martes, 28 de marzo de 2017

Annobón - Luis Leante



Annobón, Luis Leante, Harper Collins, 2017, 301 págs, 18€.

En los veinte años que transcurrieron entre 1920 y 1940, los españoles vivieron dos dictaduras, una República, el ocaso de un reinado y una Guerra Civil. Fueron, como vemos, dos de las décadas más convulsas de la Historia de España y, como tales, han protagonizado numerosos ensayos sobre las razones que provocaron aquellos cambios en el país. Sin embargo, los libros de los historiadores no prestan atención a las pequeñas historias cotidianas de los ciudadanos de a pie que vivieron estos turbulentos años. Es ahí donde entran novelistas como Luis Leante, que con Annobón nos narra dos de estas historias individuales que fueron teselas del gran mosaico que supusieron estas dos décadas en la Historia de España.
El libro se centra en la investigación de un periodista, primero, y de un novelista amigo suyo, después, que, tras una serie de coincidencias, conocen la historia de dos hombres cuyas vidas se cruzaron en varias ocasiones: Alfonso Pedraza y Restituto Castilla. Pedraza se nos describe como un abogado leonés al que la Guerra Civil impide alcanzar el sueño que había rozado con la punta de los dedos: convertirse en juez. Por su parte, Castilla es un Guardia Civil  que se convierte en delegado del gobierno en la pequeña isla guineana de Annobón y que asesina al Gobernador de la colonia. Justo después de la Guerra Civil, la vida de ambos, que ya había corrido paralela, converge definitivamente cuando Castilla es uno de los condenados a muerte que el abogado Pedraza tiene que defender. Las coincidencias en su carácter, ambos se consideran hombres de honor, les unirán; pero circunstancias ajenas, como el propio juicio o la injerencia de la hermosa esposa de Castilla y del autoritario suegro de Pedraza, enturbiarán su relación.
Estos dos caracteres, los de los dos protagonistas, se encuentran entre lo más destacado del libro. Restituto Castilla es un personaje histórico interesantísimo y Leante ha sido sagaz a la hora de rescatarlo del olvido y convertirlo en el eje de su libro. Se trata de un hombre obsesionado por la igualdad y por la honradez que no siempre es bien entendido por sus conciudadanos, que le achacan su excesivo idealismo. Castilla encuentra en la remota isla de Annobón, adonde lo destinan en lo que parece un destierro, el lugar ideal para plasmar sus ideas utópicas. Se convierte allí en una especie de déspota ilustrado, intentando mejorar las condiciones de vida de los indígenas, que no terminan de entender a este idealista venido de tan lejos. Además, choca con los poderes fácticos del minúsculo lugar: los misioneros que lo enemistan con el gobernador al que Castilla asesinará.
El otro protagonista, Alfonso Pedraza, es también un idealista, aunque más intelectual y menos excéntrico que Castilla, que se topará con la infamia que rige los juicios a los vencidos en la Guerra Civil y en los que él ejerce de abogado defensor. Se sentirá atraído por los sólidos ideales de Restituto Castilla que acabarán arrastrándole, junto a su difícil situación familiar, a la derrota total.
Las peripecias de ambos hombres en una época marcada por los turbulentos cambios políticos, serán narrados desde el punto de vista de sus respectivas hijas, lo que confiere al relato una polifonía que nos muestra que la Historia no tiene nunca un único relato. 

Reseña publicada en El Noroeste.



lunes, 13 de marzo de 2017

La uruguaya - Pedro Mairal



La uruguaya, Pedro Mairal, Libros del Asteroide, 2017, 140 págs., 15€.

