jueves, 15 de febrero de 2018

Palos de ciego - David Torres



Palos de ciego, David Torres, Círculo de Tiza, 2017, 270 págs., 22€.

La mayoría de novelas o ensayos poseen un tema central sobre el que los autores construyen su discurso. Por supuesto, existen muchas obras literarias en los que se tratan diversos asuntos, pero incluso en estas suele sobresalir uno o existe una relación estrecha entre ellos que le otorga homogeneidad al conjunto. David Torres opta, sin embargo, por partir en Palos de ciego de dos historias muy diferentes que conviven a lo largo del libro como dos caminos paralelos.
El primero de estos asuntos tiene un origen histórico pero acaba adquiriendo, por cómo obsesiona al autor durante años, en un tono personal. Se trata de un episodio citado en una biografía del músico ruso Shostakóvich y del que, fuera de ese libro y de unas pocas referencias más, apenas se conocen detalles: la matanza en la ciudad ucraniana de Járkov de un número indeterminado de músicos ciegos durante la época de las grandes purgas estalinistas. Este suceso se convierte debido a su simbolismo (supuestamente el régimen quería acallar el sentimiento nacionalista en Ucrania), a su patetismo y al misterio sobre cómo, cuándo e incluso sobre si de verdad sucedió en acicate para que Torres sintiera que debía escribir un libro.
Sin embargo, y a pesar de recopilar mucha información sobre el episodio en concreto y sobre el estalinismo y su obsesión por el control de los músicos, el autor decide abandonar el proyecto que llevaba por título Borrón. Lo curioso es que en Palos de ciego, título que hace referencia al camino errático de Torres en la confección de la novela sobre la matanza de Járkov, encontramos no sólo ese proceso de preparación de Borrón, sino fragmentos del texto y comentarios sobre sus protagonistas. Mediante esta singular técnica, el libro que tenemos en las manos se convierte en una especie de palimpsesto en el que aún se percibe el relato que Torres desechó.
El otro episodio que estructura el relato posee, al contrario que la matanza de Járkov, un origen personal que tiende hacia lo colectivo. Consiste en el fallecimiento, con sólo un día de vida, del hermano mayor del autor en una clínica madrileña en la que se solían robar bebés para entregárselos a familias de clase adinerada. Aunque en el caso concreto de la familia de David Torres parece claro que el niño, llamado del mismo modo que el escritor, sí que falleció, se nos presenta uno de los hechos más turbios del pasado reciente de España. Esta tragedia familiar le da pie al autor para recopilar anécdotas de carácter personal sobre su infancia y sobre su relación con su hermano pequeño y con sus padres.
Como vemos, se trata de una obra con una estructura parecida a la de una matrioshka en la que dentro de una historia personal encontramos un episodio histórico que, a su vez, se convierte en novela incompleta. El problema viene con la débil relación que existe entre las dos historias centrales del libro, la matanza de ciegos y el fallecimiento del hermano, que no terminan de confluir a lo largo de la obra. Torres es consciente de ello y al final del texto defiende una teoría sobre la relación entre ambos que no termina de convencer. Sin embargo, esta tara no es óbice para admitir que estamos ante una obra estupenda, original, poliédrica y en el que palpita en cada línea la pasión del autor por narrar. 



miércoles, 31 de enero de 2018

El jinete de la tormenta - Darío Lozano



El jinete de la tormenta, Darío Lozano, Boria, 2017, 410 págs, 16€.

