbre que se esconde tras la fachada lustrosa de las casas de la burguesía. A lo largo de las páginas del libro vamos conociendo, como voyeurs que observan sin ser vistos las intimidades de las familias de su vecindario, comportamientos que se alejan de la imagen idealizada que queremos dar en las fotos que subimos a las redes sociales. Los diecisiete relatos de este soberbio libro acaban configurando ese paseo por la desgracia de esos otros, que son tan parecidos a nosotros mismos aunque nos resistamos a aceptarlo, que el título anuncia.
El volumen comienza con cuatro relatos que no dan respiro al lector y que anticipan el altísimo nivel que vamos encontrar a lo largo de todo el libro. En ellos aparecen familias que muestran una imagen externa ideal pero que esconden secretos, resquemores y traumas difíciles de superar. En este primer grupo de relatos destaca “La criada”, una brutal sátira que pone a la burguesía frente al espejo de sus propias contradicciones. El tono se hace mucho más liviano en las dos siguientes narraciones: “El coche fúnebre”, texto en el que la presión que puede llegar a ejercer un padre sobre un hijo se mezcla con el humor negro, y “El sueño más dulce”, donde el protagonista sufre un irónico castigo por su gula.
Las novedosas dinámicas que establecen en las relaciones sociales las nuevas tecnologías están en la base de tres de los relatos del conjunto. En “Phoenix” una web permite recibir mensajes póstumos de los muertos; en “ELLO” todas las decisiones están mediatizadas por esta aplicación; mientras que en “Selfie-vamps” se lleva al extremo la moda de la autofoto. Uno de los personajes de este cuento reaparece en “D.J”, relato que desarrolla un tema, los límites de la publicidad moderna, que ya aparecía en la última novela de Javier Moreno.
La aburrida vida de los matrimonios burgueses protagoniza “Reyes magos”, que confronta las atildadas conversaciones entre un grupo de padres con la brutalidad de las relaciones de sus hijos, y “Dos parejas”, sobre las consecuencias de un intercambio sexual entre dos matrimonios amigos. “En busca del fuego” y “El discurso del método” comparten escenario, el centro de Madrid, y protagonistas que desentonan con el entorno, un finlandés puesto de setas y un hombre que actúa como estatua humana respectivamente.
Con estos cuentos Moreno se aleja de esa narrativa un tanto críptica que encontrábamos en sus novelas Alma (2011) y 2020 (2013) y apuesta por la sátira social que ya hallábamos en Acontecimiento (2015) en un libro que lo confirma como uno de los mejores escritores de su generación.  

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 25 de febrero de 2018

El fin del mundo - Ismael Orcero Marín




El fin del mundo, Ismael Orcero Marín, Boria, 2018, 85 págs., 12€.

La famosa y ya manida frase de Gracián sobre las bondades de la brevedad se suele cumplir frecuentemente con el cuento. No me refiero por supuesto a que los relatos más exiguos sean mejores que los extensos por norma general; es difícil, por ejemplo, comparar dos obras maestras de la narrativa como son “El dinosaurio” de Monterroso y “Casa tomada” de Cortázar, ya que se trata de textos muy diferentes. Lo que defiendo es que, por regla general, un cuento gana cuando se desprende de todo aquello que no es esencial y se deja guiar por la concisión. Por supuesto que existen grandes relatos caracterizados por la morosidad, pero, especialmente con los autores noveles, la brevedad suele ser una buena elección.
Esta reflexión viene al hilo del primer libro del escritor cartagenero, afincado en Molina de Segura, Ismael Orcero Marín. Los diez relatos que componen El fin del mundo se despachan en apenas ochenta páginas y ello no impide que al lector le sean suficientes para disfrutar de un puñado de historias interesantes y bien rematadas, en las que la querencia por el género fantástico destaca junto al uso de la ironía. Con esta decena de cuentos que se mueven entre las cuatro y las doce páginas, Orcero evita aburrir al lector y opta por inicios muy directos que le meten de lleno en historias en las que lo sobrenatural suele colarse en situaciones aparentemente cotidianas.
El volumen comienza con uno de los textos más breves y brutales del conjunto: “El banquete”. En él un extraño accidente de tráfico en mitad del desierto pone a prueba la relación entre los supervivientes. “El inquilino” está directamente relacionado con “Tesoro”; en ambos aparece el mismo personaje, Elvira, y un minigolf abandonado. También coinciden los dos en estar protagonizados por mujeres solas que se enfrentan con valentía tanto a esa soledad como al mismo hecho sobrenatural que tiene lugar en sus respectivas casas.
El giro fantástico que sólo aparece al final del relato une a varios de los textos de El fin del mundo; en “La picota”, Carmen tiene que enfrentarse a una especie de caza de brujas moderna en su pueblo. Las creencias mágicas de los habitantes de las zonas rurales también protagonizan “La caverna”, uno de los textos más diferentes del conjunto por estar escrito en primera persona y en forma de carta. De temática similar, aunque argumento muy diferente, encontramos “El ángel que nos guarda”, sobre las indagaciones de un sacerdote sobre un curandero rural.
En “El fin del mundo” asistimos a un relato postapocalíptico con la irrupción de unos animales enloquecidos en la tranquilidad otoñal de una urbanización de playa. El libro termina con, “El pozo”, un nuevo texto con final sorprendente pero peor conseguido que los anteriores.
Mucho más atractivo es el cuento titulado “Mamá robot”, en el que aparece un robot, de cocina en este caso, que imita el comportamiento y las recetas de la madre del protagonista, pero que también recoge sus defectos. Por su parte, “Mala hierba” parte de una extraña enfermedad tropical para desembocar en un relato sobre la locura de los dictadores, en un relato con una evidente influencia de la literatura hispanoamericana tal y como Orcero reconoce en el epílogo.