Creo que valoramos poco el hecho de que el español sea un idioma global hablado por varios cientos de millones de personas en Europa y en América. Que un lector de España pueda disfrutar con una novela como La uruguaya y conocer, a través de ella, las peculiaridades lingüísticas que su idioma adquiere a miles de kilómetros de donde nació es un tesoro. Porque la lectura de esta novela de Pedro Mairal nos trasporta al Río de la Plata, a la manera de vivir que tienen sus gentes, a través de un lenguaje fresco y de una viveza no siempre bien reflejada en la Literatura.
Porque uno de los valores de La uruguaya es la eficacia con la que Mairal refleja el español de Buenos Aires y Montevideo. Este recurso se convierte en estructural en un libro que describe dos urbes separadas por  sólo unos kilómetros de agua, pero que acrisolan la esencia de cada uno de los países de los que son capitales. Además, el escritor argentino otorga a los diálogos de sus personajes una gran autenticidad mediante el uso de un registro coloquial muy bien empleado. El narrador, protagonista a su vez de la novela, también tiene una manera muy particular de relatar lo que le ocurre, donde es habitual el uso de las enumeraciones y del humor hasta para las situaciones más serias.
Esta brillantez en el empleo del castellano porteño y montevideano, apenas discernibles por el oído español poco habituado, tiene una relación directa con la trama del libro. En La uruguaya, un escritor argentino, Pereyra, cuenta un día de septiembre que dinamitó su vida tal y como la conocía hasta ese momento. Con frecuentes flashbacks y saltos hacia el futuro, narra la historia unos meses después de lo sucedido, vamos conociendo un viaje relámpago a Montevideo que tiene una doble finalidad: encontrarse con Guerra, su amante uruguaya, y cobrar en dólares el jugoso adelanto por dos libros que aún ha de escribir y que le ayudará a mejorar su precaria economía. En Buenos Aires deja a su mujer y a su hijo y se embarca en lo que acaba siendo una pequeña aventura en la capital uruguaya.
El triángulo compuesto por su esposa, de la que sospecha una infidelidad, Guerra, una veinteañera a la que apenas ha visto un par de veces y con quien tiene una relación más virtual que real, y por Pereyra, aquejado de la crisis de los cuarenta, forma el corazón de la novela. Al igual que el dinero que espera cobrar en un banco de Montevideo, su amante uruguaya simboliza una forma de escapar de la madurez y de un matrimonio desgastado por el paso de los años. Sin embargo, Pereyra se irá dando cuenta de que realmente conoce poco a Guerra e incluso a su mujer, que también acabará sorprendiéndole.
Con estos mimbres, crea Mairal una novela ágil, divertida y que se lee con rapidez y gusto. Describe con ironía y acierto las miserias del mundillo literario que obliga a escritores como el protagonista a hacer equilibrios para poder llegar a fin de mes. Además, el libro se convierte en la cartografía personal de dos ciudades, Buenos Aires y Montevideo, que representan las dos caras de la vida de Pereyra. 

Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 28 de febrero de 2017

Dos mil noventa y seis - Ginés Sánchez



lunes, 13 de febrero de 2017

Años felices - Gonzalo Torné


Años felices, Gonzalo Torné, Anagrama, 2017,360 págs., 20€.


Transita Gonzalo Torné en Años felices por caminos poco trillados entre sus contemporáneos. Los narradores españoles nacidos, como él, en los setenta, se ocupan mayoritariamente de personajes cercanos y contextos actuales, abandonando muy poco esos lugares conocidos por el miedo, quizás, a adentrarse en terrenos poco seguros. Por ello, lo primero que debemos agradecer a Torné es que abra la ventana de la narrativa de su generación con una historia que recuerda otras épocas y distintas latitudes. Porque, desde el principio de la novela, llama la atención que tanto por cómo está escrita como por la ubicación de la misma, Nueva York, Años felices remita más a referentes estadounidenses, El gran Gatsby de Fitzgerald sería uno de ellos, que españoles.
La obra relata la vida de cinco amigos que se encuentran en el Nueva York de mitad del siglo XX y cuya relación sufre distintos vaivenes. Se trata de cinco personajes muy distintos y atractivos que ocupan alternativamente el protagonismo del libro y a los que conocemos de manera profunda mediante el uso del estilo indirecto libre. Las chicas del grupo son Claire y Jean, dos hermanas de clase media, bellas e inteligentes pero con caracteres muy distintos. Mientras que el perfil de Jean es el menos definido de los cinco protagonistas, desaparece durante gran parte del libro, Claire es una chica decidida y chispeante que va a influir decisivamente en las vidas de los tres personajes masculinos centrales. Estos son Kevin, un chico judío obsesionado por mejorar socialmente y que se siente despreciado por el resto del grupo; Alfred, un catalán que llega a Nueva York para triunfar como poeta y huir del colaboracionismo de su hermano con el Franquismo, y Harry Osborn, el diletante heredero de una distinguida familia neoyorquina.
La primera parte del libro narra esos “años felices” a los que alude el título y nos muestran a los cinco protagonistas disfrutando de su juventud. En un ambiente relajado y refinado, los chicos se divierten en la mansión de los Osborn en Manhattan, en los bares de la ciudad o en las excursiones al campo que realizan. Beben vino helado, realizan comentarios sarcásticos y fantasean con triunfar como poetas mientras disfrutan de la juventud. Sin embargo, esta belle époque acabará (¿y cuál no?) y el grupo comenzará a distanciarse debido a los matrimonios, la ambición, las envidias, los celos y las enormes diferencias sociales que les impiden seguir manteniendo esa amistad de la primera juventud.
Con un estilo a menudo suntuoso, lleno de símiles y adjetivos, aunque nunca recargado, Torné nos narra la historia de sus cinco protagonistas con una mirada que podríamos calificar de oblicua. A menudo el relato está contado desde el punto de vista de los personajes, de tal manera que con frecuencia olvidamos que estamos ante un narrador interno; éste suele desaparecer y su voz, dirigida a un receptor que cuenta uno de los capítulos, apenas nos permite conocer que ambos son descendientes de los protagonistas que quieren reconstruir la historia del grupo. Además, la novela se suele centrar en episodios en apariencia anecdóticos o que se aluden antes de ser explicados, como el recurrente suceso de las luciérnagas.
Todo ello configura Años felices como un agudo retrato de la evolución de las relaciones humanas que se forjan durante la juventud.  