La bibliomanía es esa dolencia caracterizada por una atracción casi obsesiva por la lectura de libros. Se suele desarrollar en la infancia o en la adolescencia y normalmente afecta al individuo que la padece hasta el final de sus días. La han sufrido grandes escritores como Cervantes, que confesaba que leía cualquier papel que se encontraba por la calle, muchos bibliotecarios o profesores de literatura, que han pretendido calmar esta enfermedad gracias a su profesión. Y también la sufren los tres protagonistas de El jinete de la tormenta, primera novela publicada por el madrileño Darío Lozano.
El primero de ellos, Víctor, tiene la lectura como uno de los pocos alicientes de su triste vida de recepcionista nocturno. Se evade de su decadente relación con su esposa leyendo cómics y, especialmente, las novelas protagonizadas por una especie de James Bond hispano apellidado Crusat y creado por un famosísimo pero esquivo escritor que se esconde bajo el pseudónimo de Ricardo Espaldier. Gracias a una serie de carambolas del Destino, actante fundamental en esta historia según Víctor, que ejerce de narrador, el recepcionista se hace amigo del escritor al que idolatra, de nombre real Esteba, y del que poco a poco, en encuentros tan casuales como espaciados el tiempo, va conociendo su turbulenta vida.
Esteban es el segundo de estos bibliómanos que protagonizan la trama de El jinete de la tormenta. El éxito conseguido gracias a las novelas del espía Crusat no han servido para calmar una serie de inseguridades que nacen de una terrible infancia que lo ha llevado a vivir una vida turbulenta. La enseñanzas de Ludovico, un señor italiano que se convirtió en su verdadero padre, lo llevaron a amar la Literatura, que ya se había convertido en una escapatoria mental en sus duros años infantiles, y a escribir sesudos ensayos filosóficos que, muy a su pesar, no alcanzan la difusión y las ventas de esas novelas de las que él abomina.
Esteban pretende repetir con Erika, otra niña de infancia dura, la labor que Ludovico realizó con él. Y aunque consigue que comparta con él su obsesión por los libros, el carácter volcánico de ambos acaba por convertir torcer la relación entre la chica y su benefactor.
Con estos tres personajes principales, Darío Lozano crea una novela desenfadada, que alterna episodios lúgubres, los narrados por Esteban y por Erika, con otros más irónicos, los que cuentan la vida Víctor, con un humor que a veces es demasiado basto. En estas partes relatadas por el recepcionista son frecuentes los juegos de palabras que si bien muestran el carácter tragicómico del personaje, no están a la altura del resto de la obra.
En torno a este trío principal, pareja, ya que Víctor aparece más como testigo de la historia central que como protagonista, Lozano crea una amplia galería de personajes secundarios que destacan, en su mayoría, por su patetismo. Además de ese amor por los libros, en la novela encontramos otros temas como las difíciles relaciones paterno-filiales, las consecuencias de las adicciones, el ansia de fama de algunas personas, las diferencias entre la buena literatura y la literatura de consumo y frecuentes referencias a la cultura popular, especialmente al cómic.

Reseña publicada en El Noroeste. 


sábado, 20 de enero de 2018

Amores malsanos - Teresa Vicente



Amores malsanos, Teresa Vicente, La Fea Burguesía, 2017, 138 págs., 10€.

Siempre me han causado respeto los autores que teniendo una dilatada trayectoria en un género literario publican un libro perteneciente a otro. En el mundo de la literatura es muy difícil abrirse hueco y que lectores, críticos, editores y libreros conozcan un nombre y lo asocien a una manera de escribir. Por eso aquellos escritores que han recorrido ese a menudo tortuoso camino en un género determinado y que, una vez asentados en él, deciden debutar en otro distinto me parecen unos verdaderos valientes. Esto es lo que ocurre, en cierta medida, con Amores malsanos, el primer libro de cuentos de la murciana Teresa Vicente.
Si bien Vicente no es una autora de primer nivel nacional, sí que había ido haciéndose hueco durante los últimos años en el panorama poético de la Región de Murcia. Tras tres poemarios y una plaquette en los últimos seis años, una obra lírica, por lo tanto, ya enjundiosa, esta escritora ha decidido aventurarse a lanzar al mercado su ópera prima narrativa. Amores malsanos es una colección de doce cuentos que, en su mayoría, tienen como nexo la pasión amorosa desde un punto de vista alejado de los “cánones” más tradicionales. Lo que gran parte de la sociedad vería como “desviaciones”, los protagonistas de estos relatos lo viven entre el placer y los remordimientos.
Así, encontramos personajes como el bello protagonista de “El carnicero”, que entiende la prostitución como una manera de devolver a sus semejantes esa belleza que, por razones que acaba confesando, lo martiriza. El incesto sería el tabú que anida en la familia de “Biblis y Cauno”, una historia con ecos mitológicos que narra la pasión imposible entre dos hermanos. En “El colombófilo” encontramos a un marido tan profundamente enamorado de su mujer que acepta su infidelidad con tal de seguir junto a ella; este amor sin medida también va a determinar el final del hombre. La pasión alcanza su mayor grado de perversión en “Actos de amor”, relato en el que un sueño descubre a Javier el tipo de relación sexual que más lo excita.
Encontramos también relatos mucho más entrañables, como el que narra la tierna pasión entre dos jóvenes estudiantes universitarios cuya amistad va poco a poco convirtiéndose en amor. En “Tía Úrsula”, el más breve del conjunto, el tema que se desarrolla es la imposibilidad de un matrimonio de tener hijos. Entro los más desenfadados y divertidos podemos citar “El secreto”, en el que un ciego coquetea con dos chicas a cuenta de su imposibilidad de imaginarlas físicamente. Por su parte, “El segundo alimento del cuerpo” tiene un tono casi detectivesco, ya que acompañamos la investigación del protagonista hasta dar con el desconocido autor de un famoso libro erótico.
El resto de cuentos del conjunto se alejan de esta temática amorosa y pasional y se acercan a la leyenda, ya que introducen elementos maravillosos. Es el caso de “Eliodora, Dora”, ubicada en Caravaca de la Cruz, o de “Crónica de los siete durmientes de Éfeso”, que nos lleva a tierras del Mediterráneo Oriental. También introduce lo imposible, pero en un contexto más cercano a lo fantástico, el relato más extenso y, creemos, más conseguido del conjunto: “Alas prestadas”. Se trata de un cuento que aúna la ciencia ficción y una reflexión sobre la paternidad y las posibilidades que ofrece la ciencia a la evolución humana.