Reseña publicada en El Noroeste.


jueves, 15 de febrero de 2018

Palos de ciego - David Torres



Palos de ciego, David Torres, Círculo de Tiza, 2017, 270 págs., 22€.

La mayoría de novelas o ensayos poseen un tema central sobre el que los autores construyen su discurso. Por supuesto, existen muchas obras literarias en los que se tratan diversos asuntos, pero incluso en estas suele sobresalir uno o existe una relación estrecha entre ellos que le otorga homogeneidad al conjunto. David Torres opta, sin embargo, por partir en Palos de ciego de dos historias muy diferentes que conviven a lo largo del libro como dos caminos paralelos.
El primero de estos asuntos tiene un origen histórico pero acaba adquiriendo, por cómo obsesiona al autor durante años, en un tono personal. Se trata de un episodio citado en una biografía del músico ruso Shostakóvich y del que, fuera de ese libro y de unas pocas referencias más, apenas se conocen detalles: la matanza en la ciudad ucraniana de Járkov de un número indeterminado de músicos ciegos durante la época de las grandes purgas estalinistas. Este suceso se convierte debido a su simbolismo (supuestamente el régimen quería acallar el sentimiento nacionalista en Ucrania), a su patetismo y al misterio sobre cómo, cuándo e incluso sobre si de verdad sucedió en acicate para que Torres sintiera que debía escribir un libro.
Sin embargo, y a pesar de recopilar mucha información sobre el episodio en concreto y sobre el estalinismo y su obsesión por el control de los músicos, el autor decide abandonar el proyecto que llevaba por título Borrón. Lo curioso es que en Palos de ciego, título que hace referencia al camino errático de Torres en la confección de la novela sobre la matanza de Járkov, encontramos no sólo ese proceso de preparación de Borrón, sino fragmentos del texto y comentarios sobre sus protagonistas. Mediante esta singular técnica, el libro que tenemos en las manos se convierte en una especie de palimpsesto en el que aún se percibe el relato que Torres desechó.
El otro episodio que estructura el relato posee, al contrario que la matanza de Járkov, un origen personal que tiende hacia lo colectivo. Consiste en el fallecimiento, con sólo un día de vida, del hermano mayor del autor en una clínica madrileña en la que se solían robar bebés para entregárselos a familias de clase adinerada. Aunque en el caso concreto de la familia de David Torres parece claro que el niño, llamado del mismo modo que el escritor, sí que falleció, se nos presenta uno de los hechos más turbios del pasado reciente de España. Esta tragedia familiar le da pie al autor para recopilar anécdotas de carácter personal sobre su infancia y sobre su relación con su hermano pequeño y con sus padres.
Como vemos, se trata de una obra con una estructura parecida a la de una matrioshka en la que dentro de una historia personal encontramos un episodio histórico que, a su vez, se convierte en novela incompleta. El problema viene con la débil relación que existe entre las dos historias centrales del libro, la matanza de ciegos y el fallecimiento del hermano, que no terminan de confluir a lo largo de la obra. Torres es consciente de ello y al final del texto defiende una teoría sobre la relación entre ambos que no termina de convencer. Sin embargo, esta tara no es óbice para admitir que estamos ante una obra estupenda, original, poliédrica y en el que palpita en cada línea la pasión del autor por narrar. 