Reseña publicada en El Noroeste:


martes, 31 de enero de 2017

Tuyo es el mañana - Pablo Martín Sánchez


Tuyo es el mañana, Pablo Martín Sánchez, Acantilado, 2016, 218 págs., 18€.

La Transición ha sido quizás, tras la Guerra Civil, la etapa de la Historia de España más tratada por los novelistas del país. Se trata de algo normal si se tiene en cuenta que fueron años en los que se produjeron grandes cambios políticos y sociales en muy poco tiempo. Pablo Martín Sánchez ofrece una nueva y fresca perspectiva de esta etapa tan llena de tópicos y generadora de dogmas que aún soportamos; lo hace desde la visión de un autor que nació en ella, de hecho, tomando como punto de partida de su novela el nacimiento de un niño el mismo día que lo hizo él: el 18 de marzo de 1977.
En torno a la paternidad de este bebé, que acabará llamándose Pablo como el autor, se desarrolla una trama en la que participarán, de una forma u otra, los seis protagonistas de la novela. Estos personajes, cuyo peso en la obra y labor como narradores son parejos, están, a su vez, ordenados por parejas. Por un lado, tenemos a una sagaz y valiente niña y a un veterano galgo de carreras; por otro, a un empresario perteneciente a la burguesía barcelonesa y a su difunta madre, que comenta la acción desde un cuadro en la pared; y, por último, a una joven estudiante de periodismo y a su amante: un profesor muy comprometido políticamente.
Si no fueran suficientes estos seis narradores, siete si contamos la segunda persona mediante la cual conocemos las primeras horas del bebé, la estructura temporal es también compleja. La acción transcurre de manera cronológica y abarca completas las veinticuatro horas de ese 18 de marzo del año 77; además, cada personaje se va sucediendo en la labor de narrador interno, relatando lo ocurrido en presente. Si bien esta complejidad estructural lastra en algunos momentos la novela, se detiene demasiado en la madrugada, el autor logra que la acción avance con fluidez a pesar de la multiplicación de narradores y de la peculiaridad del tiempo del relato.
Esta complejidad que posee Tuyo es el mañana se observa también en el retrato del momento histórico: son muchos y diversos los temas que se tratan. Desde las manifestaciones estudiantiles, hasta el acoso escolar, pasando por la apertura en materia sexual y la adaptación de la burguesía a la incipiente democracia. 1977 fue un año de muchos cambios en España y los personajes de la novela ven sus vidas sacudidas por algunos de ellos. Si bien el retrato de la Transición no es el objetivo primordial del autor, es un telón de fondo importante que ocupa un segundo plano frente a la historia principal, este mosaico de personajes y ambientes distintos que es el libro es bastante eficaz a la hora de conocer la España, y también parcialmente Italia, de la época.
Esta complejidad, en la composición que no en la lectura, que es la marca de la novela como estamos comprobando, se observa también en el cuidado por el lenguaje. El autor elige con esmero el léxico utilizado por cada personaje, que responde a su edad, clase social y a la época en la que viven. Este es un detalle más de la habilidad, casi de orfebre, que ha demostrado Pablo Martín Sánchez al escribir esta interesante novela ambientada en la Barcelona de la Transición.
Reseña publicada en El Noroeste:


lunes, 16 de enero de 2017

La trayectoria de los aviones en el aire - Constanza Ternicier


La trayectoria de los aviones en el aire, Constanza Ternicier, Comba, 2016, 206 págs, 15€.