Reseña publicada en El Noroeste:


domingo, 14 de enero de 2018

Muro de las lamentaciones - Rubén Castillo



Muro de las lamentaciones, Rubén Castillo, Baile del sol, 2017, 172 págs., 10€.

Existe un concepto en la Teoría Literaria de extraño nombre y definición confusa que, sin embargo, ofrece numerosas posibilidades a los escritores. Me estoy refiriendo a la “intertextualidad”, término que alude a las relaciones entre un texto literario y otro previo. En la práctica, y acotándolo un poco, consiste en las parodias, homenajes o referencias a una obra literaria previa que existan en un nuevo texto. Rubén Castillo emplea con habilidad y oficio narrativo las posibilidades que ofrece esta técnica en varios de los cuentos de Muro de las lamentaciones.
Este grupo de relatos intertextuales dosifican la información relativa al personaje literario o histórico y, a menudo, no somos conscientes de la referencia hasta las líneas finales. Además, el autor permite que los lectores que no conozcan la alusión disfruten igualmente de los cuentos, ya que se trata de narraciones independientes, con su propia trama, en las que la lectura intertextual enriquece la recepción pero no es fundamental para entender la historia.
“Cartas de Wendy” es el primero de los textos de este grupo; ubicado en el Berlín del final de la Segunda Guerra Mundial, se completa con una alusión al escritor Franz Kafka. El subtítulo de “El último caballero andante” ya adelanta la naturaleza que posee el relato: “Un divertimento cervantino”. Por su parte, en “Guillermina” la referencia a Neruda sólo aparece justo al final del relato. El grupo de relatos intertextuales se completa con “Las lágrimas de Gontard”, que da voz al banquero de cuya mujer se enamoró el poeta Hölderlein, y con “Si me mirara”, donde una tímida dama se enamora desde la distancia de un hombre que se identifica con uno de los heterónimos de Pessoa.
Pero Muro de las lamentaciones es mucho más que un juego de referencias literarias que el lector debe averiguar; si por algo destacan estos catorce cuentos de lectura absorbente y estilo ágil, es por su variedad. “En la cinta transportadora” y “Sábados alternos” comparten protagonistas similares, dos mujeres de mediana edad, pero que viven situaciones opuestas. Mientras que la primera vive atrapada en un trabajo duro y mal pagado y en la rutina familiar, la segunda es una mujer de negocios muy independiente.
El inexorable paso del tiempo y la frustración que provoca en algunas personas que se dan cuenta de que se han dejado arrastrar por él son sentimientos compartidos por los protagonistas de “Blas”, que recuerda episodios de su añorada infancia, y de “La soledad de pájaro dodo”, en el que se traza un paralelismo entre esta ave desaparecida y un gris guardia de un pueblerino museo británico. Esta frustración, que en los anteriores es secundaria, adquiere protagonismo en el impactante final de “El hombre de los zapatos color corinto”. “Estirpes” relata la ancestral enemistad entre dos familias que han ido heredando de generación en generación el odio mutuo que se profesan. Por su parte, “Alucinaciones” puede encuadrarse dentro de la narrativa fantástica, mientras que “Dos cuentos para que usted los escriba” posee una naturaleza metaliteraria.
Mención aparte merece “La división Keeler”, el mejor texto de la colección en mi opinión. Con una profundidad mayor que en el resto de relatos, el narrador acompaña a Ernesto durante una madrugada en la que reflexiona sobre su poco exitosa carrera de escritor y sobre las consecuencias de su decisión de romper con su esposa para irse a vivir con una chica mucho más joven. 