miércoles, 31 de enero de 2018

El jinete de la tormenta - Darío Lozano



El jinete de la tormenta, Darío Lozano, Boria, 2017, 410 págs, 16€.

La bibliomanía es esa dolencia caracterizada por una atracción casi obsesiva por la lectura de libros. Se suele desarrollar en la infancia o en la adolescencia y normalmente afecta al individuo que la padece hasta el final de sus días. La han sufrido grandes escritores como Cervantes, que confesaba que leía cualquier papel que se encontraba por la calle, muchos bibliotecarios o profesores de literatura, que han pretendido calmar esta enfermedad gracias a su profesión. Y también la sufren los tres protagonistas de El jinete de la tormenta, primera novela publicada por el madrileño Darío Lozano.
El primero de ellos, Víctor, tiene la lectura como uno de los pocos alicientes de su triste vida de recepcionista nocturno. Se evade de su decadente relación con su esposa leyendo cómics y, especialmente, las novelas protagonizadas por una especie de James Bond hispano apellidado Crusat y creado por un famosísimo pero esquivo escritor que se esconde bajo el pseudónimo de Ricardo Espaldier. Gracias a una serie de carambolas del Destino, actante fundamental en esta historia según Víctor, que ejerce de narrador, el recepcionista se hace amigo del escritor al que idolatra, de nombre real Esteba, y del que poco a poco, en encuentros tan casuales como espaciados el tiempo, va conociendo su turbulenta vida.
Esteban es el segundo de estos bibliómanos que protagonizan la trama de El jinete de la tormenta. El éxito conseguido gracias a las novelas del espía Crusat no han servido para calmar una serie de inseguridades que nacen de una terrible infancia que lo ha llevado a vivir una vida turbulenta. La enseñanzas de Ludovico, un señor italiano que se convirtió en su verdadero padre, lo llevaron a amar la Literatura, que ya se había convertido en una escapatoria mental en sus duros años infantiles, y a escribir sesudos ensayos filosóficos que, muy a su pesar, no alcanzan la difusión y las ventas de esas novelas de las que él abomina.
Esteban pretende repetir con Erika, otra niña de infancia dura, la labor que Ludovico realizó con él. Y aunque consigue que comparta con él su obsesión por los libros, el carácter volcánico de ambos acaba por convertir torcer la relación entre la chica y su benefactor.
Con estos tres personajes principales, Darío Lozano crea una novela desenfadada, que alterna episodios lúgubres, los narrados por Esteban y por Erika, con otros más irónicos, los que cuentan la vida Víctor, con un humor que a veces es demasiado basto. En estas partes relatadas por el recepcionista son frecuentes los juegos de palabras que si bien muestran el carácter tragicómico del personaje, no están a la altura del resto de la obra.
En torno a este trío principal, pareja, ya que Víctor aparece más como testigo de la historia central que como protagonista, Lozano crea una amplia galería de personajes secundarios que destacan, en su mayoría, por su patetismo. Además de ese amor por los libros, en la novela encontramos otros temas como las difíciles relaciones paterno-filiales, las consecuencias de las adicciones, el ansia de fama de algunas personas, las diferencias entre la buena literatura y la literatura de consumo y frecuentes referencias a la cultura popular, especialmente al cómic.

Reseña publicada en El Noroeste. 


sábado, 20 de enero de 2018

Amores malsanos - Teresa Vicente



Amores malsanos, Teresa Vicente, La Fea Burguesía, 2017, 138 págs., 10€.