La escena elegida por un autor para ser ubicada al comienzo de una novela es una de las decisiones más importantes que ha de tomar a la hora de escribirla. El inicio de todo relato, más aún si estamos ante un cuento o un microrrelato, marca el paso del resto y debe enganchar al lector o, al menos, intrigar a ese tipo de receptor perezoso que abandona los libros que no lo atrapan en unas pocas páginas. Por eso, el primer acierto de Constanza Ternicier en La trayectoria de los aviones en el aire, la segunda novela de esta narradora chilena, es el inicio; las primeras líneas del libro nos describen el despertar de Amaya, la protagonista, del coma.
Este episodio impactante es, como parece obvio, axial en la historia narrada, ya que va a dividir en dos la vida de la joven chilena que es el personaje principal de la novela. Lo sucedido en los días inmediatamente posteriores se irá narrando de manera cronológica y detallada en el libro, mientras que su vida previa y, especialmente, el brote psicótico que la llevó al hospital, aparecerán de manera fragmentaria y desordenada. Amaya, y con ella el lector, irán descubriendo poco a poco que se encuentra en un hospital de Londres, ciudad a la que había ido de visita desde Barcelona, donde residía, y que está acompañada por sus padres, que cuidarán de ella antes de poder volver a Chile.
La lenta recuperación de Amaya provocará una regresión en la familia, que hará que sus padres, divorciados desde hace años, vuelvan a estar juntos y que ella sea de nuevo una niña desvalida que necesita el apoyo de sus progenitores para salir adelante. Además de estos tres personajes presentes en la clínica londinense, el otro actante fundamental en la historia es Aleix, el compañero de piso de la chica en Barcelona, con quien mantenía una relación ambigua, entre la amistad y el amor, afectada por las enfermedades de ambos (él sufre terribles migrañas) y la distancia.  
El relato, que avanza con la lentitud propia de las rehabilitaciones de los enfermos graves, se ubica en casi su totalidad en el hospital inglés de Charing Cross. Desde la mirada irónica de Amaya, se nos descubre un microcosmos muy particular habitado por diligentes médicos, enfermeras solícitas y un cariñoso cocinero oriental que no deja de traerle galletas y té. Este entorno acogedor y lleno, según la a veces alucinada imaginación de Amaya, de personas de ojos azules, contrasta con las clínicas chilenas y, por extensión, todo el país natal, descrito casi siempre desde una perspectiva negativa.
También destaca La trayectoria de los aviones en el aire por la variedad discursiva que encontramos en sus páginas y que ofrece una perspectiva múltiple de la historia de Amaya. Por un lado tenemos al narrador principal, que alterna capítulos en segunda persona, más cercanos a la protagonista, con otros en la habitual tercera persona. Por otro, encontramos fragmentos del diario que lleva el padre de Amaya mientras su hija está internada y que ella le roba en un descuido. Además, las canciones que va escuchando la protagonista, al menos una por cada capítulo, adquieren importancia en la historia.
Con todo ello construye Ternicier una novela interesante y profunda que retrata algunas de las obsesiones de su generación (la emancipación, el amor, la relación con su país) a partir de una experiencia traumática. 
Reseña publicada en El Noroeste:

domingo, 25 de diciembre de 2016

Las margaritas no tienen la culpa - Teresa Mateo




Las margaritas no tienen la culpa, Teresa Mateo, Balduque, 2016, 60 págs., 10€.