Reseña publicada en El Noroeste.


domingo, 7 de enero de 2018

Hermano de hielo - Alicia Kopf



Hermano de hielo, Alicia Kopf, Alpha Decay, 2016, 256 págs., 20€.

Cada cierto tiempo aparecen iluminados en la Literatura que anuncian con gran boato el fin de la novela. Abogan por dejar atrás un género que consideran apolillado y que podía responder a las necesidades narrativas del siglo XIX, pero que no puede encerrar en su monotonía el vibrante y acelerado siglo XXI. Sin embargo, pasan los años y siguen apareciendo novelas que logran reflejar las cuitas del hombre contemporáneo, demostrando la capacidad de adaptación de este género que lo mismo sirve para definir monumentos como el Ulises como para agrupar en los centros comerciales los best sellers más tópicos.
A pesar de ello, la validez incuestionable de la novela, se agradecen que los nuevos tiempos traigan libros como esteHermano de hielo que se alejan de los formatos tradicionales para proponer un discurso novedoso y heterogéneo. Como un rompehielos que atraviesa los límites de los géneros, el segundo libro de Alicia Kopf transita por las llanuras del ensayo, sube las cotas heladas del diario más descarnado y termina en las costas de la literatura de viaje.
El libro comienza, tras ofrecer en uno de los primeros capítulos un texto un tanto confuso y metafórico que no termina de encajar con el resto de la obra, como una investigación sobre la historia de las expediciones polares. Este tema interesa a la autora de manera casi obsesiva durante unos años, durante los cuales va recopilando de manera desordenada libros o artículos que narran las grandes hazañas de los conquistadores de los Polos. De manera amena, documentada pero ágil, Kopf relata las razones que llevaron a estos intrépidos aventureros de principios del siglo XX a enfrentarse a las llanuras heladas de la Antártida o del Polo Norte.
Este primer tema le sirve a la autora para, de manera alegórica, introducir un segundo asunto que ha acabado dando nombre al libro: la enfermedad de su hermano. Debido a un tipo de autismo, M., el hermano mayor de Kopf, es incapaz de tomar decisiones por sí mismo y se queda “congelado” si su hermana o su madre no le dicen en cada momento lo que debe hacer. Aparecen en estas páginas el enorme trabajo que para su progenitora, separada del padre desde hace años, supone cuidar a M. o las dudas sobre su propia responsabilidad en el futuro de su hermano.
Este carácter confesional del libro, el más atractivo del conjunto, trata también otros temas personales como la rebeldía de su adolescencia, las parejas, el proceloso mundo de las exposiciones en las que Kopf participa como artista y la difícil relación con su padre y con la familia de este. Este último tema es sin duda el más duro de tratar por la autora, que usa la elipsis para evitarlo al reproducir la conversación que sobre este asunto tiene con su psicólogo. Emplea incluso la autocensura, evitando dar más datos sobre las causas de la ruptura con su padre.
El libro termina con un diario sobre un viaje en solitario a Islandia, un final lógico para un libro en el que la soledad y el hielo han estado tan presentes. Sin embargo, este periplo no ofrece a la autora la epifanía que algunos lectores esperábamos, sino que acaba convirtiéndose en uno de esos viajes anodinos con los que el turismo de masas ha logrado aplacar hasta las tierras más indómitas. 