Siempre me han causado respeto los autores que teniendo una dilatada trayectoria en un género literario publican un libro perteneciente a otro. En el mundo de la literatura es muy difícil abrirse hueco y que lectores, críticos, editores y libreros conozcan un nombre y lo asocien a una manera de escribir. Por eso aquellos escritores que han recorrido ese a menudo tortuoso camino en un género determinado y que, una vez asentados en él, deciden debutar en otro distinto me parecen unos verdaderos valientes. Esto es lo que ocurre, en cierta medida, con Amores malsanos, el primer libro de cuentos de la murciana Teresa Vicente.
Si bien Vicente no es una autora de primer nivel nacional, sí que había ido haciéndose hueco durante los últimos años en el panorama poético de la Región de Murcia. Tras tres poemarios y una plaquette en los últimos seis años, una obra lírica, por lo tanto, ya enjundiosa, esta escritora ha decidido aventurarse a lanzar al mercado su ópera prima narrativa. Amores malsanos es una colección de doce cuentos que, en su mayoría, tienen como nexo la pasión amorosa desde un punto de vista alejado de los “cánones” más tradicionales. Lo que gran parte de la sociedad vería como “desviaciones”, los protagonistas de estos relatos lo viven entre el placer y los remordimientos.
Así, encontramos personajes como el bello protagonista de “El carnicero”, que entiende la prostitución como una manera de devolver a sus semejantes esa belleza que, por razones que acaba confesando, lo martiriza. El incesto sería el tabú que anida en la familia de “Biblis y Cauno”, una historia con ecos mitológicos que narra la pasión imposible entre dos hermanos. En “El colombófilo” encontramos a un marido tan profundamente enamorado de su mujer que acepta su infidelidad con tal de seguir junto a ella; este amor sin medida también va a determinar el final del hombre. La pasión alcanza su mayor grado de perversión en “Actos de amor”, relato en el que un sueño descubre a Javier el tipo de relación sexual que más lo excita.
Encontramos también relatos mucho más entrañables, como el que narra la tierna pasión entre dos jóvenes estudiantes universitarios cuya amistad va poco a poco convirtiéndose en amor. En “Tía Úrsula”, el más breve del conjunto, el tema que se desarrolla es la imposibilidad de un matrimonio de tener hijos. Entro los más desenfadados y divertidos podemos citar “El secreto”, en el que un ciego coquetea con dos chicas a cuenta de su imposibilidad de imaginarlas físicamente. Por su parte, “El segundo alimento del cuerpo” tiene un tono casi detectivesco, ya que acompañamos la investigación del protagonista hasta dar con el desconocido autor de un famoso libro erótico.
El resto de cuentos del conjunto se alejan de esta temática amorosa y pasional y se acercan a la leyenda, ya que introducen elementos maravillosos. Es el caso de “Eliodora, Dora”, ubicada en Caravaca de la Cruz, o de “Crónica de los siete durmientes de Éfeso”, que nos lleva a tierras del Mediterráneo Oriental. También introduce lo imposible, pero en un contexto más cercano a lo fantástico, el relato más extenso y, creemos, más conseguido del conjunto: “Alas prestadas”. Se trata de un cuento que aúna la ciencia ficción y una reflexión sobre la paternidad y las posibilidades que ofrece la ciencia a la evolución humana.

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 14 de enero de 2018

Muro de las lamentaciones - Rubén Castillo



Muro de las lamentaciones, Rubén Castillo, Baile del sol, 2017, 172 págs., 10€.