Existen numerosos ejemplos de que la Literatura es algo vivo, un ente heterogéneo que muta de piel con los tiempos y que sabe adaptarse a la sociedad en la que se desarrolla. Uno de estos casos es el de la rehabilitación que ha sufrido el aforismo en los últimos años gracias, principalmente, a Twitter. Hace apenas una década el aforismo era un género alejado del gran público, con cierto aroma a naftalina y al que muchos definían como acabado. Sin embargo, el nacimiento de una red social que limitaba los mensajes a 144 caracteres impulsó que muchos usuarios, la mayoría de los cuales jamás habían oído hablar del aforismo, comenzaran a escribir breves sentencias o reflexiones que actualizaban el género cultivado por Lichtenberg. Entre esos tuiteros ha destacado Teresa Mateo, la autora de Las margaritas no tienen la culpa.
Porque este libro selecciona trescientos de los tuits más ingeniosos de una usuaria que ha conseguido enganchar a casi treinta mil personas a su particular manera de condensar la realidad. Sin una ordenación aparente, el lector va descubriendo página a página el ingenio de la autora, que crea un mundo muy particular en el que la realidad está vuelta del revés y donde nada es lo que parece. Obliga así al lector a replantearse algunas de sus creencias mediante unos juegos de palabras en los que son habituales los sentidos literales de las frases hechas y el uso de la polisemia para crear una nueva perspectiva del lenguaje y de la vida.
Pero, ¿son aforismos los trescientos textos que integran este volumen? Si somos exactos la respuesta debería ser negativa, pero la Literatura nos ha enseñado a que los límites genéricos sirven para poco. Por eso creo que los 300 tuits recogidos en Las margaritas no tienen la culpa son los aforismos que escribiría una persona como Teresa Mateo. Es decir, una autora de 32 años, joven aún para los cánones literarios, que también cultiva la poesía, hace apenas un año apareció su poemario Cuando nos repartimos los bares (2015), y que escribe para publicar en Twitter. Este medio es el que ha provocado algunas de las características que encontramos en el libro de esta autora murciana: inmediatez, ingenio, brevedad y, este ya es un rasgo de su estilo, sentimentalidad.
Porque los aforismos (porque lo son, ¿no?) de Teresa Mateo no se quedan en la simple pirueta lingüística, sino que nos dejan entrever rasgos de la forma de ser de la autora. Si bien no de manera tan directa como ocurre con los poemas, una lectura de Las margaritas no tienen la culpa nos deja traslucir los problemas, las obsesiones, los afectos y los ideales de la autora. Se configura así el volumen como una especie de mosaico que, mediante trescientas teselas, nos acaban por descubrir una personalidad enamoradiza, idealista, un poco despistada y muy socarrona. Yendo un poco más allá, podríamos incluso vislumbrar los ecos de una ruptura amorosa en estas pequeñas rendijas a los sentimientos de Teresa Mateo que son algunos de los textos del conjunto.
Se trata, por lo tanto, de un libro que nace al albur de su tiempo y que puede ser degustado en pequeños tragos para centrarse en el sabor individual de cada uno de los aforismos o de golpe para percibir ese mosaico que se dibuja al unir los fragmentos.
Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 11 de diciembre de 2016

Vosotros, los muertos - Ginés S. Cutillas


Vosotros, los muertos, Ginés Cutillas, Cuadernos del Vigía, 2016, 101 págs., 14€.

Una de las particularidades del microrrelato, género peculiar en muchos aspectos, es su necesidad de impactar al lector. La famosa teoría de Julio Cortázar de que el cuento gana por K.O. se lleva al paroxismo en este hermano pequeño del relato, que posee apenas unas líneas para remover al receptor del texto. Por ello, muchos de los rasgos de la minificción están asociados a ese fin y existen temas que funcionan mejor que otros en estos parámetros textuales. Entre los que mejor acomodo encuentran está la presencia de la muerte, con sus múltiples variantes, de algún personaje. Se trata de un hecho trascendental, pero, a la vez, cotidiano  que desde siempre ha obsesionado al ser humano. En el caso concreto del microrrelato,  algunos de los mejores representantes del género han publicado libros en los que el tema de la muerte está muy presente; a los nombres de Max Aub, y sus Crímenes ejemplares, y Fernando Iwasaki, con Ajuar funerario, podemos unir el de Ginés Cutillas, que entra por derecho propio en esta selecta nómina con Vosotros, los muertos.
En Vosotros, los muertos encontramos diversas variantes sobre ese tránsito entre la vida y el más allá. Hay muertes alegres, “That`s life”; conciencia tras la muerte, “De lo efímero de los rectángulos azules”; extrañas personificaciones de la parca, “Desubicados”; personajes que se burlan de los fallecidos, “Interroguen al sepulturero”; decesos en pleno acto sexual, “La petite mort”; agobiantes descripciones del Más Allá, “El légamos del Hades”; resurrecciones por las que hay que pagar, “El negocio”; o asesinatos inesperados, “Asuntos de familia”. El libro es un amplio catálogo de las distintas maneras que tiene el ser humano de enfrentarse a la muerte y de las insospechadas formas que ésta le puede sobrevenir.
El autor incluye, además, alusiones a algunos de los grandes del género, reconociendo así la deuda contraída con estos referentes; destaca el homenaje a Borges, cuyo nombre de pila se le otorga al bibliotecario de “Recuerdos”. También encontramos lo que el propio autor define como una “micronovela policiaca en veinte capítulos y un epílogo”; se agradece la audacia de Cutillas de intentar dar una vuelta de tuerca al género, si bien el resultado no se encuentre entre lo mejor del libro. Entre los que sí están entre los microrrelatos más destacados del conjunto, que no escasean, podemos citar dos muy diferentes en cuanto a extensión: “El último hombre”, uno de los más largos y redondos, y “Terermoto”, un divertido juego de palabras de apenas un par de líneas.