Reseña publicada en El Noroeste.


martes, 26 de diciembre de 2017

Escuchar Irán - Patricia Almárcegui


Escuchar Irán, Patricia Almárcegui, Newcastle Ediciones, 2016, 140 págs., 6€.
 El conocimiento que, desde España, poseemos de Irán está basado en tópicos. Tópicos asociados a su ubicación geográfica, entre dos países tan marcados por conflictos recientes como son Irak y Afganistán, o a su religión mayoritaria, el Islam. Afortunadamente, la percepción general de Irán desde Occidente ha mejorado en los últimos años y ya aparece representado como un posible socio comercial. Para el lector interesado en desterrar esos prejuicios que aún subyacen en la opinión pública de nuestro país y conocer mejor al estado persa es recomendable la lectura de este Escuchar Irán de Patricia Almarcegui.
Lo primero que llama la atención, incluso antes de comenzar a leer volumen, es el perfil de su autora. Echando un vistazo a su trayectoria profesional observamos que su conocimiento de Irán y de otros países de la zona es profundo. Almarcegui colabora en varios medios de comunicación con artículos sobre la cultura y la política de la zona y es la autora de otro libro de inminente aparición que lleva el sugerente título de Una viajera por Asia Central. Además, su perfil de investigadora la ha llevado a publicar varios ensayos sobre la literatura de viaje. En Escuchar Irán se aprecia esta doble especialización y son frecuentes tanto las referencias a la Historia de Persia como a los principales teóricos sobre la narrativa viajera.
A pesar de que esta vertiente ensayística aparece a lo largo de toda la obra, el libro no es una obra fría que analiza de manera meramente teórica la realidad del país; Escuchar Irán es, ante todo, la narración del viaje que Almarcegui realizó durante varias semanas a Irán en el verano de 2005. Este periplo por varias de las ciudades más turísticas del país tuvo dos características que determinan la naturaleza del libro. La primera es la distancia temporal, una década, entre el viaje y la publicación de la obra; la segunda es el hecho de que la autora realizara gran parte del itinerario en solitario.
Viajar sin compañía no es un hecho que llame la atención en Europa; pero el  que una mujer occidental recorra a solas un país islámico como Irán provoca situaciones de distinto cariz que Almarcegui refleja en el libro. Algunos de los iraníes con los que se encuentra le expresan la perplejidad que les provoca el tipo de viaje que está realizando. En algunas ocasiones, cree que algunos hombres la siguen por la calle, sensación que comparte con las mujeres autóctonas con las que charla. Esta cercanía con las chicas que se le acercan en cualquier ciudad para hablar con ella es el lado positivo de viajar sola. Estas conversaciones y la experiencia propia dan a varios pasajes del libro un carácter feminista que busca romper con muchos tópicos asociados a la mujer tanto en Oriente como en Occidente.
Los diez años que han pasado desde el viaje permiten a la autora ofrecer una perspectiva más amplia de lo que significó para ella. Enriquece las reflexiones del presente con fragmentos del diario que llevó durante su periplo y que nos muestran las sensaciones más personales de la experiencia vivida. Consigue Almarcegui, en su relato desprejuiciado aunque nada edulcorado de la realidad iraní, prender en el lector el deseo de conocer mejor el país. 

martes, 19 de diciembre de 2017

Hombre sin fin - José Manuel Jiménez


domingo, 3 de diciembre de 2017

Palabras y café con escritores - Pascual García


Palabras y café con escritores, Pascual García, MurciaLibro, 2017, 340 págs., 15€.