Existe un concepto en la Teoría Literaria de extraño nombre y definición confusa que, sin embargo, ofrece numerosas posibilidades a los escritores. Me estoy refiriendo a la “intertextualidad”, término que alude a las relaciones entre un texto literario y otro previo. En la práctica, y acotándolo un poco, consiste en las parodias, homenajes o referencias a una obra literaria previa que existan en un nuevo texto. Rubén Castillo emplea con habilidad y oficio narrativo las posibilidades que ofrece esta técnica en varios de los cuentos de Muro de las lamentaciones.
Este grupo de relatos intertextuales dosifican la información relativa al personaje literario o histórico y, a menudo, no somos conscientes de la referencia hasta las líneas finales. Además, el autor permite que los lectores que no conozcan la alusión disfruten igualmente de los cuentos, ya que se trata de narraciones independientes, con su propia trama, en las que la lectura intertextual enriquece la recepción pero no es fundamental para entender la historia.
“Cartas de Wendy” es el primero de los textos de este grupo; ubicado en el Berlín del final de la Segunda Guerra Mundial, se completa con una alusión al escritor Franz Kafka. El subtítulo de “El último caballero andante” ya adelanta la naturaleza que posee el relato: “Un divertimento cervantino”. Por su parte, en “Guillermina” la referencia a Neruda sólo aparece justo al final del relato. El grupo de relatos intertextuales se completa con “Las lágrimas de Gontard”, que da voz al banquero de cuya mujer se enamoró el poeta Hölderlein, y con “Si me mirara”, donde una tímida dama se enamora desde la distancia de un hombre que se identifica con uno de los heterónimos de Pessoa.
Pero Muro de las lamentaciones es mucho más que un juego de referencias literarias que el lector debe averiguar; si por algo destacan estos catorce cuentos de lectura absorbente y estilo ágil, es por su variedad. “En la cinta transportadora” y “Sábados alternos” comparten protagonistas similares, dos mujeres de mediana edad, pero que viven situaciones opuestas. Mientras que la primera vive atrapada en un trabajo duro y mal pagado y en la rutina familiar, la segunda es una mujer de negocios muy independiente.
El inexorable paso del tiempo y la frustración que provoca en algunas personas que se dan cuenta de que se han dejado arrastrar por él son sentimientos compartidos por los protagonistas de “Blas”, que recuerda episodios de su añorada infancia, y de “La soledad de pájaro dodo”, en el que se traza un paralelismo entre esta ave desaparecida y un gris guardia de un pueblerino museo británico. Esta frustración, que en los anteriores es secundaria, adquiere protagonismo en el impactante final de “El hombre de los zapatos color corinto”. “Estirpes” relata la ancestral enemistad entre dos familias que han ido heredando de generación en generación el odio mutuo que se profesan. Por su parte, “Alucinaciones” puede encuadrarse dentro de la narrativa fantástica, mientras que “Dos cuentos para que usted los escriba” posee una naturaleza metaliteraria.
Mención aparte merece “La división Keeler”, el mejor texto de la colección en mi opinión. Con una profundidad mayor que en el resto de relatos, el narrador acompaña a Ernesto durante una madrugada en la que reflexiona sobre su poco exitosa carrera de escritor y sobre las consecuencias de su decisión de romper con su esposa para irse a vivir con una chica mucho más joven. 

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 7 de enero de 2018

Hermano de hielo - Alicia Kopf



Hermano de hielo, Alicia Kopf, Alpha Decay, 2016, 256 págs., 20€.

Cada cierto tiempo aparecen iluminados en la Literatura que anuncian con gran boato el fin de la novela. Abogan por dejar atrás un género que consideran apolillado y que podía responder a las necesidades narrativas del siglo XIX, pero que no puede encerrar en su monotonía el vibrante y acelerado siglo XXI. Sin embargo, pasan los años y siguen apareciendo novelas que logran reflejar las cuitas del hombre contemporáneo, demostrando la capacidad de adaptación de este género que lo mismo sirve para definir monumentos como el Ulises como para agrupar en los centros comerciales los best sellers más tópicos.
A pesar de ello, la validez incuestionable de la novela, se agradecen que los nuevos tiempos traigan libros como esteHermano de hielo que se alejan de los formatos tradicionales para proponer un discurso novedoso y heterogéneo. Como un rompehielos que atraviesa los límites de los géneros, el segundo libro de Alicia Kopf transita por las llanuras del ensayo, sube las cotas heladas del diario más descarnado y termina en las costas de la literatura de viaje.
El libro comienza, tras ofrecer en uno de los primeros capítulos un texto un tanto confuso y metafórico que no termina de encajar con el resto de la obra, como una investigación sobre la historia de las expediciones polares. Este tema interesa a la autora de manera casi obsesiva durante unos años, durante los cuales va recopilando de manera desordenada libros o artículos que narran las grandes hazañas de los conquistadores de los Polos. De manera amena, documentada pero ágil, Kopf relata las razones que llevaron a estos intrépidos aventureros de principios del siglo XX a enfrentarse a las llanuras heladas de la Antártida o del Polo Norte.
Este primer tema le sirve a la autora para, de manera alegórica, introducir un segundo asunto que ha acabado dando nombre al libro: la enfermedad de su hermano. Debido a un tipo de autismo, M., el hermano mayor de Kopf, es incapaz de tomar decisiones por sí mismo y se queda “congelado” si su hermana o su madre no le dicen en cada momento lo que debe hacer. Aparecen en estas páginas el enorme trabajo que para su progenitora, separada del padre desde hace años, supone cuidar a M. o las dudas sobre su propia responsabilidad en el futuro de su hermano.
Este carácter confesional del libro, el más atractivo del conjunto, trata también otros temas personales como la rebeldía de su adolescencia, las parejas, el proceloso mundo de las exposiciones en las que Kopf participa como artista y la difícil relación con su padre y con la familia de este. Este último tema es sin duda el más duro de tratar por la autora, que usa la elipsis para evitarlo al reproducir la conversación que sobre este asunto tiene con su psicólogo. Emplea incluso la autocensura, evitando dar más datos sobre las causas de la ruptura con su padre.
El libro termina con un diario sobre un viaje en solitario a Islandia, un final lógico para un libro en el que la soledad y el hielo han estado tan presentes. Sin embargo, este periplo no ofrece a la autora la epifanía que algunos lectores esperábamos, sino que acaba convirtiéndose en uno de esos viajes anodinos con los que el turismo de masas ha logrado aplacar hasta las tierras más indómitas. 