 Cutillas nos ofrece una obra sólida y de gran interés, un excelente libro de minicuentos, algo no tan sencillo de lograr como la brevedad del género podría hacer pensar. Los autores de libros de minificción caen con demasiada frecuencia en el uso de trucos evidentes, en repeticiones de tono o estilo o en  la acumulación casi infinita de textos,  haciéndole un flaco favor al género, que, por culpa de estas publicaciones fallidas, parece que no resiste la repetición en un volumen de demasiados minicuentos del  mismo autor.  Pero Ginés Cutillas demuestra que conoce muy bien el género, al que le acaba de dedicar el ensayo titulado Lo bueno, si breve, etc. (2016), y evita esos errores en uno de los mejores libros de microrrelatos que se han publicado en España en los últimos años. 
Reseña publicada en El Noroeste. 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Nefando - Mónica Ojeda


Nefando, Mónica Ojeda, Candaya, 2016, 206 págs., 16€.
 Es difícil para la Literatura acercarse a ciertos temas escabrosos desde la ficción. Entre estos temas tabúes tan delicados de tratar en una novela, o en cualquier otra manifestación artística, está, por supuesto, el abuso sexual a menores y la pornografía infantil. Se trata de una de las peores violencias que se pueden ejercer sobre otro ser humano, ya que dejará huellas indelebles en la víctima, y  son pocos los autores que lo tratan en sus obras. Por ello, lo primero que hemos de agradecer a Mónica Ojeda es la valentía que ha demostrado a la hora de incluir en Nefando, la segunda novela de esta joven autora ecuatoriana, el abuso a menores y el uso pornográfico de las grabaciones de estos actos.
Pero ese valor al sobreponerse a la autocensura no deja de ser un atributo personal de la escritora y no justifica la recomendación de una obra que posee muchos más valores además del de tratar este espinoso asunto. Y es que estamos ante una novela notable, un puzzle que mezcla estilos, tonos, lugares, temáticas, discursos y personajes muy diferentes para acabar conformando una obra sólida que despierta el interés del lector sin darle casi tregua. Se trata de un relato, lo advertimos, no apto para todas las sensibilidades, ya que aún sin caer nunca en el morbo retrata con crudeza algunos comportamientos deleznables del ser humano.
El eje central de la trama, junto con una novela erótica protagonizada por tres adolescentes con comportamientos de lo más depravado, es la creación, por parte de tres jóvenes hermanos ecuatorianos que viven en Barcelona, de una especie de aventura gráfica digital en la que incluyen un vídeo de los abusos sexuales que sufrieron siendo niños. Los hermanos Terán serán ayudados en la creación de este videojuego tan peculiar por El Cuco, un joven hacker español con el comparten piso. A través de él podrán incluir Nefando, que así se llama el proyecto, en la Deep Web, ese espacio de la Red donde apenas hay leyes y donde todo parece estar permitido. Los tres hermanos parecen tratar esos terribles abusos que sufrieron por parte de su padre con cierta frialdad, como muestra que aún mantengan contacto con su progenitor.
Ojeda pone en juego aquí los diversos matices que aparecen cuando una experiencia tan terrible ocurre dentro del hogar: la imposibilidad de dejar atrás el pasado, la responsabilidad de la madre por no detectar lo que ocurría, el derecho de los niños abusados (cuando crecen) de difundir las aberrantes imágenes que protagonizan, etc. Acierta al huir de maniqueísmos al tratar un tema tan complejo como es el abuso a menores y crea con los hermanos Terán unos personajes poliédricos, que mantienen unas relaciones confusas con sus compañeros de piso, con sus padres y entre ellos mismos. Lo hace, además, mediante la ausencia de un narrador omnisciente, ya que conocemos la historia de Nefando principalmente mediante entrevistas que un personaje desconocido va realizando a los tres compañeros de piso de los hermanos, El Cuco, Iván y Kiki, que ofrecen visiones complementarias pero parciales de la historia de los Terán. Sólo escuchamos la voz de los hermanos en el fragmento más duros de la novela, en el que Emilio Terán describe en primera persona los abusos sexuales que sufrió junto a sus hermanas. Son apenas nueve páginas, pero muestran de nuevo esa crudeza que hace de Nefando una novela incómoda pero necesaria.
Reseña publicada en El Noroeste. 