Existe un tipo de lectores para los que la lectura de un libro no es suficiente y se interesan por volúmenes que comentan, con mayor o menor profundidad, obras literarias. Para estos lectores deseosos de conocer mejor el perfil de autores importantes de las letras españolas de las últimas décadas está pensado Palabras y café con escritores, el último libro de Pascual García.
         El autor de Moratalla, poeta, narrador y profesor de Literatura, ofrece a esos “letraheridos” que gustan de indagar en la vida y en la forma de entender sus libros de sus autores preferidos una serie de entrevistas en las que se repasan aspectos esenciales de sus trayectorias vitales y librescas. Se trata de conversaciones cercanas en las que García mezcla con agilidad las reflexiones propias sobre las principales obras del autor entrevistado con las propias palabras del escritor. El libro se lee así con gusto, ya que esquiva tanto la reflexión demasiado profunda y morosa como el mero intercambio superficial de palabras.
         Aunque entre la veintena de autores entrevistados hallamos algunos nombres de otras partes de nuestro país, como Luis Alberto de Cuenca, Antonio Soler o Blanca Andreu, el libro se configura como un panorama de las últimas décadas de la literatura murciana. Como todo canon, el de Pascual García es personal y subjetivo, pero en él hallamos algunos de los nombres más importantes de las letras de esta región nacidos antes de 1966. La cercanía con la que trata a la mayoría de los entrevistados nos muestra el deseo del autor de centrarse en aquellos escritores que han sido importantes en su carrera literaria e investigadora por ser sus maestros o sus compañeros de generación.
         Entre las conversaciones más destacadas del libro podemos citar la del poeta Ángel Paniagua, una de las de mayor profundidad, ya que nos habla de sus inquietudes, sus inseguridades y sus remordimientos. La de Soren Peñalver es, por su parte, un tanto deshilachada, ya que refleja el carácter un tanto excéntrico de este poeta murciano. Algunos de los interlocutores son amigos íntimos de Pascual García, lo que se nota en la fluidez de la conversación; es lo que ocurre con Rubén Castillo, que cuenta su obsesión por la Literatura y como la escritura es para él un destino, o José Cantabella, de vocación más tardía que la mayoría de los autores.
También destacan, aunque por razones opuestas, las conversaciones con García Montalvo y con Luis Alberto de Cuenta; mientras que la primera es la más larga y detallada del libro, la del poeta madrileño se encuentra entre las prescindibles por la desgana que muestra el entrevistado.       
         En otras charlas García demuestra su agudeza en el análisis de la obra de los autores, de Eloy Sánchez Rosillo dice que es el poeta de la sencillez, o de sus caracteres, define a Manuel Moyano por su flema norteña. También encontramos en el libro el reconocimiento, que se filtra a través de preguntas llenas de respeto y admiración, a algunos de sus maestros: José María Álvarez, Francisco Sánchez Bautista o Dionisia García, tres de los poetas más veteranos y respetados de la Región de Murcia.
         Otro acierto del libro es no centrarse únicamente en literatos e incluir entrevistas a figuras importantes del panorama literario murciano que han destacado por su labor docente, Díez de Revenga o José Belmonte, sus artículos periodísticos, Antonio Parra, o por sus entrevistas, Antonio Arco. 

Reseña publicada en El Noroeste. 


domingo, 26 de noviembre de 2017

Réplica - Miguel Serrano Larraz


Réplica, Miguel Serrano Larraz, Candaya, 2017, 189 págs., 16€.

Existen libros de relatos en los que el conflicto, aquello que llama la atención del lector y lo engancha para que siga leyendo el texto, se produce por un hecho significativo. Sin embargo, los cuentos de Miguel Serano Larraz que integran este libro poseen un conflicto mucho menos evidente y llamativo; se trata de relatos sobre situaciones cotidianas que, sin embargo, impactan de manera sorda y profunda en la vida de los personajes. Esta acción de baja intensidad que, sin embargo, consigue mantener la atención del lector, me parece el principal logro de Réplica.
Y es que sus relatos están poblados de personajes comunes, pero que gracias a la profundidad que el narrador aragonés le da a esos conflictos aparentemente secundarios dejan una huella indeleble en la memoria del receptor. Giros argumentales aparentemente tan sutiles como la construcción de un centro comercial o la desaparición de un peluche le sirven a Serrano Larraz para crear historias con una tensión soterrada que, en la mayoría de ocasiones, no deja de ser una amenaza que no acaba de explotar.
Comienza el volumen con el primero de los giros a los que aludíamos, eje del relato titulado “Recalificación”, que deriva en un final abierto y casi filosófico. A continuación, en “Un tiempo muerto”, se narra un partido de baloncesto jugado por el adolescente protagonista pero despojándolo de esa épica que a menudo inunda las narraciones deportivas. En “Oxitocina”, la citada pérdida de un muñeco es el episodio central de la tierna relación entre el narrador y su sobrina. “Central”, por su parte, mezcla varias etapas de la vida de la protagonista, Sara, con un sueño sobre un tren como hilo conductor. “El payaso”, que cierra la primera sección del libro posee la estructura más cerrada de esta parte; este relato plantea las distintas interpretaciones, a veces opuestas, que se pueden hacer de un texto literario.
“La disolución” posee un receptor interno y desconocido al que el narrador le cuenta un par de historias divertidas sobre su infancia y su peculiar familia. Este tema (el mundo de los niños), recurrente a lo largo del libro, también aparece en el siguiente: “Tabla periódica”. En él, el más breve del conjunto, se recuerda el narrador recuerda la muerte de su padre por una enfermedad asociada a la radiación. “Media res” sí que posee un argumento más cercano a los relatos de intriga, relacionado con una venganza y lleno de violencia, sin embargo, Serrano Larraz huye de los tópicos del género y otorga más importancia a la estructura: dividiendo el texto en dos partes complementarias a las que llama “prótasis” y “apódosis”.
En “Azrael” las referencias literarias recuerdan el estilo de Vila-Matas, mientras que la quietud de la trama entroncan con otro autor con el que se puede comparar con Serrano Larraz: el argentino Sergio Chefjec. “La frontera” vuelve al contexto familiar, con una chica extranjera que pasa las navidades en la casa de una amiga, mientras que “Logos” se aleja del contexto realista y cotidiano del resto para ofrecer una narración en la que un ser del futuro se dirige a un lector actual para hacerle ver las incoherencias de nuestra manera de construir los relatos. “Réplica”, el relato que cierra y da nombre al conjunto, parte de un hecho curioso, el narrador es confundido constantemente con distintos personajes famosos, para disponer una reflexión sobre la identidad y un recuerdo nostálgico de la Zaragoza de los noventa. 