Reseña publicada en El Noroeste.


martes, 26 de diciembre de 2017

Escuchar Irán - Patricia Almárcegui


Escuchar Irán, Patricia Almárcegui, Newcastle Ediciones, 2016, 140 págs., 6€.
 El conocimiento que, desde España, poseemos de Irán está basado en tópicos. Tópicos asociados a su ubicación geográfica, entre dos países tan marcados por conflictos recientes como son Irak y Afganistán, o a su religión mayoritaria, el Islam. Afortunadamente, la percepción general de Irán desde Occidente ha mejorado en los últimos años y ya aparece representado como un posible socio comercial. Para el lector interesado en desterrar esos prejuicios que aún subyacen en la opinión pública de nuestro país y conocer mejor al estado persa es recomendable la lectura de este Escuchar Irán de Patricia Almarcegui.
Lo primero que llama la atención, incluso antes de comenzar a leer volumen, es el perfil de su autora. Echando un vistazo a su trayectoria profesional observamos que su conocimiento de Irán y de otros países de la zona es profundo. Almarcegui colabora en varios medios de comunicación con artículos sobre la cultura y la política de la zona y es la autora de otro libro de inminente aparición que lleva el sugerente título de Una viajera por Asia Central. Además, su perfil de investigadora la ha llevado a publicar varios ensayos sobre la literatura de viaje. En Escuchar Irán se aprecia esta doble especialización y son frecuentes tanto las referencias a la Historia de Persia como a los principales teóricos sobre la narrativa viajera.
A pesar de que esta vertiente ensayística aparece a lo largo de toda la obra, el libro no es una obra fría que analiza de manera meramente teórica la realidad del país; Escuchar Irán es, ante todo, la narración del viaje que Almarcegui realizó durante varias semanas a Irán en el verano de 2005. Este periplo por varias de las ciudades más turísticas del país tuvo dos características que determinan la naturaleza del libro. La primera es la distancia temporal, una década, entre el viaje y la publicación de la obra; la segunda es el hecho de que la autora realizara gran parte del itinerario en solitario.
Viajar sin compañía no es un hecho que llame la atención en Europa; pero el  que una mujer occidental recorra a solas un país islámico como Irán provoca situaciones de distinto cariz que Almarcegui refleja en el libro. Algunos de los iraníes con los que se encuentra le expresan la perplejidad que les provoca el tipo de viaje que está realizando. En algunas ocasiones, cree que algunos hombres la siguen por la calle, sensación que comparte con las mujeres autóctonas con las que charla. Esta cercanía con las chicas que se le acercan en cualquier ciudad para hablar con ella es el lado positivo de viajar sola. Estas conversaciones y la experiencia propia dan a varios pasajes del libro un carácter feminista que busca romper con muchos tópicos asociados a la mujer tanto en Oriente como en Occidente.
Los diez años que han pasado desde el viaje permiten a la autora ofrecer una perspectiva más amplia de lo que significó para ella. Enriquece las reflexiones del presente con fragmentos del diario que llevó durante su periplo y que nos muestran las sensaciones más personales de la experiencia vivida. Consigue Almarcegui, en su relato desprejuiciado aunque nada edulcorado de la realidad iraní, prender en el lector el deseo de conocer mejor el país.