domingo, 13 de noviembre de 2016

Las transiciones - Vicente Valero


Las transiciones, Vicente Valero, Periférica, 2016, 116 págs., 15€.

Dueño de una sólida trayectoria poética, el escritor ibicenco Vicente Valero debutó hace un par de años en la narrativa con un libro más que interesante: Los extraños (2014). Tras la buena acogida que tuvo aquella novela, Valero publicó hace unos meses la que podemos considerar en muchos aspectos su continuación: Las transiciones. En ambas, la ficción se mezcla con los recuerdos, propios o ajenos, hasta convertir el relato en un híbrido donde es difícil saber qué hay de real y qué de inventado. Si en su primera novela, Valero narraba las vidas de varios familiares lejanos, esos “extraños” a los que el título hace referencia, en esta nueva obra es su grupo de amigos el núcleo que protagoniza la novela.
Y digo “su” porque tanto las fechas como el espacio, la isla de Ibiza, provocan que el lector identifique con facilidad al narrador con el autor. A pesar de ello, y como es habitual en este género tan propio de nuestra época como es la autoficción, debemos olvidar durante la lectura las coincidencias con la biografía del autor y disfrutar un breve pero intenso relato sobre dos transiciones que se superponen.
La primera de ellas es la política, la Transición entre el Franquismo y la monarquía parlamentaria, que se dio en España durante los años 70 y que llegó a la pequeña Ibiza de aquella época de manera un tanto amortiguada. Son años en los que la burguesía de la ciudad, a la que pertenecen los jóvenes protagonistas de la novela, vira sin complejos y en apenas unos años del respeto hacia el dictador al entusiasmo por la democracia. Estos personajes se reúnen en el casino primero para asistir endomingados a la retransmisión televisiva de los funerales del dictador y después para preparar las elecciones. Entre ellos destaca don Alfonso, el abuelo de uno de los protagonistas, que tiene a lo largo de su vida una curiosa relación con la figura de Franco.
Si esta Transición se sitúa como telón de fondo de la novela, la que de verdad protagoniza el relato es la que sufren, durante esos mismos años, el narrador y sus amigos Julio, Antonio e Ignacio. Se narran en el libro las últimas travesuras infantiles y los primeros ritos de iniciación a la juventud, en una adolescencia que acabará separándolos y marcando su futuro. Asistimos a los primeros enamoramientos, destaca el del narrador con Amelia, al descubrimiento de la pornografía y a las reprimendas de los estrictos profesores del colegio religioso al que asisten. El paso de los años irán mellando la unidad del grupo y haciendo que elijan caminos distintos.  
Los recuerdos desordenados de los acontecimientos más importantes de esta época se van insertando en la historia marco: la del entierro de Ignacio, fallecido a los treinta y tres años tras una sobredosis. En este luctuoso día, el narrador se encontrará con Antonio y Julio, junto a los que irá reconstruyendo los hechos más significativos de su adolescencia y homenajeando así a Ignacio.
Siguiendo la estela de Los extraños, Vicente Valero emplea la memoria de tiempos pasados como motor narrativo de una historia de nostalgia serena que muestra los efectos del paso del tiempo en esas amistades que parecen eternas durante la infancia. 

Reseña publicada en El Noroeste.