Reseña publicada en El Noroeste.


sábado, 4 de noviembre de 2017

La línea del frente - Aixa de la Cruz



La línea del frente, Aixa de la Cruz, Salto de Página, 2017, 175 págs., 15€.

Desde hace un tiempo aparecen con más frecuencia novelas relacionadas con el terrorismo de ETA y con el llamado “conflicto vasco”. Han surgido a raíz del cese de la actividad armada de la banda y no, como algunos han osado defender, a partir del éxito de Patria de Fernando Aramburu. La razón principal de este fenómeno reside, desde mi punto de vista, en la perspectiva que ya poseemos sobre una violencia que, por fin, podemos por fin narrar en pasado. La nueva novela de Aixa de la Cruz se une a este relato colectivo sobre lo acontecido en el País Vasco durante las últimas décadas, aunque se trata de una obra que pone en juego muchos más temas.
La protagonista, Sofía, comparte con la autora varias coordenadas vitales, es una veinteañera de Bilbao que se dedica a la investigación literaria, pero que no debemos identificar con de la Cruz. Durante los años en los que la banda terrorista estuvo activa formó parte de esa mayoría silenciosa que no se identificó con los verdugos, pero que tampoco fueron víctimas directas de la violencia. Durante toda su vida, Sofía se ha mantenido al margen del conflicto y es esa inacción, esa asepsia impuesta por los padres primero y después por ella misma, la que acaba despertando sus remordimientos cuando observa en televisión como Jokin, un antiguo novio de la adolescencia, es detenido por agredir a un ertzaintza durante una protesta. 
La exagerada condena de cárcel que sufre Jokin, víctima indirecta de la guerra judicial del estado contra el independentismo radical vasco, golpean la ordenada vida burguesa de Sofía que decide romper con su novio, reiniciar la relación con su pareja de la adolescencia y establecerse cerca de la prisión donde él cumple condena. Comienza a vivir en el piso que la familia de su madre posee en una urbanización de costa y que, durante esa época, está prácticamente vacía. Este espacio, donde Sofía apenas comparte momentos con el conserje y con un vecino toxicómano, contribuirá a su aislamiento social y a la progresiva degradación de sus costumbres, en una especie de penitencia autoimpuesta.
Otro de los temas centrales es la incomunicación. Sofía apenas logra penetrar las barreras emocionales de Jokin, que se niega a hablar de su pasado ni de la protesta en la que se enfrentó a la Ertzaintza. Sofía rellena estos huecos en la historia de Jokin creando un relato idealizado en el que él, por su valentía, es un héroe, y ella una cobarde, por su inacción. Especialmente efectivas para marcar esta incomunicación entre ambos son las transcripciones de las conversaciones urgentes e incómodas que comparten en el locutorio de la cárcel.
La historia principal del libro se complementa con la investigación que Sofía realiza en su piso: reconstruir la performance que un director teatral argentino realizó con Mikel Areilza, el escritor vasco sobre el que ella realiza la tesis. La militancia de este autor en ETA, su estancia en la cárcel y su huida de la misma, lo configuran como un precursor de Jokin, o, mejor dicho, de la imagen que ella tiene de Jokin.
Con estos mimbres crea Aixa de la Cruz una novela notable, con una visión diferente e interesante del conflicto vasco en un libro que se hace corto gracias a su estilo fluido y a que la trama secundaria, la de Areilza y el director argentino, podría haber tenido mayor desarrollo.